Ayer, 19 de julio, se cumplieron dos años de la muerte de mi padre, Rogelio Villarreal Huerta. (Benito Juárez murió el mismo día hace 132 años.) Editor en esta Ciudad de México y en Torreón, a donde volvió hace 15 años a vivir y a morir, mi padre hizo muchos buenos amigos que dejaron constancia de su paso por este mundo: Jaime Muñoz, Daniel Herrera, Gonzalo Martré, Guillermo Fadanelli, entre otros. Dejó algunos poemas y cuentos sueltos desperdigados en revistas literarias y quizá algún día mi hermano Román y yo editemos un volumen con lo mejor de las piezas que nos legó en un desordenado fardo de manuscritos.
Replicante anuncia su inminente aparición a comienzos del próximo otoño con materiales de primera calidad: Roger Bartra, Heriberto Yépez, Janet Jarman, Guillermo Fadanelli, Manuel Aceves, Clément y otros magníficos exponentes de la cultura viva de México y el mundo.
La CDHDF aún no ha resuelto sobre la estúpida acusación que hizo en contra mía por "haber sustraído información indebidamente" perteneciente a esa institución pública. Varias veces mi abogado ha ido a las oficinas de la Comisión a informarse de la resolución para encontrarse con la misma respuesta: "Estamos esperando un último informe..." Qué ganas de perder el tiempo, de desperdiciar recursos humanos y materiales. Ojalá pronto Miguel Sarre y Antonio López Ugalde se decidan a emprender el análisis de gestión de la CDHDF, tomando también en cuenta, desde luego, la situación que prevalece dentro de esa institución en relación con los empleados. Nos hemos enterado de más renuncias y despidos, además de que continúan los descuentos ilegales, el hostigamiento laboral y el bloqueo a la constitución de un sindicato. En fin, Alvarez Icaza sigue demostrando su proclividad a la simulación y al arrobo mediático. Ya se dieron cuenta de que el único diario que lo pela a lo grande es la Crónica de Hoy? -el diario del cual es presidente Jorge Kahwagi padre, el culpable de haber traído al mundo al cretinazo recién expulsado del Big Brother. La Crónica, como es bien sabido, fue fundado con capital del ex presidente Carlos Salinas. Seguiremos informando...
martes, julio 20, 2004
domingo, mayo 23, 2004
Esclavitud en el siglo XX
[En virtud de la inminente salida de Norma Lazo de la revista que dirigió durante diez años, Complot, publicamos en este sitio el artículo que publiqué en febrero de este año con la valiosa colaboración de Héctor Villarreal. Va dedicado, con mucho cariño, para Román Torres Huato, generoso y sacrificado defensor de los derechos humanos y hombre fuerte del ombudsbaby Emilio Alvarez Icaza]
El trabajo os hará libres...
I. Aquí defendemos tus derechos...
Doña Rosy trabaja de 11 de la mañana a las 7 de la tarde en una institución pública limpiando pisos, alfombras, muebles, muros, baños y vidrios, además de los trastos abandonados en mesas y fregaderos por secretarias y oficinistas fodongos. Dos sábados al mes trabaja de 11 a 3 y eventualmente también algún domingo, cuando, al menos, no tiene que servirle café a nadie. Aparenta poco más de cincuenta años, aunque quizá tenga menos, y gana 890 pesos a la quincena. Está contratada por una compañía que a su vez vende sus servicios a esa institución. Por seis años de trabajo le corresponden ya 14 días de vacaciones y quince días de salario de aguinaldo. No recibe ningún regalo de Navidad o Reyes por parte de la compañía y, cuando falta un día, se le descuentan 150 pesos, aunque no sabe explicar por qué. A pesar de algunos retrasos en el día de pago, Mary dice estar agradecida con su trabajo y que nunca ha tenido problemas con sus patrones, si bien la vigilancia y el control de la supervisora son muy estrictos (como la operación mochila, para prevenir que se robe algo o cometa un acto terrorista, seguramente).
Doña Rosy es derechohabiente del Seguro Social, pero si se enferma tiene que esperar hasta tres horas en la clínica para ser atendida. Si hay medicinas correrá con suerte, si no, tendrá que comprarlas en alguna farmacia, si le alcanza. Tiene dos hijos, uno de ellos estudia la primaria y el otro lava coches en las calles. Su marido es obrero en una fábrica de acero y jamás le ha dicho a cuánto asciende su salario -?¿Pa? qué quieres saber??-, pero le da 400 pesos quincenales, los cuales, dice, no le alcanzan para todos los gastos, ?Por eso trabajo?. Rosy viaja durante dos horas desde su casa en Tultitlán, Estado de México, al puesto de trabajo. Al regreso al hogar prepara la cena para su marido y sus hijos y, finalmente, puede descansar unas horas.
Macro Klim es una de las decenas de compañías de mantenimiento y limpieza de inmuebles en la Ciudad de México, entre otras con nombres tan ingeniosos como LavaTap, Brillolim, Clean Power, Arquilim, Prolim y Grupo Empresarial de Limpieza. En 1998 la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal lanzó la convocatoria para una licitación pública nacional para contratar a una de estas empresas. La ganadora fue Macro Klim, para la cual trabaja doña Rosy. Como se sabe, las licitaciones son adjudicadas a las compañías que hacen la oferta económica más baja con tal de ganar el contrato. Esto significa que Macro Klim es la que peor paga a sus empleados. Aun así, ha conseguido refrendar el contrato con la Comisión cinco años seguidos. ?Ante esto no podemos hacer nada?, expresó Román Torres Huato, administrador general de la CDHDF, cuando se le inquirió sobre la posibilidad de mejorar la situación laboral de esos empleados. ?Pero lo que sí podemos hacer es permitirles trabajar dos turnos, así se ayudan un poco...?
II. La esclavitud en tiempos de Fukuyama
La esclavitud tradicional se caracteriza por la compra y venta de personas como mercancías para que el propietario obtenga un beneficio por su explotación. En Sudán, donde se encuentra más extendida esta práctica, se calcula que hay entre 90 mil y 300 mil esclavos, actividad permitida pasivamente por su gobierno en un contexto de guerra, enfermedad y pobreza extrema. El precio promedio de los esclavos es de 50 dólares por cada uno, que es la cantidad que ha pagado Christian Solidarity Internacional desde 1995 para liberar a 11 mil de ellos.
Este fenómeno no es ajeno a México. En Juanacatlán, Guerrero, donde hay niñas que ?se casan? desde los diez años de edad, algunos padres de familia las ?venden? a un precio de entre 10 mil y 15 mil pesos; en distintas comunidades de Oaxaca las intercambian por ganado o cajas de licor y en el centro de la capital del país, en el barrio de La Merced, hay proxenetas que ?venden? muchachas que traen de esos estados y de Michoacán a un precio de entre 10 mil y 15 mil pesos para obligarlas a prostituirse (Reforma, 3?5 de julio de 2003.)
Las agencias de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y los especialistas en distintos campos de las ciencias sociales vienen hablando de nuevas formas de esclavitud para referirse a un conjunto de violaciones a los derechos humanos por las cuales personas de distintos grupos vulnerables -aunque no son formalmente propiedad de un dueño- son explotadas para obtener de ellas beneficios económicos, principalmente. De este modo, en conjunto, hay actualmente más personas en condiciones de esclavitud que en toda la historia: 250 millones.
Las nuevas formas de esclavitud incluyen la explotación laboral y la sexual, el reclutamiento forzoso para conflictos armados y el cautiverio por endeudamiento. Los grupos victimados en mayor proporción son las mujeres, los infantes, los inmigrantes y los indígenas. No obstante lo válido que pueda ser esta taxonomía, en realidad no existe una distinción neta entre las distintas formas de esclavitud, pues con frecuencia se entreveran y las mismas familias o grupos son víctimas de varios tipos de explotación, todas como causa de la aguda pobreza en la que viven 1 300 millones de personas en el mundo. El síndrome de Estocolmo es el del secuestrado agradecido con su secuestrador por haberlo tratado bien, de la misma manera en que bajo las nuevas formas de esclavitud el explotado agradece a su explotador porque gracias a él no muere de hambre.
Sin embargo, la pobreza, por sí misma, no es la causa de la esclavitud, pues también tiene relación con el analfabetismo, el desempleo, la desintegración familiar, la violencia doméstica y del entorno social, el crimen organizado, en muchos casos la codicia de los familiares y, en todos, la incapacidad y la corrupción de las autoridades para abatir la impunidad de una cadena de crímenes: la compra-venta y el tráfico de personas, la prostitución y la pornografía infantil, la explotación del trabajo infantil, la mutilación sexual de niñas y adolescentes, la utilización forzosa de infantes en conflictos armados, la privación de la libertad (cautiverio), la venta de órganos, la explotación de la prostitución y las prácticas discriminatorias (apartheid).
III. ¡Vamos, México!
La explotación laboral es la forma de esclavitud más extendida en México. Ésta consiste en condiciones injustas para el trabajador: jornadas extenuantes, paga ínfima, falta de seguridad social y prestaciones y, con frecuencia, condiciones de riesgo para la salud.
Como en el sureste de Asia, también en nuestro país las maquiladoras de las industrias de la electrónica, textil y del calzado emplean a mujeres. Entre los escombros de los edificios del centro de la Ciudad de México que cayeron a causa del terremoto de 1985 la opinión pública conoció las infames condiciones de trabajo de cientos de costureras. Actualmente se calcula que hay 600 mil mujeres que laboran en la industria del vestido, en empresas que les pagan 42 pesos por día (el salario mínimo) o de 30 centavos a un peso por pieza (a destajo).
En peores condiciones está la inmensa mayoría de los niños trabajadores. La Organización Internacional del Trabajo (OIT), en su informe Un futuro sin trabajo infantil, calcula 180 millones de menores entre cinco y 17 años ocupados en la prostitución y el trabajo esclavizado y peligroso. Muchos de ellos no poseen certificado de nacimiento ni algún otro documento oficial y miles mueren cada año por accidentes de trabajo. Patrones sin escrúpulos prefieren contratarlos a ellos para pagarles menos que a personas mayores de edad, como en la India, donde hay 50 millones de adultos desempleados y 60 millones de niños que trabajan.
Aunque la ley lo prohíbe, en México la explotación del trabajo infantil es una realidad escandalosa, desde los niños que mendigan en la vía pública hasta los que se dedican a la pizca en Sinaloa y Baja California provenientes del sur del país, a veces con toda su familia.
Los inmigrantes también son frecuentemente víctimas de esta explotación. Así como muchos mexicanos en Estados Unidos trabajan ilegalmente bajo la amenaza de ser repatriados, en las plantaciones del sureste mexicano se explota a jornaleros provenientes de Centroamérica.
IV. Directamente del campo...
El trabajo doméstico es otra de las formas de explotación más comunes en México. Muchachas pobres, sin estudios, que inmigran del campo a la ciudad, muchas de ellas menores de edad, son empleadas sin contrato como servidumbre, no cuentan con seguridad social y son obligadas a trabajar jornadas extenuantes a cambio de hospedaje y sueldos misérrimos. Esta situación se presenta incluso en domicilios de ?luchadores sociales? que defienden los derechos de los indígenas, siempre y cuando se mantengan en sus lugares de origen y vistan sus trajes tradicionales (este tema próximamente será objeto de una investigación en San Cristóbal de las Casas).
V. Sexo en pequeño
A partir de los años setenta, cuando el turismo se volvió un fenómeno en el que participan amplios sectores sociales, la explotación sexual comercial de niños adquirió una nueva y gigantesca dimensión con el llamado turismo sexual, en el cual los adultos provenientes de países desarrollados viajan a países pobres -donde la autoridad permite o solapa estas prácticas, a diferencia de sus países de origen- para tener relaciones sexuales con niños. Las nuevas tecnologías de la informática y la infraestructura de internet han abierto nuevas dimensiones a la pornografía infantil y a la creación de redes de pedófilos y hebéfilos. La otra cara de la misma moneda es el tráfico de menores de los países pobres a los desarrollados para explotarlos ahí, comprados a sus familiares en sus países de origen y obligándolos a permanecer cautivos luego de hacerlos adictos a drogas. Se trata de un ?negocio? de ganancias multimillonarias para el crimen organizado: una mujer llevada desde Asia a Estados Unidos para prostituirla es ?vendida? hasta en 20 mil dólares. Las estimaciones de la UNICEF hablan de aproximadamente un millón de niños explotados sexualmente en el sur de Asia y varios cientos de miles más en América y África.
VI. No se vale soñar
En México, 16 mil menores son prostituidos. La antropóloga Elena Azaola coordinó una investigación sobre la explotación sexual comercial de niños en nuestro país que incluyó entrevistas a menores que se prostituyen. En ellas ni uno solo dijo gustarle lo que hace: todos expresaron sentir asco y vergüenza. Se comprobó que tienen una imagen desvalorada de sí mismos, anhelan otro tipo de vida y les gustaría tener oportunidades para poder estudiar y llegar a ser profesionistas. Sin embargo, observa la investigadora, ?otros ya no se permiten soñar, perdieron la esperanza y creen que morirán en la calle o en la cárcel. Viven con una tristeza profunda que adormecen con drogas?.
VII. Soldados de juguete
En el mundo hay aproximadamente 300 mil niños obligados a participar en conflictos bélicos por ejércitos, guerrillas y paramilitares en países como Argelia, Filipinas, Indonesia, India, Sierra Leona y Colombia. En este último hay 11 mil menores en esta situación. Los niños son raptados de sus comunidades o amenazados de muerte para que se integren como combatientes. Niñas y también niños son mantenidos como esclavos sexuales al servicio de la tropa. En Tanzania, Angola y Zimbabwe el sida se convirtió en pandemia a causa de esta práctica.
Al parecer, este tipo de explotación no existe en México, pero hay informes de que en la proximidad del Campo Militar Núm. 1 y en los campamentos del Ejército en Chiapas hay prostíbulos en los que se retiene por la fuerza a menores de edad (Reforma, 5 de julio de 2002; Azaola y Estes: 2003.)
VIII. El Porfiriato actualizado
Un ejemplo de servidumbre por endeudamiento es el de los campesinos sin tierra, como en Brasil, donde éstos contraen una deuda inicial con el patrón a cambio de hospedaje y manutención, la cual nunca acaban de pagar con el salario que reciben o tienen que entregar una parte de su cosecha como pago por el alquiler de la tierra.
Esta forma de esclavitud se encuentra presente en México, principalmente en los municipios fronterizos de Chiapas. En este caso, la servidumbre por endeudamiento se encuentra asociada a la explotación sexual, la cual padecen aproximadamente 600 menores en ?zonas de tolerancia?. Son inmigrantes centroamericanas que ingresaron ilegalmente a nuestro país, en muchas ocasiones ?vendidas? por sus propios familiares a dueños de bares, donde las obligan a prostituirse y las mantienen privadas de su libertad. Llama la atención que en estas comunidades tanto la prostitución de menores como su cautiverio son vistas con aceptación por la comunidad, como parte del orden social, no obstante que es ilegal (Azaola y Estes, 2003).
IX. Esclavos outsourcing.
Una de las posibles características de las nuevas formas de esclavitud es que los explotadores se han vuelto invisibles, mejor dicho, son intangibles o irreconocibles, gracias a la nueva infraestructura de tecnologías digitales que soportan a los procesos de globalización financiera y de los negocios. Por ejemplo, los propietarios (anónimos) de Nike son dueños de una firma (marca), pero no poseen ningún inmueble ni bienes de capital. Tampoco tienen contratados trabajadores de la manufactura. En realidad, esta empresa es un estudio de investigación y diseño con una estrategia de marketing y distribución que cuenta con una red de proveedores en el sudeste asiático a los que llama ?socios de producción?. Éstos, a su vez, tienen contratados a cerca de 450 mil trabajadores a quienes les pagan entre 1.60 y 2.25 dólares al día, entre ellos, niñas desde los trece años de edad que trabajan más de 60 horas a la semana, muchas de las cuales reciben agresiones sexuales. Al menos así fue durante 1998, año en el que el líder de ventas de calzado y ropa deportiva obtuvo utilidades, tan sólo en Estados Unidos, por más de 4 mil millones de dólares. (Rifkin, 69-73).
X. El patio trasero
Lejos de pensar que es un país ideal y en plena transición democrática, como pregonan Fox y su ?gabinetazo? -y como lo hicieron antes los priistas en el poder-, México es un territorio descoyuntado donde impera la anarquía o, más bien, donde la salvaje oligarquía financiera ha sentado sus reales y comparte el poder y la riqueza con el poderoso narcotráfico organizado. Los políticos sólo sirven para hacer el ridículo mientras las condiciones de vida de millones de mexicanos se degradan aceleradamente. La legislación laboral simplemente no se cumple y los responsables se hacen de la vista gorda. Las muchachas que trabajan en las maquiladoras de Ciudad Juárez siguen siendo cazadas y asesinadas sin que a casi nadie le importe. En el Valle de San Quintín la vida de los peones acasillados no se diferencia en nada de la de los campesinos enviados a trabajar a Pinotepa Nacional durante la dictadura de Porfirio Díaz. El desempleo cunde como pólvora y la pobreza carcome el tejido social de un país desesperado y hambriento. Ya quisieran los niños de la calle poder tragar camote, siquiera. Las declaraciones cotidianas de la clase gobernante parecen una broma descarada y de mal gusto. Habría que ver qué es lo que realmente piensa en secreto Carlos Abascal, secretario del Trabajo -el de la famosa frase ?Las mujeres a la cocina?-, con cuyo salario podrían sobrevivir varias familias obreras y campesinas durante un año. El trabajo en México no dignifica, sino todo lo contrario... ¿Es éste el país que quiere el gobierno del cambio?
Fuentes:
Azaola, E. y R. J. Estes (coords.) (2003), La infancia como mercancía sexual, México, Canadá, Estados Unidos, México: Siglo XXI Editores y Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social.
Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, Aprovecharse del abuso, Nueva York: UNICEF, 2001.
----------, Guerras de adultos, niños soldados.
Jeremy Rifkin (2000), La era del acceso, Barcelona: Paidós.
Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Formas contemporáneas de la esclavitud, Folleto informativo No. 14.
Organización Internacional del Trabajo (OIT), Un futuro sin trabajo infantil.
El trabajo os hará libres...
I. Aquí defendemos tus derechos...
Doña Rosy trabaja de 11 de la mañana a las 7 de la tarde en una institución pública limpiando pisos, alfombras, muebles, muros, baños y vidrios, además de los trastos abandonados en mesas y fregaderos por secretarias y oficinistas fodongos. Dos sábados al mes trabaja de 11 a 3 y eventualmente también algún domingo, cuando, al menos, no tiene que servirle café a nadie. Aparenta poco más de cincuenta años, aunque quizá tenga menos, y gana 890 pesos a la quincena. Está contratada por una compañía que a su vez vende sus servicios a esa institución. Por seis años de trabajo le corresponden ya 14 días de vacaciones y quince días de salario de aguinaldo. No recibe ningún regalo de Navidad o Reyes por parte de la compañía y, cuando falta un día, se le descuentan 150 pesos, aunque no sabe explicar por qué. A pesar de algunos retrasos en el día de pago, Mary dice estar agradecida con su trabajo y que nunca ha tenido problemas con sus patrones, si bien la vigilancia y el control de la supervisora son muy estrictos (como la operación mochila, para prevenir que se robe algo o cometa un acto terrorista, seguramente).
Doña Rosy es derechohabiente del Seguro Social, pero si se enferma tiene que esperar hasta tres horas en la clínica para ser atendida. Si hay medicinas correrá con suerte, si no, tendrá que comprarlas en alguna farmacia, si le alcanza. Tiene dos hijos, uno de ellos estudia la primaria y el otro lava coches en las calles. Su marido es obrero en una fábrica de acero y jamás le ha dicho a cuánto asciende su salario -?¿Pa? qué quieres saber??-, pero le da 400 pesos quincenales, los cuales, dice, no le alcanzan para todos los gastos, ?Por eso trabajo?. Rosy viaja durante dos horas desde su casa en Tultitlán, Estado de México, al puesto de trabajo. Al regreso al hogar prepara la cena para su marido y sus hijos y, finalmente, puede descansar unas horas.
Macro Klim es una de las decenas de compañías de mantenimiento y limpieza de inmuebles en la Ciudad de México, entre otras con nombres tan ingeniosos como LavaTap, Brillolim, Clean Power, Arquilim, Prolim y Grupo Empresarial de Limpieza. En 1998 la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal lanzó la convocatoria para una licitación pública nacional para contratar a una de estas empresas. La ganadora fue Macro Klim, para la cual trabaja doña Rosy. Como se sabe, las licitaciones son adjudicadas a las compañías que hacen la oferta económica más baja con tal de ganar el contrato. Esto significa que Macro Klim es la que peor paga a sus empleados. Aun así, ha conseguido refrendar el contrato con la Comisión cinco años seguidos. ?Ante esto no podemos hacer nada?, expresó Román Torres Huato, administrador general de la CDHDF, cuando se le inquirió sobre la posibilidad de mejorar la situación laboral de esos empleados. ?Pero lo que sí podemos hacer es permitirles trabajar dos turnos, así se ayudan un poco...?
II. La esclavitud en tiempos de Fukuyama
La esclavitud tradicional se caracteriza por la compra y venta de personas como mercancías para que el propietario obtenga un beneficio por su explotación. En Sudán, donde se encuentra más extendida esta práctica, se calcula que hay entre 90 mil y 300 mil esclavos, actividad permitida pasivamente por su gobierno en un contexto de guerra, enfermedad y pobreza extrema. El precio promedio de los esclavos es de 50 dólares por cada uno, que es la cantidad que ha pagado Christian Solidarity Internacional desde 1995 para liberar a 11 mil de ellos.
Este fenómeno no es ajeno a México. En Juanacatlán, Guerrero, donde hay niñas que ?se casan? desde los diez años de edad, algunos padres de familia las ?venden? a un precio de entre 10 mil y 15 mil pesos; en distintas comunidades de Oaxaca las intercambian por ganado o cajas de licor y en el centro de la capital del país, en el barrio de La Merced, hay proxenetas que ?venden? muchachas que traen de esos estados y de Michoacán a un precio de entre 10 mil y 15 mil pesos para obligarlas a prostituirse (Reforma, 3?5 de julio de 2003.)
Las agencias de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y los especialistas en distintos campos de las ciencias sociales vienen hablando de nuevas formas de esclavitud para referirse a un conjunto de violaciones a los derechos humanos por las cuales personas de distintos grupos vulnerables -aunque no son formalmente propiedad de un dueño- son explotadas para obtener de ellas beneficios económicos, principalmente. De este modo, en conjunto, hay actualmente más personas en condiciones de esclavitud que en toda la historia: 250 millones.
Las nuevas formas de esclavitud incluyen la explotación laboral y la sexual, el reclutamiento forzoso para conflictos armados y el cautiverio por endeudamiento. Los grupos victimados en mayor proporción son las mujeres, los infantes, los inmigrantes y los indígenas. No obstante lo válido que pueda ser esta taxonomía, en realidad no existe una distinción neta entre las distintas formas de esclavitud, pues con frecuencia se entreveran y las mismas familias o grupos son víctimas de varios tipos de explotación, todas como causa de la aguda pobreza en la que viven 1 300 millones de personas en el mundo. El síndrome de Estocolmo es el del secuestrado agradecido con su secuestrador por haberlo tratado bien, de la misma manera en que bajo las nuevas formas de esclavitud el explotado agradece a su explotador porque gracias a él no muere de hambre.
Sin embargo, la pobreza, por sí misma, no es la causa de la esclavitud, pues también tiene relación con el analfabetismo, el desempleo, la desintegración familiar, la violencia doméstica y del entorno social, el crimen organizado, en muchos casos la codicia de los familiares y, en todos, la incapacidad y la corrupción de las autoridades para abatir la impunidad de una cadena de crímenes: la compra-venta y el tráfico de personas, la prostitución y la pornografía infantil, la explotación del trabajo infantil, la mutilación sexual de niñas y adolescentes, la utilización forzosa de infantes en conflictos armados, la privación de la libertad (cautiverio), la venta de órganos, la explotación de la prostitución y las prácticas discriminatorias (apartheid).
III. ¡Vamos, México!
La explotación laboral es la forma de esclavitud más extendida en México. Ésta consiste en condiciones injustas para el trabajador: jornadas extenuantes, paga ínfima, falta de seguridad social y prestaciones y, con frecuencia, condiciones de riesgo para la salud.
Como en el sureste de Asia, también en nuestro país las maquiladoras de las industrias de la electrónica, textil y del calzado emplean a mujeres. Entre los escombros de los edificios del centro de la Ciudad de México que cayeron a causa del terremoto de 1985 la opinión pública conoció las infames condiciones de trabajo de cientos de costureras. Actualmente se calcula que hay 600 mil mujeres que laboran en la industria del vestido, en empresas que les pagan 42 pesos por día (el salario mínimo) o de 30 centavos a un peso por pieza (a destajo).
En peores condiciones está la inmensa mayoría de los niños trabajadores. La Organización Internacional del Trabajo (OIT), en su informe Un futuro sin trabajo infantil, calcula 180 millones de menores entre cinco y 17 años ocupados en la prostitución y el trabajo esclavizado y peligroso. Muchos de ellos no poseen certificado de nacimiento ni algún otro documento oficial y miles mueren cada año por accidentes de trabajo. Patrones sin escrúpulos prefieren contratarlos a ellos para pagarles menos que a personas mayores de edad, como en la India, donde hay 50 millones de adultos desempleados y 60 millones de niños que trabajan.
Aunque la ley lo prohíbe, en México la explotación del trabajo infantil es una realidad escandalosa, desde los niños que mendigan en la vía pública hasta los que se dedican a la pizca en Sinaloa y Baja California provenientes del sur del país, a veces con toda su familia.
Los inmigrantes también son frecuentemente víctimas de esta explotación. Así como muchos mexicanos en Estados Unidos trabajan ilegalmente bajo la amenaza de ser repatriados, en las plantaciones del sureste mexicano se explota a jornaleros provenientes de Centroamérica.
IV. Directamente del campo...
El trabajo doméstico es otra de las formas de explotación más comunes en México. Muchachas pobres, sin estudios, que inmigran del campo a la ciudad, muchas de ellas menores de edad, son empleadas sin contrato como servidumbre, no cuentan con seguridad social y son obligadas a trabajar jornadas extenuantes a cambio de hospedaje y sueldos misérrimos. Esta situación se presenta incluso en domicilios de ?luchadores sociales? que defienden los derechos de los indígenas, siempre y cuando se mantengan en sus lugares de origen y vistan sus trajes tradicionales (este tema próximamente será objeto de una investigación en San Cristóbal de las Casas).
V. Sexo en pequeño
A partir de los años setenta, cuando el turismo se volvió un fenómeno en el que participan amplios sectores sociales, la explotación sexual comercial de niños adquirió una nueva y gigantesca dimensión con el llamado turismo sexual, en el cual los adultos provenientes de países desarrollados viajan a países pobres -donde la autoridad permite o solapa estas prácticas, a diferencia de sus países de origen- para tener relaciones sexuales con niños. Las nuevas tecnologías de la informática y la infraestructura de internet han abierto nuevas dimensiones a la pornografía infantil y a la creación de redes de pedófilos y hebéfilos. La otra cara de la misma moneda es el tráfico de menores de los países pobres a los desarrollados para explotarlos ahí, comprados a sus familiares en sus países de origen y obligándolos a permanecer cautivos luego de hacerlos adictos a drogas. Se trata de un ?negocio? de ganancias multimillonarias para el crimen organizado: una mujer llevada desde Asia a Estados Unidos para prostituirla es ?vendida? hasta en 20 mil dólares. Las estimaciones de la UNICEF hablan de aproximadamente un millón de niños explotados sexualmente en el sur de Asia y varios cientos de miles más en América y África.
VI. No se vale soñar
En México, 16 mil menores son prostituidos. La antropóloga Elena Azaola coordinó una investigación sobre la explotación sexual comercial de niños en nuestro país que incluyó entrevistas a menores que se prostituyen. En ellas ni uno solo dijo gustarle lo que hace: todos expresaron sentir asco y vergüenza. Se comprobó que tienen una imagen desvalorada de sí mismos, anhelan otro tipo de vida y les gustaría tener oportunidades para poder estudiar y llegar a ser profesionistas. Sin embargo, observa la investigadora, ?otros ya no se permiten soñar, perdieron la esperanza y creen que morirán en la calle o en la cárcel. Viven con una tristeza profunda que adormecen con drogas?.
VII. Soldados de juguete
En el mundo hay aproximadamente 300 mil niños obligados a participar en conflictos bélicos por ejércitos, guerrillas y paramilitares en países como Argelia, Filipinas, Indonesia, India, Sierra Leona y Colombia. En este último hay 11 mil menores en esta situación. Los niños son raptados de sus comunidades o amenazados de muerte para que se integren como combatientes. Niñas y también niños son mantenidos como esclavos sexuales al servicio de la tropa. En Tanzania, Angola y Zimbabwe el sida se convirtió en pandemia a causa de esta práctica.
Al parecer, este tipo de explotación no existe en México, pero hay informes de que en la proximidad del Campo Militar Núm. 1 y en los campamentos del Ejército en Chiapas hay prostíbulos en los que se retiene por la fuerza a menores de edad (Reforma, 5 de julio de 2002; Azaola y Estes: 2003.)
VIII. El Porfiriato actualizado
Un ejemplo de servidumbre por endeudamiento es el de los campesinos sin tierra, como en Brasil, donde éstos contraen una deuda inicial con el patrón a cambio de hospedaje y manutención, la cual nunca acaban de pagar con el salario que reciben o tienen que entregar una parte de su cosecha como pago por el alquiler de la tierra.
Esta forma de esclavitud se encuentra presente en México, principalmente en los municipios fronterizos de Chiapas. En este caso, la servidumbre por endeudamiento se encuentra asociada a la explotación sexual, la cual padecen aproximadamente 600 menores en ?zonas de tolerancia?. Son inmigrantes centroamericanas que ingresaron ilegalmente a nuestro país, en muchas ocasiones ?vendidas? por sus propios familiares a dueños de bares, donde las obligan a prostituirse y las mantienen privadas de su libertad. Llama la atención que en estas comunidades tanto la prostitución de menores como su cautiverio son vistas con aceptación por la comunidad, como parte del orden social, no obstante que es ilegal (Azaola y Estes, 2003).
IX. Esclavos outsourcing.
Una de las posibles características de las nuevas formas de esclavitud es que los explotadores se han vuelto invisibles, mejor dicho, son intangibles o irreconocibles, gracias a la nueva infraestructura de tecnologías digitales que soportan a los procesos de globalización financiera y de los negocios. Por ejemplo, los propietarios (anónimos) de Nike son dueños de una firma (marca), pero no poseen ningún inmueble ni bienes de capital. Tampoco tienen contratados trabajadores de la manufactura. En realidad, esta empresa es un estudio de investigación y diseño con una estrategia de marketing y distribución que cuenta con una red de proveedores en el sudeste asiático a los que llama ?socios de producción?. Éstos, a su vez, tienen contratados a cerca de 450 mil trabajadores a quienes les pagan entre 1.60 y 2.25 dólares al día, entre ellos, niñas desde los trece años de edad que trabajan más de 60 horas a la semana, muchas de las cuales reciben agresiones sexuales. Al menos así fue durante 1998, año en el que el líder de ventas de calzado y ropa deportiva obtuvo utilidades, tan sólo en Estados Unidos, por más de 4 mil millones de dólares. (Rifkin, 69-73).
X. El patio trasero
Lejos de pensar que es un país ideal y en plena transición democrática, como pregonan Fox y su ?gabinetazo? -y como lo hicieron antes los priistas en el poder-, México es un territorio descoyuntado donde impera la anarquía o, más bien, donde la salvaje oligarquía financiera ha sentado sus reales y comparte el poder y la riqueza con el poderoso narcotráfico organizado. Los políticos sólo sirven para hacer el ridículo mientras las condiciones de vida de millones de mexicanos se degradan aceleradamente. La legislación laboral simplemente no se cumple y los responsables se hacen de la vista gorda. Las muchachas que trabajan en las maquiladoras de Ciudad Juárez siguen siendo cazadas y asesinadas sin que a casi nadie le importe. En el Valle de San Quintín la vida de los peones acasillados no se diferencia en nada de la de los campesinos enviados a trabajar a Pinotepa Nacional durante la dictadura de Porfirio Díaz. El desempleo cunde como pólvora y la pobreza carcome el tejido social de un país desesperado y hambriento. Ya quisieran los niños de la calle poder tragar camote, siquiera. Las declaraciones cotidianas de la clase gobernante parecen una broma descarada y de mal gusto. Habría que ver qué es lo que realmente piensa en secreto Carlos Abascal, secretario del Trabajo -el de la famosa frase ?Las mujeres a la cocina?-, con cuyo salario podrían sobrevivir varias familias obreras y campesinas durante un año. El trabajo en México no dignifica, sino todo lo contrario... ¿Es éste el país que quiere el gobierno del cambio?
Fuentes:
Azaola, E. y R. J. Estes (coords.) (2003), La infancia como mercancía sexual, México, Canadá, Estados Unidos, México: Siglo XXI Editores y Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social.
Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, Aprovecharse del abuso, Nueva York: UNICEF, 2001.
----------, Guerras de adultos, niños soldados.
Jeremy Rifkin (2000), La era del acceso, Barcelona: Paidós.
Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Formas contemporáneas de la esclavitud, Folleto informativo No. 14.
Organización Internacional del Trabajo (OIT), Un futuro sin trabajo infantil.
domingo, mayo 16, 2004
Los antecedentes de otra violación de la CDHDF
El 30 de abril un ciudadano español envió a Enrique Galván Ochoa, autor de la columna Dinero, en La Jornada, la siguiente carta:
@ E-VOX POPULI
ASUNTO: NIDO DE BRIBONES. Soy súbdito español y vivo en Madrid. En el mes de enero de este año fui testigo de un acto de discriminación cometido dentro de la oficina de quejas y atención de la CDHDF, por una señora de apellido La Parra. Por ello me dirigí por correo electrónico al presidente de la CDHDF, quien diligentemente pidió a su contralora interna, la señora Rosa María Cruz, que me atendiera. La tal señora Rosa María me indicó que se requería ''la ratificación personal de quien interpone la queja'', para iniciar una investigación. Ante tal afirmación me dirigí nuevamente al maestro Emilio Alvarez Icaza, señalándole que me era imposible viajar a la Ciudad de México para ratificar ''personalmente'' mi queja, pero que a fines del mes de febrero un amigo mío se trasladaría a México y entregaría en mi nombre un documento debidamente firmado. El 19 de febrero de 2004 la señora Rosa María Cruz me informa que para iniciar un procedimiento se debía ''cumplir requerimientos de la Ley Federal de Responsabilidades de los Servidores Públicos'', y me pidió mi domicilio. El día 3 de marzo recibí, para sorpresa mía, una resolución en la que me informa acerca de la existencia de un término para presentar mi documento, cosa que jamás se me hizo saber, y como lo había excedido ya no se podría hacer nada. Además me citó varias leyes mexicanas, cuyo contenido desconozco por completo. Deseo destacar dos cuestiones: 1) La CDHDF, a pesar de su nueva oficina y del presupuesto que se le asigna, es un nido de bribones. Por un lado la gente que va a sus oficinas es tratada de forma racista y discriminatoria; por el otro, la gente que se anima a quejarse es tratada de mala manera, como ocurrió a un servidor. 2) Basta con hacer una búsqueda por la red para saber que contra la CDHDF existen múltiples inconformidades: hostigamiento sexual en agravio de las mujeres trabajadoras de esa institución, despidos y, tal y como pude percatarme, maltratos al personal que ahí labora.
Pablo Córcega y Mendoza/Madrid
pablocorcega@hotmail.com
La respuesta de Galván:
R: Caray, no gana uno para vergüenzas. Y se supone que son los defensores de los derechos humanos.
El 14 de mayo Galván Ochoa publica en su columna lo siguiente:
Sí existe
ES INAUDITO HASTA DONDE llega la corrupción y el cinismo de algunos funcionarios. Publiqué hace algunos días una denuncia relativa al trato discriminatorio que le dieron a una mujer ni más ni menos que en la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), a cargo de Emilio Alvarez Icaza. En vez de atender la denuncia, la comisión envió al Correo Ilustrado una carta en la que de algún modo ponía en duda la existencia del denunciante, que vive en Madrid. Ayer le envié este mensaje lleno de candor:
-Don Pablo, le ruego me diga la verdad. ¿Usted existe?
Horas después recibí esta respuesta por e-mail: ?Claro que existo, mi denuncia es real; vivo en Madrid, pero durante varios años viví en la Ciudad de México, pues mi señor padre era mejicano (sic). ¿Cómo puedo probarle mi existencia?, ¿cómo puedo probar que mi denuncia es real? Vosotros habéis visto en los correos la manera en que la CDHDF trató de solapar la actitud de su empleada. La CDHDF ha tratado de desvirtuar mi inconformidad con argumentos pueriles, pero jamás han explicado por qué no informaron la existencia de un término para presentar mi inconformidad, lo que a la larga resultó en mi perjuicio?.
Pablo Córcega y Mendoza.
Santa Hortensia 60,
Madrid, España.
Galván Ochoa;
¿Se dan cuenta, amigos? Y eso sucede en la Comisión de Derechos Humanos...
Yo, Rogelio Villarreal:
La elite que dirige a la CDHDF pertenece, evidentemente, a la misma clase política que se ha encastrado en el PRD y en la Asamblea Legislativa y que tanto daño le hace al país. No defienden los derechos humanos ni al pueblo, son simuladores que ganan sueldos estupendos y se solazan pronunciando discursos en favor de la democracia y de la tolerancia. Hasta ahora la CDHDF no ha podido desmentir una sola de las irregularidades y violaciones que publiqué en la revista Día Siete en febrero de este año. Por el contrario, el director general de Administración, Román Torres Huato, instruyó a la Contraloría Interna de esa institución pública para que me citara en relación con la sustracción de información perteneciente a la CDHDF y de haberla publicado en un sitio de internet ?lo cual es totalmente falso, como lo estamos demostrando mi abogado y yo. Se trata, sencillamente, de una venganza en mi contra. Por esta razón han estado interrogando de manera policiaca ?¿no es cierto, contralora?? a algunos empleados de la Comisión con los que tuve o tengo relaciones de compañerismo o de amistad. Así defiende la CDHDF los derechos humanos y la libertad de expresión. En los últimos meses se han acumulado tantos testimonios de empleados y ex empleados que estamos pensando en la publicación de un libro donde se analicen el discurso y la gestión de la CDHDF en relación con su política laboral y sus campañas en favor de los derechos humanos. Hay que desenmascarar a esos simuladores.
@ E-VOX POPULI
ASUNTO: NIDO DE BRIBONES. Soy súbdito español y vivo en Madrid. En el mes de enero de este año fui testigo de un acto de discriminación cometido dentro de la oficina de quejas y atención de la CDHDF, por una señora de apellido La Parra. Por ello me dirigí por correo electrónico al presidente de la CDHDF, quien diligentemente pidió a su contralora interna, la señora Rosa María Cruz, que me atendiera. La tal señora Rosa María me indicó que se requería ''la ratificación personal de quien interpone la queja'', para iniciar una investigación. Ante tal afirmación me dirigí nuevamente al maestro Emilio Alvarez Icaza, señalándole que me era imposible viajar a la Ciudad de México para ratificar ''personalmente'' mi queja, pero que a fines del mes de febrero un amigo mío se trasladaría a México y entregaría en mi nombre un documento debidamente firmado. El 19 de febrero de 2004 la señora Rosa María Cruz me informa que para iniciar un procedimiento se debía ''cumplir requerimientos de la Ley Federal de Responsabilidades de los Servidores Públicos'', y me pidió mi domicilio. El día 3 de marzo recibí, para sorpresa mía, una resolución en la que me informa acerca de la existencia de un término para presentar mi documento, cosa que jamás se me hizo saber, y como lo había excedido ya no se podría hacer nada. Además me citó varias leyes mexicanas, cuyo contenido desconozco por completo. Deseo destacar dos cuestiones: 1) La CDHDF, a pesar de su nueva oficina y del presupuesto que se le asigna, es un nido de bribones. Por un lado la gente que va a sus oficinas es tratada de forma racista y discriminatoria; por el otro, la gente que se anima a quejarse es tratada de mala manera, como ocurrió a un servidor. 2) Basta con hacer una búsqueda por la red para saber que contra la CDHDF existen múltiples inconformidades: hostigamiento sexual en agravio de las mujeres trabajadoras de esa institución, despidos y, tal y como pude percatarme, maltratos al personal que ahí labora.
Pablo Córcega y Mendoza/Madrid
pablocorcega@hotmail.com
La respuesta de Galván:
R: Caray, no gana uno para vergüenzas. Y se supone que son los defensores de los derechos humanos.
El 14 de mayo Galván Ochoa publica en su columna lo siguiente:
Sí existe
ES INAUDITO HASTA DONDE llega la corrupción y el cinismo de algunos funcionarios. Publiqué hace algunos días una denuncia relativa al trato discriminatorio que le dieron a una mujer ni más ni menos que en la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), a cargo de Emilio Alvarez Icaza. En vez de atender la denuncia, la comisión envió al Correo Ilustrado una carta en la que de algún modo ponía en duda la existencia del denunciante, que vive en Madrid. Ayer le envié este mensaje lleno de candor:
-Don Pablo, le ruego me diga la verdad. ¿Usted existe?
Horas después recibí esta respuesta por e-mail: ?Claro que existo, mi denuncia es real; vivo en Madrid, pero durante varios años viví en la Ciudad de México, pues mi señor padre era mejicano (sic). ¿Cómo puedo probarle mi existencia?, ¿cómo puedo probar que mi denuncia es real? Vosotros habéis visto en los correos la manera en que la CDHDF trató de solapar la actitud de su empleada. La CDHDF ha tratado de desvirtuar mi inconformidad con argumentos pueriles, pero jamás han explicado por qué no informaron la existencia de un término para presentar mi inconformidad, lo que a la larga resultó en mi perjuicio?.
Pablo Córcega y Mendoza.
Santa Hortensia 60,
Madrid, España.
Galván Ochoa;
¿Se dan cuenta, amigos? Y eso sucede en la Comisión de Derechos Humanos...
Yo, Rogelio Villarreal:
La elite que dirige a la CDHDF pertenece, evidentemente, a la misma clase política que se ha encastrado en el PRD y en la Asamblea Legislativa y que tanto daño le hace al país. No defienden los derechos humanos ni al pueblo, son simuladores que ganan sueldos estupendos y se solazan pronunciando discursos en favor de la democracia y de la tolerancia. Hasta ahora la CDHDF no ha podido desmentir una sola de las irregularidades y violaciones que publiqué en la revista Día Siete en febrero de este año. Por el contrario, el director general de Administración, Román Torres Huato, instruyó a la Contraloría Interna de esa institución pública para que me citara en relación con la sustracción de información perteneciente a la CDHDF y de haberla publicado en un sitio de internet ?lo cual es totalmente falso, como lo estamos demostrando mi abogado y yo. Se trata, sencillamente, de una venganza en mi contra. Por esta razón han estado interrogando de manera policiaca ?¿no es cierto, contralora?? a algunos empleados de la Comisión con los que tuve o tengo relaciones de compañerismo o de amistad. Así defiende la CDHDF los derechos humanos y la libertad de expresión. En los últimos meses se han acumulado tantos testimonios de empleados y ex empleados que estamos pensando en la publicación de un libro donde se analicen el discurso y la gestión de la CDHDF en relación con su política laboral y sus campañas en favor de los derechos humanos. Hay que desenmascarar a esos simuladores.
sábado, mayo 15, 2004
Más sobre la CDHDF...
Acabo de leer en la columna Dinero, de Enrique Galván Ochoa (La Jornada, 15 de mayo), el siguiente párrafo sobre el director general de Quejas de la CDHDF. Pero eso sí, cómo se las dan de santos y puros...
ASUNTO: EL SOFA DEL AMOR. Leí en tu columna que una persona se queja del trato que dan en la Comisión de Derechos Humanos. Te quedarías asombrado si supieras hasta qué punto es cierto. En la Dirección General de Quejas se pasan la Ley Federal del Trabajo por el arco del triunfo. Nos hacen trabajar horarios de esclavos. Eso no es lo peor: el director general, Jaime Calderón, tiene un su privado lo que nosotros llamamos "el sofá del amor". Siempre contrata abogadas guapas y jóvenes. Investiga cuántas personas han sido despedidas o han renunciado. Yo trabajo aquí, no publiques mis datos, temo represalias, pero te envío los nombres de tres abogadas que te podrían confirmar lo que digo.
Buzón reservado.
R: ¡Caray! Si entiendo bien, la Dirección de Quejas está en vías de convertirse en Dirección de Quejidos (amorosos).
ASUNTO: EL SOFA DEL AMOR. Leí en tu columna que una persona se queja del trato que dan en la Comisión de Derechos Humanos. Te quedarías asombrado si supieras hasta qué punto es cierto. En la Dirección General de Quejas se pasan la Ley Federal del Trabajo por el arco del triunfo. Nos hacen trabajar horarios de esclavos. Eso no es lo peor: el director general, Jaime Calderón, tiene un su privado lo que nosotros llamamos "el sofá del amor". Siempre contrata abogadas guapas y jóvenes. Investiga cuántas personas han sido despedidas o han renunciado. Yo trabajo aquí, no publiques mis datos, temo represalias, pero te envío los nombres de tres abogadas que te podrían confirmar lo que digo.
Buzón reservado.
R: ¡Caray! Si entiendo bien, la Dirección de Quejas está en vías de convertirse en Dirección de Quejidos (amorosos).
viernes, marzo 12, 2004
La senda de los perdedores
"He llevado una vida extraña y confusa, de total y espantosa servidumbre, en su mayor parte. Pero creo que la diferencia estaba en la manera en que me abría paso entre la mierda."
Charles Bukowski
I. Charles Bukowski arribó al universo de las letras hispánicas en 1978, cuando Jorge Herralde, entusiasmado, lanzó al unísono tres volúmenes de este escritor en la colección Contraseñas de la editorial Anagrama: Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones, La máquina de follar y Escritos de un viejo indecente. Ya encarrerado, en 1979 publicaría Se busca una mujer, en 1980 Factotum y en 1981 Mujeres, venturosamente seguidos en 1983 por Cartero y la entrevista Lo que más me gusta es rascarme los sobacos (el mismo año y en la misma colección en que se publicaron Las cartas de ese otro gran insolente, Groucho Marx). De 1985 a 1993 vendría una andanada de libros del poeta alcohólico de Los Ángeles y, además, su biografía Hank, escrita por Neeli Cherkovski. Sin embargo, aún hay un puñado de textos de Bukowski inéditos en español --sobre todo de poemas--, aunque no pasa un día sin que las pocas librerías del país llamen a los distribuidores por más reediciones.
Nunca se sabrá quién fue el primer mexicano en leer las madrileñas traducciones de Anagrama --¿cuándo lo leyeron Parménides, José Agustín o Gustavo Sáinz?--, pero lo cierto es que a mediados de los años ochenta ya había fieles seguidores de su vida y su obra --pocas veces éstas se encuentran tan indisolublemente entreveradas en un escritor. Gonzalo Martré había publicado en los años setenta las desenfrenadas y escatológicas Jet set, Safari en la Zona Rosa y Coprofernalia, pero no puede hablarse aquí de influencias bukowskianas sino de gratas afinidades y coincidencias. En cambio, el xalapeño Fernando Nachón reconocería abiertamente esa raigambre en De a perrito (1989), su vertiginosa novela donde el alcohol, el sexo, los celos, el humor, la noche, la velocidad, la reflexión y una sana dosis de amoralidad y antiautoritarismo desbordaban cada página de esa obra memorable terminada en 28 días: homenaje fugaz a la desolación y el desarraigo. Había también estudiantes universitarios que empezaban a leerlo y que pocos años más tarde publicarían relatos y novelas en las cuales se adivinaría la huella del ex cartero angelino, como Eusebio Ruvalcaba (Clint Eastwood, hazme el amor), Enrique Blanc (Cicatrices del bolero, No todos los ángeles caen del cielo), Mauricio Bares (Coito circuito, Streamline 98, Sobredosis), J.M. Servín (Periodismo Charter, Cuartos para gente sola) y Rubén Bonet (sin título, sin nada). En La Regla Rota y La Pus moderna, las revistas que dirigí entre 1984 y 1996, publiqué a éstos y a otros incipientes autores que hacían suyas la ética y la estética de un escritor que a su vez admiraba profundamente al maldito Céline y al entonces desconocido Fante y que abominaba, justamente, a Shakespeare y a Shaw. La transformación de la derrota en victoria, la convicción de que se podía escribir con irreverencia y libertad, al margen de los exclusivos cánones de la tradición y centrándose en las experiencias propias --el rechazo, el deseo, la frustración, el desempleo, la supervivencia--, han sido un extraordinario estímulo para decenas de aspirantes a escritores desde entonces hasta nuestros días. (Abundan, desde luego, quienes han convertido a Bukowski en un santón y no han hecho más que copias lamentables de su escritura implacable.) Las revistas Moho y Generación han acogido en sus páginas a decenas de autores diversos pero cuyas líneas genealógicas conducen invariablemente al viejo Bukowski: Jorge Luis Berdeja, Alejandra Maldonado, Juan Mendoza, Ari Volovich, Rocío Boliver y Alfonso Morcillo ("En 1988 tomé un taller de cuento que no vale la pena mencionar. Algunos me dijeron que eran totalmente bukowskianos. Yo ignoraba todo de Hank. Ese mismo día fui a una librería y me compré La máquina de follar. Dejé de escribir. No tenía sentido hacerlo"). Además, en internet hay decenas de blogs de autores que se editan a sí mismos y de los cuales muchos reflejan una visión de la vida moldeada por las enseñanzas del buen Buk. (Extrañamente, uno de ellos es mujer y publica de manera anónima sus ácidas y voluptuosas reflexiones en www.srtamasturbacion.blogspot.com)
II. En el 2004 Herralde hace una jugada similar a la que hizo 16 años antes y publica dos volúmenes al hilo del escritor mexicano Guillermo Fadanelli: Compraré un rifle y La otra cara de Rock Hudson. Fadanelli, el más acabado y conocido escritor surgido del underground local, leyó a Bukowski también a finales de los años ochenta, cuya obra encontró hojeando volúmenes en los estantes de las librerías. Después de ver El amor es un perro infernal (Dominique Deruddere, 1987), dice, compró casi todos sus libros, incluyendo las ediciones de City Lights y Black Sparrow Press.
"Escribí cientos de relatos a la manera Bukowski, publiqué algunos en Moho, después los guardé en un cajón para siempre", confiesa Fadanelli. "Bukowski no es imitable pues detrás de su escritura hay una vida singular. Todos hemos leído a Bukowski, pero no existe ningún escritor mexicano, desde mi punto de vista, cuya obra tenga semejanzas con la suya. Quizás algunos jóvenes, pero se les quitará esa influencia cuando encuentren su propia voz." Acaso tiene razón. El "estilo Bukowski" es inimitable pero los aprendices tratan de escribir bajo el influjo de su prosa corrosiva, al lado de otras influencias igualmente poderosas: Capote, el mismo Fante, Hunter Thompson... En todo caso, la lectura inteligente y reflexiva de la obra bukowskiana será siempre recomendable y benigna.
La sordidez, la violencia y la obscenidad de sus personajes, pero también su crudeza y su humanidad, hacen de los libros de Bukowski un cuerpo sólido y contundente que desmiente a cada hoja la seductora hipocresía del sueño americano --esa enorme fábrica de derrotados. El viejo Buk padeció con elegancia, durante años, humillaciones en talleres y oficinas, fue desdeñado por una crítica torpe y engolada y bebió lúcidamente cientos de litros de alcohol sin miedo a los estragos de la cruda. Y nunca dejó de escribir ni de ser auténticamente procaz y sincero. Su casi cuarenta volúmenes son producto de la madurez, de la inteligencia y de la soledad, de una pasión a prueba de los más duros golpes. Quizá por eso nadie pueda jamás volver a escribir como él.
Charles Bukowski
I. Charles Bukowski arribó al universo de las letras hispánicas en 1978, cuando Jorge Herralde, entusiasmado, lanzó al unísono tres volúmenes de este escritor en la colección Contraseñas de la editorial Anagrama: Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones, La máquina de follar y Escritos de un viejo indecente. Ya encarrerado, en 1979 publicaría Se busca una mujer, en 1980 Factotum y en 1981 Mujeres, venturosamente seguidos en 1983 por Cartero y la entrevista Lo que más me gusta es rascarme los sobacos (el mismo año y en la misma colección en que se publicaron Las cartas de ese otro gran insolente, Groucho Marx). De 1985 a 1993 vendría una andanada de libros del poeta alcohólico de Los Ángeles y, además, su biografía Hank, escrita por Neeli Cherkovski. Sin embargo, aún hay un puñado de textos de Bukowski inéditos en español --sobre todo de poemas--, aunque no pasa un día sin que las pocas librerías del país llamen a los distribuidores por más reediciones.
Nunca se sabrá quién fue el primer mexicano en leer las madrileñas traducciones de Anagrama --¿cuándo lo leyeron Parménides, José Agustín o Gustavo Sáinz?--, pero lo cierto es que a mediados de los años ochenta ya había fieles seguidores de su vida y su obra --pocas veces éstas se encuentran tan indisolublemente entreveradas en un escritor. Gonzalo Martré había publicado en los años setenta las desenfrenadas y escatológicas Jet set, Safari en la Zona Rosa y Coprofernalia, pero no puede hablarse aquí de influencias bukowskianas sino de gratas afinidades y coincidencias. En cambio, el xalapeño Fernando Nachón reconocería abiertamente esa raigambre en De a perrito (1989), su vertiginosa novela donde el alcohol, el sexo, los celos, el humor, la noche, la velocidad, la reflexión y una sana dosis de amoralidad y antiautoritarismo desbordaban cada página de esa obra memorable terminada en 28 días: homenaje fugaz a la desolación y el desarraigo. Había también estudiantes universitarios que empezaban a leerlo y que pocos años más tarde publicarían relatos y novelas en las cuales se adivinaría la huella del ex cartero angelino, como Eusebio Ruvalcaba (Clint Eastwood, hazme el amor), Enrique Blanc (Cicatrices del bolero, No todos los ángeles caen del cielo), Mauricio Bares (Coito circuito, Streamline 98, Sobredosis), J.M. Servín (Periodismo Charter, Cuartos para gente sola) y Rubén Bonet (sin título, sin nada). En La Regla Rota y La Pus moderna, las revistas que dirigí entre 1984 y 1996, publiqué a éstos y a otros incipientes autores que hacían suyas la ética y la estética de un escritor que a su vez admiraba profundamente al maldito Céline y al entonces desconocido Fante y que abominaba, justamente, a Shakespeare y a Shaw. La transformación de la derrota en victoria, la convicción de que se podía escribir con irreverencia y libertad, al margen de los exclusivos cánones de la tradición y centrándose en las experiencias propias --el rechazo, el deseo, la frustración, el desempleo, la supervivencia--, han sido un extraordinario estímulo para decenas de aspirantes a escritores desde entonces hasta nuestros días. (Abundan, desde luego, quienes han convertido a Bukowski en un santón y no han hecho más que copias lamentables de su escritura implacable.) Las revistas Moho y Generación han acogido en sus páginas a decenas de autores diversos pero cuyas líneas genealógicas conducen invariablemente al viejo Bukowski: Jorge Luis Berdeja, Alejandra Maldonado, Juan Mendoza, Ari Volovich, Rocío Boliver y Alfonso Morcillo ("En 1988 tomé un taller de cuento que no vale la pena mencionar. Algunos me dijeron que eran totalmente bukowskianos. Yo ignoraba todo de Hank. Ese mismo día fui a una librería y me compré La máquina de follar. Dejé de escribir. No tenía sentido hacerlo"). Además, en internet hay decenas de blogs de autores que se editan a sí mismos y de los cuales muchos reflejan una visión de la vida moldeada por las enseñanzas del buen Buk. (Extrañamente, uno de ellos es mujer y publica de manera anónima sus ácidas y voluptuosas reflexiones en www.srtamasturbacion.blogspot.com)
II. En el 2004 Herralde hace una jugada similar a la que hizo 16 años antes y publica dos volúmenes al hilo del escritor mexicano Guillermo Fadanelli: Compraré un rifle y La otra cara de Rock Hudson. Fadanelli, el más acabado y conocido escritor surgido del underground local, leyó a Bukowski también a finales de los años ochenta, cuya obra encontró hojeando volúmenes en los estantes de las librerías. Después de ver El amor es un perro infernal (Dominique Deruddere, 1987), dice, compró casi todos sus libros, incluyendo las ediciones de City Lights y Black Sparrow Press.
"Escribí cientos de relatos a la manera Bukowski, publiqué algunos en Moho, después los guardé en un cajón para siempre", confiesa Fadanelli. "Bukowski no es imitable pues detrás de su escritura hay una vida singular. Todos hemos leído a Bukowski, pero no existe ningún escritor mexicano, desde mi punto de vista, cuya obra tenga semejanzas con la suya. Quizás algunos jóvenes, pero se les quitará esa influencia cuando encuentren su propia voz." Acaso tiene razón. El "estilo Bukowski" es inimitable pero los aprendices tratan de escribir bajo el influjo de su prosa corrosiva, al lado de otras influencias igualmente poderosas: Capote, el mismo Fante, Hunter Thompson... En todo caso, la lectura inteligente y reflexiva de la obra bukowskiana será siempre recomendable y benigna.
La sordidez, la violencia y la obscenidad de sus personajes, pero también su crudeza y su humanidad, hacen de los libros de Bukowski un cuerpo sólido y contundente que desmiente a cada hoja la seductora hipocresía del sueño americano --esa enorme fábrica de derrotados. El viejo Buk padeció con elegancia, durante años, humillaciones en talleres y oficinas, fue desdeñado por una crítica torpe y engolada y bebió lúcidamente cientos de litros de alcohol sin miedo a los estragos de la cruda. Y nunca dejó de escribir ni de ser auténticamente procaz y sincero. Su casi cuarenta volúmenes son producto de la madurez, de la inteligencia y de la soledad, de una pasión a prueba de los más duros golpes. Quizá por eso nadie pueda jamás volver a escribir como él.
jueves, febrero 12, 2004
La Comisión de Derechos Humanos del DF viola los derechos de sus trabajadores
El 1 de febrero de este año publiqué el siguiente texto en la revista semanal Día Siete. En él denuncio las irregularidades, arbitrariedades e incongruencias de la Comisión de Derechos Humanos del DF, institución donde trabajé durante un año como subdirector de Publicaciones y donde la burocracia del más puro estilo priista ha sentado sus reales...
La Administración Pública y la defensa de los derechos humanos
Rogelio Villarreal*
El lenguaje de los derechos afirma que todos los seres humanos pueden participar en la deliberación esencial en la que se determinará cómo nos debemos tratar los unos a los otros.
MICHAEL IGNATIEFF, Los derechos humanos como política e idolatría (Paidós, 2003)
No pude con la burocracia, pero la burocracia tampoco pudo conmigo...
Ah, la ingenuidad. Cuando me llamaron pensé que requerían mis servicios para coordinar un departamento editorial, con un programa planeado responsable y concienzudamente. Pero poco más de un año como subdirector de Publicaciones de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) fue más que suficiente para percatarme de la disociación que existe entre el discurso y la práctica de la defensa de los derechos humanos en esa institución pública fundada hace diez años, por no hablar de las deplorables condiciones materiales de trabajo.
Porque si bien los principios y los objetivos de la CDHDF son compartidos, en términos generales, por todos los que desean ver y participar en el avance de la democracia y en la erradicación de la injusticia en esta ciudad —en este país—, la realidad que viví y atestigüé me hace concluir que la situación prevaleciente en la CDHDF dista mucho de ser la ideal para una institución que pretende ser humanista, democrática y transparente, y que el discurso entusiasta y triunfalista de su presidente, Emilio Álvarez Icaza,1 no es compartido, como él cree, por todos sus empleados.
Tanto Álvarez Icaza como su círculo inmediato de colaboradores provienen de lo que se ha dado en llamar pretenciosamente “sociedad civil organizada”, es decir, del activismo y la militancia “progresista” o de “izquierda”, de organismos no gubernamentales de varios signos —del feminismo al neozapatismo— y hasta de partidos desacreditados como el de la Revolución Democrática (PRD) y, además, de algunas otras organizaciones “comprometidas” con el fortalecimiento de la malhadada democracia mexicana. Sin embargo, es sorprendente ver cómo Álvarez Icaza y su gente se adaptaron a la Administración Pública de una manera tan natural y aterciopelada que no tardaron en reproducir sus viciados estilos de conducción; atavismos que deberían arrojarse al aún maloliente pasado autoritario y antidemocrático y desterrarlos de este presente dislocado y confuso, de transición y cambios —no de retrocesos: ¿adónde se fueron los ánimos reformadores que los caracterizaban hace apenas unos años?
Contadores contra editores
La estructura burocrática ha entorpecido, desde la fundación de la CDHDF, la concreción de un programa editorial estratégico —por no mencionar otros igualmente esenciales para la Comisión—, el cual debería ser producto del trabajo reflexivo y coordinado de la Presidencia, de los asesores y los titulares de todas las áreas: ¿de qué sirven 5 mil folletos contra la discriminación en una ciudad de 20 millones de habitantes? En realidad se trata de una labor improvisada y soslayada, a la que sólo se atiende cuando apremian el Informe anual, las tarjetas de navidad y los diplomas de fin de año.2
Sólo una concepción del trabajo que destaca el discurso y el lucimiento por encima de los resultados (a la que podemos calificar de priista) explica la ineptitud y la ineficiencia de los asesores del presidente de la CDHDF —con la honrosa excepción de Rafael Álvarez—, la prepotencia de su secretario particular —¿quieren testigos?— y la deficiente calidad de muchas de las investigaciones realizadas en áreas que a eso, precisamente, dedican sus esfuerzos.3 Por otra parte, habría que cuestionar también no solamente el sentido de las disposiciones del director general de Administración en relación con los descuentos a los empleados, sino también otras igualmente agresivas: la revisión de bolsas y portafolios, tratos diferenciados y excesivas trabas burocráticas que hacen que se gaste más tiempo en papeleo que en trabajo real. ¿No sería más idóneo y satisfactorio encontrar, en primera instancia, formas inteligentes y creativas de estimular la responsabilidad y la “cultura de respeto a los derechos humanos” entre los trabajadores de la CDHDF? ¿No podrían encaminarse los esfuerzos de la Administración hacia objetivos más acordes con su función, como la de aliviar la pesada carga de trabajo administrativo en las áreas de la institución y proveerlas de los elementos necesarios para su mejor desempeño?
Ante todo, elegancia, buen gusto y distinción...
La administración de Álvarez Icaza no sólo ha mantenido el tinte clasista, jerárquico e inequitativo que ha caracterizado desde hace décadas a la burocracia nacional, sino que ha actualizado políticas corporativas en aras del “control y la disciplina”. La burocracia propicia conductas aberrantes y corrosivas del espíritu —servilismo, oportunismo, irresponsabilidad, nepotismo...— distantes de los fines que persigue la verdadera defensa de los derechos humanos —y no la que echa mano de la corrección política a toda costa y del lenguaje artificial de la “perspectiva de género”.
La Administración Pública es rígida y, por desgracia, sus estipulaciones deben cumplirse cabalmente: ahí están, entre otras, las diferencias abismales entre los privilegios y los sueldos de los altos mandos y los de la “fuerza de trabajo”, los de intendencia y los de quienes trabajan por honorarios (muchos de los cuales carecen de seguridad social: una prestación obligatoria); la imposibilidad de ascender en el escalafón; la falacia del servicio civil de carrera (ya que los mejores puestos son para los amigos y no para quienes tienen los méritos suficientes); el hostigamiento laboral del cual han sido objeto varios empleados con el fin de obtener su renuncia y los despidos del personal “incómodo” sin mayores explicaciones (trabajadoras del desaparecido Centro de Atención Integral y Servicio —CAIS— y un redactor —Héctor Villarreal, coautor de este dossier— que se atrevió a quejarse por los descuentos ilegales). ¿Cuál es la causa de tantos despidos y renuncias en las últimas semanas? ¿Por qué una institución que presume de mediadora inhibe el diálogo y la conciliación entre sus integrantes? ¿En qué lugar queda la ética que tanto se pregona?
La Ciudad de México es ya una urbe monstruosa en donde los derechos humanos son cada vez más vulnerados, incluso dentro de la CDHDF. Para que esta institución pueda arrogarse la calidad moral imprescindible para emitir recomendaciones a funcionarios que atropellan los derechos humanos de los ciudadanos primero debe emprender un largo y genuino proceso de autocrítica, de reflexión y de reforma. La práctica de estos derechos debe darse de manera cotidiana y en todos los ámbitos, no solamente en los discursos o en los medios. De otro modo, no es más que simple y llana simulación.
* Rogelio Villarreal es autor de Cuarenta y 20 (Moho, 2000). Próximamente aparecerán sus libros El dilema de Bukowski y Sensacional de contracultura. Ha trabajado como corrector y editor en las principales editoriales del país.
Notas
1. Véanse los Informes anuales 2001 y 2002 publicados por la CDHDF.
2. A la presentación del libro Comisiones de la verdad (en el Museo Franz Mayer, octubre de 2003) sólo asistieron alrededor de cuarenta personas (la mitad eran trabajadores de la CDHDF, incluyendo a las edecanes) de un total de 500 invitados. Comisiones de la verdad es uno de los pocos libros importantes publicados por la CDHDF, el cual pasó casi inadvertido. Editado en conjunto con la Asociación para la Prevención de la Tortura (Suiza), el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez y la Corporación de Promoción y Defensa de los Derechos del Pueblo (Chile), el volumen reúne reflexiones, discusiones y análisis sobre graves violaciones a derechos humanos cometidas por gobiernos y regímenes dictatoriales en varios países del mundo, incluyendo el caso de la guerra sucia en México. El desaire de los invitados a la presentación —incluida Rosario Ibarra de Piedra— es más que significativo y refleja la escasa capacidad de convocatoria de la CDHDF, por lo menos entre sectores más militantes y comprometidos.
3. La CDHDF encargó dos investigaciones sobre seguridad pública y procuración de justicia en el Distrito Federal a Antonio López Ugalde, investigador del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Sobra decir que éstas superan con mucho el nivel de la mayoría de otras investigaciones, en las cuales las conclusiones son baratas, las recomendaciones son huecas y las metodologías tratan como infantes a “las comunidades”, “las minorías” y demás “grupos vulnerables”. Las publicaciones de la CDHDF pueden solicitarse en la Subdirección de Distribución de la CDHDF, tel. 5229 5678.
Recuadro 1
El Ombudsbaby
La CDHDF fue fundada en 1993 basada en el modelo de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), de aliento salinista e inspirada, a su vez, en un modelo francés. El primer presidente fue Luis de la Barreda, electo por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) y reelecto para un segundo periodo. En 2000 la ALDF eligió a Emilio Álvarez Icaza (defensor de los derechos humanos desde los cinco años, como puede colegirse de la biografía que aparece en www.cdhdf.org.mx, sección Quiénes somos) para ocupar la presidencia de la CDHDF. Pero la ALDF, como las cámaras de diputados y senadores, no representan a nadie sino a sí mismas. —RV.
Recuadro 2
¡Todos juntos ya!
Cuando la invasión de Estados Unidos a Irak era ya un hecho, Álvarez Icaza invitó al personal de la CDHDF a participar en la marcha de protesta encabezada por senadores, diputados y otras especies dañinas de la vida pública nacional. Después, a la fallida “megamarcha” de los líderes de los sindicatos de electricistas, telefonistas y organizaciones campesinas, a la que se encaramaron astutamente los dinosaurios Bartlett, Cárdenas y Murat, muchos titulares de la CDHDF asistieron presurosos convencidos de que con su presencia detendrían el maligno proceso de privatización de los recursos naturales de la nación. Los lugares comunes de la izquierda mexicana —el fundamentalismo indígena y su guía suprema, Marcos, y un nacionalismo ramplón de estirpe priísta— constituyen en gran parte el sustrato ideológico de la élite dirigente de la CDHDF. Desde luego, no faltan los nuevos mártires en su santoral: la última es Digna Ochoa, que pasará a la historia con el rostro de Vanessa Bauche. —RV.
Recuadro 3
Salinas de Gortari y la creación de la CNDH
“Muchos miembros de la sociedad civil veían con reserva una iniciativa surgida desde el Estado, cuyo propósito era vigilar y sancionar a servidores públicos del mismo Estado. La clave para resolver estos señalamientos estaba en la manera de estructurar la nueva institución y, como sucedía siempre en las tareas de gobierno, también en la persona que tuviera la responsabilidad de conducirla en sus inicios.”
“Era fundamental que quien encabezara la nueva institución gozara de un pleno respeto en todos los ámbitos... El ombudsman era representante de la sociedad civil frente al Estado.”
“La CNDH se convirtió en una institución indispensable para el desarrollo democrático del país y para el fortalecimiento de la sociedad civil. Su creación y puesta en marcha respondió claramente a los propósitos del liberalismo social.”
Carlos Salinas de Gortari, México, un paso difícil a la modernidad, Plaza & Janés, 2000.
La Administración Pública y la defensa de los derechos humanos
Rogelio Villarreal*
El lenguaje de los derechos afirma que todos los seres humanos pueden participar en la deliberación esencial en la que se determinará cómo nos debemos tratar los unos a los otros.
MICHAEL IGNATIEFF, Los derechos humanos como política e idolatría (Paidós, 2003)
No pude con la burocracia, pero la burocracia tampoco pudo conmigo...
Ah, la ingenuidad. Cuando me llamaron pensé que requerían mis servicios para coordinar un departamento editorial, con un programa planeado responsable y concienzudamente. Pero poco más de un año como subdirector de Publicaciones de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) fue más que suficiente para percatarme de la disociación que existe entre el discurso y la práctica de la defensa de los derechos humanos en esa institución pública fundada hace diez años, por no hablar de las deplorables condiciones materiales de trabajo.
Porque si bien los principios y los objetivos de la CDHDF son compartidos, en términos generales, por todos los que desean ver y participar en el avance de la democracia y en la erradicación de la injusticia en esta ciudad —en este país—, la realidad que viví y atestigüé me hace concluir que la situación prevaleciente en la CDHDF dista mucho de ser la ideal para una institución que pretende ser humanista, democrática y transparente, y que el discurso entusiasta y triunfalista de su presidente, Emilio Álvarez Icaza,1 no es compartido, como él cree, por todos sus empleados.
Tanto Álvarez Icaza como su círculo inmediato de colaboradores provienen de lo que se ha dado en llamar pretenciosamente “sociedad civil organizada”, es decir, del activismo y la militancia “progresista” o de “izquierda”, de organismos no gubernamentales de varios signos —del feminismo al neozapatismo— y hasta de partidos desacreditados como el de la Revolución Democrática (PRD) y, además, de algunas otras organizaciones “comprometidas” con el fortalecimiento de la malhadada democracia mexicana. Sin embargo, es sorprendente ver cómo Álvarez Icaza y su gente se adaptaron a la Administración Pública de una manera tan natural y aterciopelada que no tardaron en reproducir sus viciados estilos de conducción; atavismos que deberían arrojarse al aún maloliente pasado autoritario y antidemocrático y desterrarlos de este presente dislocado y confuso, de transición y cambios —no de retrocesos: ¿adónde se fueron los ánimos reformadores que los caracterizaban hace apenas unos años?
Contadores contra editores
La estructura burocrática ha entorpecido, desde la fundación de la CDHDF, la concreción de un programa editorial estratégico —por no mencionar otros igualmente esenciales para la Comisión—, el cual debería ser producto del trabajo reflexivo y coordinado de la Presidencia, de los asesores y los titulares de todas las áreas: ¿de qué sirven 5 mil folletos contra la discriminación en una ciudad de 20 millones de habitantes? En realidad se trata de una labor improvisada y soslayada, a la que sólo se atiende cuando apremian el Informe anual, las tarjetas de navidad y los diplomas de fin de año.2
Sólo una concepción del trabajo que destaca el discurso y el lucimiento por encima de los resultados (a la que podemos calificar de priista) explica la ineptitud y la ineficiencia de los asesores del presidente de la CDHDF —con la honrosa excepción de Rafael Álvarez—, la prepotencia de su secretario particular —¿quieren testigos?— y la deficiente calidad de muchas de las investigaciones realizadas en áreas que a eso, precisamente, dedican sus esfuerzos.3 Por otra parte, habría que cuestionar también no solamente el sentido de las disposiciones del director general de Administración en relación con los descuentos a los empleados, sino también otras igualmente agresivas: la revisión de bolsas y portafolios, tratos diferenciados y excesivas trabas burocráticas que hacen que se gaste más tiempo en papeleo que en trabajo real. ¿No sería más idóneo y satisfactorio encontrar, en primera instancia, formas inteligentes y creativas de estimular la responsabilidad y la “cultura de respeto a los derechos humanos” entre los trabajadores de la CDHDF? ¿No podrían encaminarse los esfuerzos de la Administración hacia objetivos más acordes con su función, como la de aliviar la pesada carga de trabajo administrativo en las áreas de la institución y proveerlas de los elementos necesarios para su mejor desempeño?
Ante todo, elegancia, buen gusto y distinción...
La administración de Álvarez Icaza no sólo ha mantenido el tinte clasista, jerárquico e inequitativo que ha caracterizado desde hace décadas a la burocracia nacional, sino que ha actualizado políticas corporativas en aras del “control y la disciplina”. La burocracia propicia conductas aberrantes y corrosivas del espíritu —servilismo, oportunismo, irresponsabilidad, nepotismo...— distantes de los fines que persigue la verdadera defensa de los derechos humanos —y no la que echa mano de la corrección política a toda costa y del lenguaje artificial de la “perspectiva de género”.
La Administración Pública es rígida y, por desgracia, sus estipulaciones deben cumplirse cabalmente: ahí están, entre otras, las diferencias abismales entre los privilegios y los sueldos de los altos mandos y los de la “fuerza de trabajo”, los de intendencia y los de quienes trabajan por honorarios (muchos de los cuales carecen de seguridad social: una prestación obligatoria); la imposibilidad de ascender en el escalafón; la falacia del servicio civil de carrera (ya que los mejores puestos son para los amigos y no para quienes tienen los méritos suficientes); el hostigamiento laboral del cual han sido objeto varios empleados con el fin de obtener su renuncia y los despidos del personal “incómodo” sin mayores explicaciones (trabajadoras del desaparecido Centro de Atención Integral y Servicio —CAIS— y un redactor —Héctor Villarreal, coautor de este dossier— que se atrevió a quejarse por los descuentos ilegales). ¿Cuál es la causa de tantos despidos y renuncias en las últimas semanas? ¿Por qué una institución que presume de mediadora inhibe el diálogo y la conciliación entre sus integrantes? ¿En qué lugar queda la ética que tanto se pregona?
La Ciudad de México es ya una urbe monstruosa en donde los derechos humanos son cada vez más vulnerados, incluso dentro de la CDHDF. Para que esta institución pueda arrogarse la calidad moral imprescindible para emitir recomendaciones a funcionarios que atropellan los derechos humanos de los ciudadanos primero debe emprender un largo y genuino proceso de autocrítica, de reflexión y de reforma. La práctica de estos derechos debe darse de manera cotidiana y en todos los ámbitos, no solamente en los discursos o en los medios. De otro modo, no es más que simple y llana simulación.
* Rogelio Villarreal es autor de Cuarenta y 20 (Moho, 2000). Próximamente aparecerán sus libros El dilema de Bukowski y Sensacional de contracultura. Ha trabajado como corrector y editor en las principales editoriales del país.
Notas
1. Véanse los Informes anuales 2001 y 2002 publicados por la CDHDF.
2. A la presentación del libro Comisiones de la verdad (en el Museo Franz Mayer, octubre de 2003) sólo asistieron alrededor de cuarenta personas (la mitad eran trabajadores de la CDHDF, incluyendo a las edecanes) de un total de 500 invitados. Comisiones de la verdad es uno de los pocos libros importantes publicados por la CDHDF, el cual pasó casi inadvertido. Editado en conjunto con la Asociación para la Prevención de la Tortura (Suiza), el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez y la Corporación de Promoción y Defensa de los Derechos del Pueblo (Chile), el volumen reúne reflexiones, discusiones y análisis sobre graves violaciones a derechos humanos cometidas por gobiernos y regímenes dictatoriales en varios países del mundo, incluyendo el caso de la guerra sucia en México. El desaire de los invitados a la presentación —incluida Rosario Ibarra de Piedra— es más que significativo y refleja la escasa capacidad de convocatoria de la CDHDF, por lo menos entre sectores más militantes y comprometidos.
3. La CDHDF encargó dos investigaciones sobre seguridad pública y procuración de justicia en el Distrito Federal a Antonio López Ugalde, investigador del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Sobra decir que éstas superan con mucho el nivel de la mayoría de otras investigaciones, en las cuales las conclusiones son baratas, las recomendaciones son huecas y las metodologías tratan como infantes a “las comunidades”, “las minorías” y demás “grupos vulnerables”. Las publicaciones de la CDHDF pueden solicitarse en la Subdirección de Distribución de la CDHDF, tel. 5229 5678.
Recuadro 1
El Ombudsbaby
La CDHDF fue fundada en 1993 basada en el modelo de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), de aliento salinista e inspirada, a su vez, en un modelo francés. El primer presidente fue Luis de la Barreda, electo por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) y reelecto para un segundo periodo. En 2000 la ALDF eligió a Emilio Álvarez Icaza (defensor de los derechos humanos desde los cinco años, como puede colegirse de la biografía que aparece en www.cdhdf.org.mx, sección Quiénes somos) para ocupar la presidencia de la CDHDF. Pero la ALDF, como las cámaras de diputados y senadores, no representan a nadie sino a sí mismas. —RV.
Recuadro 2
¡Todos juntos ya!
Cuando la invasión de Estados Unidos a Irak era ya un hecho, Álvarez Icaza invitó al personal de la CDHDF a participar en la marcha de protesta encabezada por senadores, diputados y otras especies dañinas de la vida pública nacional. Después, a la fallida “megamarcha” de los líderes de los sindicatos de electricistas, telefonistas y organizaciones campesinas, a la que se encaramaron astutamente los dinosaurios Bartlett, Cárdenas y Murat, muchos titulares de la CDHDF asistieron presurosos convencidos de que con su presencia detendrían el maligno proceso de privatización de los recursos naturales de la nación. Los lugares comunes de la izquierda mexicana —el fundamentalismo indígena y su guía suprema, Marcos, y un nacionalismo ramplón de estirpe priísta— constituyen en gran parte el sustrato ideológico de la élite dirigente de la CDHDF. Desde luego, no faltan los nuevos mártires en su santoral: la última es Digna Ochoa, que pasará a la historia con el rostro de Vanessa Bauche. —RV.
Recuadro 3
Salinas de Gortari y la creación de la CNDH
“Muchos miembros de la sociedad civil veían con reserva una iniciativa surgida desde el Estado, cuyo propósito era vigilar y sancionar a servidores públicos del mismo Estado. La clave para resolver estos señalamientos estaba en la manera de estructurar la nueva institución y, como sucedía siempre en las tareas de gobierno, también en la persona que tuviera la responsabilidad de conducirla en sus inicios.”
“Era fundamental que quien encabezara la nueva institución gozara de un pleno respeto en todos los ámbitos... El ombudsman era representante de la sociedad civil frente al Estado.”
“La CNDH se convirtió en una institución indispensable para el desarrollo democrático del país y para el fortalecimiento de la sociedad civil. Su creación y puesta en marcha respondió claramente a los propósitos del liberalismo social.”
Carlos Salinas de Gortari, México, un paso difícil a la modernidad, Plaza & Janés, 2000.
lunes, enero 26, 2004
Por qué renuncié a la CDHDF
He aquí la carta que le envié al presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, donde trabajé como subdirector de Publicaciones hasta el 15 de enero de este año. Esperen más el próximo domingo en la revista Día Siete... a darles duro a los burócratas de izquierda!
México, D.F., a 15 de enero de 2004
Maestro Emilio Álvarez Icaza Longoria
Presidente de la Comisión de Derechos Humanos
del Distrito Federal
P r e s e n t e
El lenguaje de los derechos afirma que todos los seres humanos pueden participar en la deliberación esencial en la que se determinará cómo nos debemos tratar los unos a los otros.
MICHAEL IGNATIEFF, Los derechos humanos como política e idolatría (Paidós, 2003)
Hoy —mi último día de trabajo como subdirector de Publicaciones de esta Comisión— no quiero dejar pasar la oportunidad de informarle sobre las razones de mi renuncia voluntaria e irrevocable a ese cargo —del cual me hice responsable en noviembre del 2002—.
Si bien los nobles principios y los fines de la CDHDF son compartidos, en términos generales, por todos los que desean el avance de la democracia y la erradicación de la injusticia en este país, la realidad que tuve oportunidad de ver y palpar a lo largo de los últimos trece meses me obliga a concluir que la situación que prevalece en esta Comisión dista mucho de ser la ideal para una institución que pretende ser humanista, democrática y transparente, y que su discurso entusiasta y optimista no es compartido, infortunadamente, por todos sus empleados.
Tanto usted como su equipo de colaboradores más cercanos provienen de lo que se ha dado en llamar “sociedad civil organizada”, es decir, del activismo progresista o de izquierda, de organismos no gubernamentales de varios signos y tipos y hasta de partidos como el PRD y de algunas otras instituciones comprometidas con el fortalecimiento de la incipiente democracia mexicana. Sin embargo, es sorprendente que a su llegada a esta institución de Estado, es decir, a la administración pública —de suyo injusta, si hemos de ser honestos—, se adaptaron a ésta de una manera tan natural que no tardaron en reproducir estilos viciados de conducción, de relaciones y de trabajo que deberían corresponder al reciente pasado antidemocrático y autoritario y no a este presente dislocado y confuso, pero de transición y cambios, no de retrocesos. ¿Adónde se fueron esos ánimos reformadores que los caracterizaban hace apenas unos años?
Existe, por ejemplo, una estructura burocrática que ha impedido la concreción de una estrategia responsable y adecuada del programa editorial —por no mencionar a muchas otras tareas esenciales de la Comisión—, la cual debería ser producto del trabajo reflexivo y conjunto de la Presidencia, de los asesores y los titulares de todas las áreas, pero que tan sólo es en realidad una labor improvisada y soslayada (a la que sólo se atiende cuando apremian el Informe anual, las tarjetas de navidad y los reconocimientos; por suerte, ya no se imprime el menú para los consejeros...). Con todo, el programa editorial 2003 de la CDHDF se completó oportunamente.
Sólo una concepción del trabajo que destaca el discurso por encima de los resultados (a la que podemos calificar de priísta) puede explicar la ineptitud y la ineficiencia de algunos miembros de su equipo de asesores —con la honrosa excepción de Rafael Álvarez—, la prepotencia de su secretario particular y la pobre calidad de muchas de las investigaciones realizadas en diversas áreas. ¿Y de qué otra manera, si no, pueden explicarse las disposiciones del director general de Administración en relación con los retardos, las faltas y los descuentos? Esta situación, por cierto, ha provocado un sentimiento generalizado de incomodidad y malestar entre el personal de la Comisión. ¿No sería más idóneo y satisfactorio encontrar, en primera instancia, formas inteligentes y creativas de estimular la responsabilidad y la “cultura de respeto a los derechos humanos” entre los trabajadores de la CDHDF? ¿El control y la disciplina sólo pueden conseguirse mediante medidas coercitivas y hasta chantajistas? Por otra parte, una administración eficiente y ahorrativa no erogaría 11 mil pesos mensuales en la renta de un edificio que alberga un archivo muerto que nadie consultará por carecer de interés histórico. Es claro que los esfuerzos de la Administración podrían encaminarse hacia objetivos más acordes con su función, como la de aliviar la pesada carga de trabajo administrativo en todas las áreas de la institución y proveerlas de los elementos necesarios para su mejor desempeño. (Es significativo que hasta hace poco no había un Manual de Procedimientos.)
No puedo ocultar mi decepción ante el hecho de que la administración que usted preside mantiene el tinte clasista, jerárquico e inequitativo que ha caracterizado desde hace décadas a la burocracia nacional —a la sociedad entera, pues—, y más aún ver cómo se actualizan rancias políticas corporativas en aras del “control y la disciplina”. La burocracia corroe el alma y propicia conductas aberrantes en el ser humano —servilismo, oportunismo, irresponsabilidad, nepotismo, favoritismo, etc.—, distantes de los fines que persigue la defensa de los derechos humanos. Sí, la administración pública es rígida y, por desgracia, sus estipulaciones deben cumplirse: ahí están las diferencias abismales entre los sueldos y los privilegios de los altos mandos y los de los más humildes empleados y afanadores (muchos de los cuales carecen, por ejemplo, de seguridad social: una prestación obligatoria); la imposibilidad de ascender en el escalafón; la falacia del servicio civil de carrera por cuanto se privilegia a gente que proviene de fuera para ocupar puestos de importancia; el hostigamiento laboral del cual han sido objeto varios compañeros con el fin de conseguir su renuncia; los despidos del personal “incómodo” sin mayores explicaciones (trabajadoras del antiguo CAIS y un redactor que se atrevió a quejarse por los descuentos indebidos, por mencionar sólo dos casos) y el inexplicable congelamiento de las plazas vacantes. ¿Acaso se pregunta por qué ha habido tantas renuncias en las últimas semanas...? ¿Por qué una institución mediadora por excelencia, como es la CDHDF, inhibe el diálogo y la conciliación entre sus integrantes? ¿En qué lugar queda la ética que tanto se pregona?
Por estas razones, siento mucho no poder compartir con usted el entusiasmo que expresa por los logros pasados y futuros de la Comisión, y me permito expresarle, en cambio, mi más honda preocupación por el futuro de la CDHDF en una urbe monstruosa en la cual los derechos humanos son cada vez más vulnerados, incluso dentro de esta institución, a pesar de sus mejores intenciones. Lo invito a reflexionar sobre esta cuestión vital para la institución pública que dirige. Si no, ¿cómo puede arrogarse ésta la calidad moral imprescindible para emitir recomendaciones a funcionarios que atropellan los derechos humanos de los ciudadanos? La práctica de estos derechos debe darse de manera cotidiana y en todos los ámbitos, y no solamente en los discursos o en los medios. De otro modo, no es más que simple y llana simulación.
Así, es una inobjetable cuestión de principios la que me obliga a renunciar a mi puesto como Subdirector de Publicaciones de la CDHDF. No puedo seguir siendo cómplice de una situación a todas luces injusta.
Sin otro particular, aprovecho la ocasión para agradecerle la confianza depositada en mi trabajo y para enviarle un cordial saludo.
Atentamente
Rogelio Villarreal
México, D.F., a 15 de enero de 2004
Maestro Emilio Álvarez Icaza Longoria
Presidente de la Comisión de Derechos Humanos
del Distrito Federal
P r e s e n t e
El lenguaje de los derechos afirma que todos los seres humanos pueden participar en la deliberación esencial en la que se determinará cómo nos debemos tratar los unos a los otros.
MICHAEL IGNATIEFF, Los derechos humanos como política e idolatría (Paidós, 2003)
Hoy —mi último día de trabajo como subdirector de Publicaciones de esta Comisión— no quiero dejar pasar la oportunidad de informarle sobre las razones de mi renuncia voluntaria e irrevocable a ese cargo —del cual me hice responsable en noviembre del 2002—.
Si bien los nobles principios y los fines de la CDHDF son compartidos, en términos generales, por todos los que desean el avance de la democracia y la erradicación de la injusticia en este país, la realidad que tuve oportunidad de ver y palpar a lo largo de los últimos trece meses me obliga a concluir que la situación que prevalece en esta Comisión dista mucho de ser la ideal para una institución que pretende ser humanista, democrática y transparente, y que su discurso entusiasta y optimista no es compartido, infortunadamente, por todos sus empleados.
Tanto usted como su equipo de colaboradores más cercanos provienen de lo que se ha dado en llamar “sociedad civil organizada”, es decir, del activismo progresista o de izquierda, de organismos no gubernamentales de varios signos y tipos y hasta de partidos como el PRD y de algunas otras instituciones comprometidas con el fortalecimiento de la incipiente democracia mexicana. Sin embargo, es sorprendente que a su llegada a esta institución de Estado, es decir, a la administración pública —de suyo injusta, si hemos de ser honestos—, se adaptaron a ésta de una manera tan natural que no tardaron en reproducir estilos viciados de conducción, de relaciones y de trabajo que deberían corresponder al reciente pasado antidemocrático y autoritario y no a este presente dislocado y confuso, pero de transición y cambios, no de retrocesos. ¿Adónde se fueron esos ánimos reformadores que los caracterizaban hace apenas unos años?
Existe, por ejemplo, una estructura burocrática que ha impedido la concreción de una estrategia responsable y adecuada del programa editorial —por no mencionar a muchas otras tareas esenciales de la Comisión—, la cual debería ser producto del trabajo reflexivo y conjunto de la Presidencia, de los asesores y los titulares de todas las áreas, pero que tan sólo es en realidad una labor improvisada y soslayada (a la que sólo se atiende cuando apremian el Informe anual, las tarjetas de navidad y los reconocimientos; por suerte, ya no se imprime el menú para los consejeros...). Con todo, el programa editorial 2003 de la CDHDF se completó oportunamente.
Sólo una concepción del trabajo que destaca el discurso por encima de los resultados (a la que podemos calificar de priísta) puede explicar la ineptitud y la ineficiencia de algunos miembros de su equipo de asesores —con la honrosa excepción de Rafael Álvarez—, la prepotencia de su secretario particular y la pobre calidad de muchas de las investigaciones realizadas en diversas áreas. ¿Y de qué otra manera, si no, pueden explicarse las disposiciones del director general de Administración en relación con los retardos, las faltas y los descuentos? Esta situación, por cierto, ha provocado un sentimiento generalizado de incomodidad y malestar entre el personal de la Comisión. ¿No sería más idóneo y satisfactorio encontrar, en primera instancia, formas inteligentes y creativas de estimular la responsabilidad y la “cultura de respeto a los derechos humanos” entre los trabajadores de la CDHDF? ¿El control y la disciplina sólo pueden conseguirse mediante medidas coercitivas y hasta chantajistas? Por otra parte, una administración eficiente y ahorrativa no erogaría 11 mil pesos mensuales en la renta de un edificio que alberga un archivo muerto que nadie consultará por carecer de interés histórico. Es claro que los esfuerzos de la Administración podrían encaminarse hacia objetivos más acordes con su función, como la de aliviar la pesada carga de trabajo administrativo en todas las áreas de la institución y proveerlas de los elementos necesarios para su mejor desempeño. (Es significativo que hasta hace poco no había un Manual de Procedimientos.)
No puedo ocultar mi decepción ante el hecho de que la administración que usted preside mantiene el tinte clasista, jerárquico e inequitativo que ha caracterizado desde hace décadas a la burocracia nacional —a la sociedad entera, pues—, y más aún ver cómo se actualizan rancias políticas corporativas en aras del “control y la disciplina”. La burocracia corroe el alma y propicia conductas aberrantes en el ser humano —servilismo, oportunismo, irresponsabilidad, nepotismo, favoritismo, etc.—, distantes de los fines que persigue la defensa de los derechos humanos. Sí, la administración pública es rígida y, por desgracia, sus estipulaciones deben cumplirse: ahí están las diferencias abismales entre los sueldos y los privilegios de los altos mandos y los de los más humildes empleados y afanadores (muchos de los cuales carecen, por ejemplo, de seguridad social: una prestación obligatoria); la imposibilidad de ascender en el escalafón; la falacia del servicio civil de carrera por cuanto se privilegia a gente que proviene de fuera para ocupar puestos de importancia; el hostigamiento laboral del cual han sido objeto varios compañeros con el fin de conseguir su renuncia; los despidos del personal “incómodo” sin mayores explicaciones (trabajadoras del antiguo CAIS y un redactor que se atrevió a quejarse por los descuentos indebidos, por mencionar sólo dos casos) y el inexplicable congelamiento de las plazas vacantes. ¿Acaso se pregunta por qué ha habido tantas renuncias en las últimas semanas...? ¿Por qué una institución mediadora por excelencia, como es la CDHDF, inhibe el diálogo y la conciliación entre sus integrantes? ¿En qué lugar queda la ética que tanto se pregona?
Por estas razones, siento mucho no poder compartir con usted el entusiasmo que expresa por los logros pasados y futuros de la Comisión, y me permito expresarle, en cambio, mi más honda preocupación por el futuro de la CDHDF en una urbe monstruosa en la cual los derechos humanos son cada vez más vulnerados, incluso dentro de esta institución, a pesar de sus mejores intenciones. Lo invito a reflexionar sobre esta cuestión vital para la institución pública que dirige. Si no, ¿cómo puede arrogarse ésta la calidad moral imprescindible para emitir recomendaciones a funcionarios que atropellan los derechos humanos de los ciudadanos? La práctica de estos derechos debe darse de manera cotidiana y en todos los ámbitos, y no solamente en los discursos o en los medios. De otro modo, no es más que simple y llana simulación.
Así, es una inobjetable cuestión de principios la que me obliga a renunciar a mi puesto como Subdirector de Publicaciones de la CDHDF. No puedo seguir siendo cómplice de una situación a todas luces injusta.
Sin otro particular, aprovecho la ocasión para agradecerle la confianza depositada en mi trabajo y para enviarle un cordial saludo.
Atentamente
Rogelio Villarreal
domingo, octubre 19, 2003
El Gran Rechazo
Underground y contracultura
El contrapeso de la cultura occidental
ESCRIBE LUIS RACIONERO En Filosofías del underground (Anagrama):
Utilizo el término underground por ser más amplio que el de contracultura. De hecho, el término contracultura es una desafortunada traducción española del inglés 'counter culture'. En inglés se diferencia entre 'counter' y 'against'; 'against' es contra, en cambio 'counter' significa contrapeso, equilibrar por compensación. En este sentido, el término inglés contracultura significa el intento de equilibrar la cultura occidental compensándola en aquellos aspectos cuya carencia está provocando su declive. En la traducción española la idea ha adquirido connotaciones de movimiento anticultural, de ir contra toda cultura y no sólo [contra] los aspectos nocivos de ésta...
Sin embargo, hay quienes no distinguen entre underground y contracultura o leen con indiferencia no sólo estos dos términos, sino también palabras como alternativo y marginal, de la misma manera en que para algunos esto es algo que debe tomarse en serio y para otros más no dejan de ser banalidades de adolescentes tardíos o de excéntricos.
No pocos mistifican la historia del underground y se esfuerzan por mantener en sus pedestales a los santos contemporáneos de su preferencia (la contracultura también reproduce los vicios de la cultura dominante, y hay quienes necesitan leyendas y héroes para homenajear), más bien escasos y preferentemente estadounidenses: Leary, Burroughs, Bukowski, Ginsberg, Kerouac, Hoffman. (Algunos más osados se aventuran en otros continentes, en otras épocas y con autores como Blake, Huysman, Nerval, Hesse, Eliot, Crowley, Lord Byron, Huxley y más allá.)
No obstante, tal como lo explica Racionero, el underground tiene una larga historia que se remonta a los orígenes de la humanidad, y la contracultura vendría a ser solamente la "encarnación pasajera del underground en la década de los sesenta":
El underground [...] es la tradición del pensamiento heterodoxo que corre paralela y subterránea a lo largo de toda la historia de Occidente, desde la aparición de los chamanes prehistóricos, la instauración del derecho de propiedad, la transición al patriarcado y la invención de la autoridad y la guerra, hasta nuestros días.
Generaciones enteras elevaron el festival de Woodstock de 1968 y la erupción del punk en 1976 a dimensiones mitológicas -porque antes de estos acontecimientos no había nada, ¿o sí?-, pero los rastros de estos acontecimientos disruptivos se perderían pocos años después en los laberintos de la boyante industria discográfica y de la estrafalaria moda de cada día.
Racionero -filósofo, economista, ingeniero y urbanista- va a las raíces para devanar las convergencias contemporáneas del pensamiento del Gran Rechazo, como él denomina a la gran tradición underground. Existen vasos comunicantes entre las llamadas filosofías individualistas (el romanticismo, la ética amoral, el anarquismo) y algunas filosofías orientales (el taoísmo, el yoga y otras con "una visión alternativa del mundo, basada en el flujo y la transformación en vez de la inmutabilidad griega y las dualidades judeocristianas") y también con las filosofías psicodélicas (el chamanismo, la energía de la mente, -nacidas de los experimentos realizados con sustancias que cambian las conexiones cerebrales y que confirman la existencia de diferentes estados de conciencia, planteando el relativismo de la realidad contra el dogma positivista de la inmaculada percepción-, esto es, -el racionalismo como único método válido de conocimiento-). El underground es, así, una tradición universalista, antiautoritaria, comunal, libertaria y descentralizadora que se materializó estruendosamente 'la última vez' en la contracultura de los años sesenta, caracterizada formalmente por su énfasis en el rock, las drogas psicodélicas, las comunas y la filosofía oriental y hermética.
"Esta Gran Tradición underground se caracteriza por dos tendencias fundamentales -seguimos a Racionero-: la búsqueda de una solidaridad mundial y el cortocircuitaje de las líneas de poder, distribución, producción e información de las organizaciones autoritarias." En ese sentido, hubo acciones y manifestaciones de esta tradición que lograron extender a la práctica las ideas contraculturales: las comunas y las cooperativas como medios de producción y el arte underground -antes de Warhol- como medio de identificación (véanse de nuevo las portadas de los discos de Janis Joplin y los cómics de Robert Crumb). Vale la pena preguntarse en qué se ha transformado todo esto.
En esta esquina, los jipitecas...
En el mapa local la nación de Avándaro -la primera generación de gringos nacidos en México, bautizada así por un consternado Monsiváis- y el alivianado escritor de la onda, José Agustín, son aún las coordenadas obligadas de la resistencia contracultural mexicana de la década de los sesenta, en tanto que el amor libre, los Rolling Stones y Grateful Dead y poco después -en los años setenta-, Three Souls in My Mind, Santana y El Ritual (los Spiders en Guadalajara); la greña larga, los beatniks y la poesía y otras literaturas marginales (los infrarrealistas), la mariguana, las drogas psicodélicas, los viajes interiores y a la sierra de Huautla, la ropa de manta y los huipiles, el esoterismo (la prehistoria del new age de los noventa), la alimentación vegetariana, las filosofías orientales y el repudio al autoritarismo fueron las estridentes banderas de un movimiento necesariamente minoritario -las mayorías pusilánimes se acogen al manto protector del Estado- y vapuleado, por un lado, por los macanazos del paternalismo priísta y la moral cristiana de la gran familia mexicana y, por el otro, por el rechazo a priori de las incorruptibles juventudes izquierdistas -cobijados por la imagen beatífica del Che Guevara-, adiestradas para escuchar consignas musicalizadas con quenas y charangos bolivianos y memorizar los manuales de la estalinista chilena Martha Harnecker. (El rock es un instrumento de penetración del imperialismo yanqui, compañero.)
Estas manifestaciones escandalizaban e irritaban a los conservadores de hace treinta o cuarenta años -que en poco se distinguen de los de ahora-. Hoy son consustanciales a nuestra cotidianeidad: la tensegridad es una terapia inventada por Castaneda para esquilmar a las señoras ricas y el vegetarianismo una moda cara y glamorosa: cómo no, la Era de Acuario y el mercado se llevan de maravilla. El rock perdió hace años su aura contestataria y se volvió un entretenimiento infantil y las drogas -vendidas al amparo de la policía- sirven para todo menos para expandir la conciencia. La literatura es un carrera enloquecida de vanidades y premios y el arte conceptual un negocio transnacional de millonarios ilustrados.
Con todo, la sociedad no es la misma que la de los años sesenta. El paisaje es diferente y las formas que adopta el underground otras muy distintas. Los escenarios se han ensanchado y los mecanismos de la represión se han vuelto más sutiles (aunque no está de más tener los toletes a la mano). El sistema, por cierto, goza de perfecta salud.
Pero -underground es un término ya insostenible o aun menos apto que alternativo-, escribe Heriberto Yépez en la Tijuana del nuevo siglo: -Lo underground ya no puede existir en un mundo dominado por los paparazzis y los hackers, los mass media y los peep shows, un mundo en el que las becas del Fonca apoyan incluso a los hoyos fonqui-.
Yépez podría tener razón. Desde tiempos inmemoriales la omnipresencia del Estado mexicano ha creado seres de espíritus sumisos y maleables. Los brotes de inteligencia y rebeldía que iluminaron el siglo XX -el movimiento estridentista, el de los contemporáneos, los muralistas, la generación de la ruptura, los enfants terribles de los sesenta y los roqueros de los ochenta- fueron tergiversados y apropiados por el establishment, pese a la retórica violenta y contestataria original de aquellas manifestaciones. En el mejor de los casos, algunos de estos rebeldes geniales optaron por el suicidio (Jorge Cuesta), el autoexilio (Alejandro Jodorowski) o las drogas, la mota y el alcohol. Unos cuantos más pudieron vivir soterradamente al margen del erario y de los homenajes. (¡Ave César, Juan José Gurrola!) Los demás viven felices en el limbo del arte y la literatura nacional o dentro de la pantalla del televisor.
Casi nada escapa al ojo clínico del Estado mexicano y no hay nada que éste no pueda pervertir o tragar con consecuencias apenas indigestas. Las revoluciones -la mexicana, la soviética, la cubana- hace mucho tiempo que se despojaron de la piel de oveja y se convirtieron en lobos aún más feroces que los del viejo Marx. El Che Guevara -homofóbico y arbitrario- murió de asma y de un tiro de gracia en las montañas bolivianas, y las playeras con su imagen estampada que visten los atroces globalifóbicos mueven más a la curiosidad y a la moda que a la reverencia. (El mejor corolario para este derrumbe estrepitoso es el extraordinario diseño de Eduardo Chavarín con el rostro del payasito de la tele, Cepillín, mirando al horizonte y luciendo la boina del exaltado guerrillero.)
La contracultura del año 5000
No es fácil moverse en los márgenes del poder y de las instituciones, y es casi imposible evadir el peso y los estragos de la ideología dominante. Escribe Héctor Villarreal:
Una vez que el hedonismo es el pilar del capitalismo, los temas relacionados con la sexualidad, el consumo de drogas y la crítica a cualquier valor religioso, costumbrista o moral son absolutamente inocuos para un sistema en el que la eficiencia en la esfera económica no tiene otro fundamento que el de la máxima ganancia mediante la oferta de los satisfactores imaginarios y simbólicos detonados por el consumismo. Los escándalos en torno a algún artista que ataque o critique aspectos de alguna religión institucionalizada son motivo de discusión en la prensa, pero son totalmente asimilables en una sociedad abierta y presentados como muestra de su amplia tolerancia (Cuadernos de ContraCultura 2).
La crítica, la ironía, la parodia, la inconformidad, la intransigencia lúcida y la creatividad son nociones y actitudes difíciles de poner en práctica en la vida cotidiana sin que pierdan mucho de su intención y efectividad: la indiferencia de la sociedad acaba por ahogarlas. La literatura, el cine y las artes se consumen en sectores muy reducidos. Las parcelas de poder están bien distribuidas y el hombre y la mujer de la calle buscan la manera más ventajosa de sobrevivir, a costa de quien sea. La solidaridad es un concepto en desuso. De las rebeliones se pasó al desencanto y al suicidio (remember Kurt Cobain). Sólo los yupis son felices. La sociedad es permisiva y sólo se escandalizan -o fingen que lo hacen- los ultras del conservadurismo financiero, político y religioso.
¿La globalifobia es contracultural?
Los neozapatistas declararon la guerra al gobierno mexicano y éste les declaró su amor. La entrada de la marcha zapatista a la Ciudad de México se olvidó al día siguiente. (¡No, no es cierto!, gritan los monos blancos y los indios de Barcelona al ritmo de Manu Chao.) En tanto, los aborígenes de todos los signos ideológicos, religiosos y culturales sufren las consecuencias de su propia civilización -de sus atávicos usos y costumbres- y de nuestra globalización (¿quién es más indio, un mixteco de Oaxaca o uno emigrado a Los Ángeles?). Los globalifóbicos -o altermundistas, el mamoncísimo término acuñado con histérica presteza por los políticamente correctos-, anarquistas y zapatistas de corazón, se olvidaron de leer y de pensar: lo único que los diferencia de los enclaustrados en la casa del Big Brother es la clase social: el lenguaje es el mismo, como lo es también su actitud antiintelectual (Oye, Mosh, acá tengo unos libritos, si te interesan...). Uniformados por la globalización a la que tanto aborrecen, los desbocados rebeldes del mundo apedrean MacDonald's y erigen héroes cada año para refrendar su compromiso con la inminente revolución interplanetaria. (¿Cómo carajos se llama el campesino coreano inmolado en Cancún?)
La contracultura no va a cambiar al sistema, pero ha estado transformando al mundo desde los comienzos mismos de la humanidad. El underground ha provocado el relajamiento de las costumbres y mayor permisividad de la sociedad occidental (los movimientos políticos son cada vez menos políticos y más salvajes y, como sabemos, sólo pretenden la sustitución de un poder por otro igualmente nocivo). No importa que el sistema parezca vencer siempre, basta con que alguien, en alguna parte, sea capaz de desnudar a la hipocresía, la burocracia y la moral que campea en todos los ámbitos de la civilización.
* Leí una versión de este texto el 10 de octubre ante sesenta amigos, periodistas, anarcopunks, darketos y un judío borracho en el bar Les Fleurs du Mort, de Guadalajara, dentro del ciclo de conferencias El País Oculto, organizado por la Dirección de Actividades Culturales de la Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco. Gracias a Francisco Javier Lozano y a Bernardo Esquinca.
Underground y contracultura
El contrapeso de la cultura occidental
ESCRIBE LUIS RACIONERO En Filosofías del underground (Anagrama):
Utilizo el término underground por ser más amplio que el de contracultura. De hecho, el término contracultura es una desafortunada traducción española del inglés 'counter culture'. En inglés se diferencia entre 'counter' y 'against'; 'against' es contra, en cambio 'counter' significa contrapeso, equilibrar por compensación. En este sentido, el término inglés contracultura significa el intento de equilibrar la cultura occidental compensándola en aquellos aspectos cuya carencia está provocando su declive. En la traducción española la idea ha adquirido connotaciones de movimiento anticultural, de ir contra toda cultura y no sólo [contra] los aspectos nocivos de ésta...
Sin embargo, hay quienes no distinguen entre underground y contracultura o leen con indiferencia no sólo estos dos términos, sino también palabras como alternativo y marginal, de la misma manera en que para algunos esto es algo que debe tomarse en serio y para otros más no dejan de ser banalidades de adolescentes tardíos o de excéntricos.
No pocos mistifican la historia del underground y se esfuerzan por mantener en sus pedestales a los santos contemporáneos de su preferencia (la contracultura también reproduce los vicios de la cultura dominante, y hay quienes necesitan leyendas y héroes para homenajear), más bien escasos y preferentemente estadounidenses: Leary, Burroughs, Bukowski, Ginsberg, Kerouac, Hoffman. (Algunos más osados se aventuran en otros continentes, en otras épocas y con autores como Blake, Huysman, Nerval, Hesse, Eliot, Crowley, Lord Byron, Huxley y más allá.)
No obstante, tal como lo explica Racionero, el underground tiene una larga historia que se remonta a los orígenes de la humanidad, y la contracultura vendría a ser solamente la "encarnación pasajera del underground en la década de los sesenta":
El underground [...] es la tradición del pensamiento heterodoxo que corre paralela y subterránea a lo largo de toda la historia de Occidente, desde la aparición de los chamanes prehistóricos, la instauración del derecho de propiedad, la transición al patriarcado y la invención de la autoridad y la guerra, hasta nuestros días.
Generaciones enteras elevaron el festival de Woodstock de 1968 y la erupción del punk en 1976 a dimensiones mitológicas -porque antes de estos acontecimientos no había nada, ¿o sí?-, pero los rastros de estos acontecimientos disruptivos se perderían pocos años después en los laberintos de la boyante industria discográfica y de la estrafalaria moda de cada día.
Racionero -filósofo, economista, ingeniero y urbanista- va a las raíces para devanar las convergencias contemporáneas del pensamiento del Gran Rechazo, como él denomina a la gran tradición underground. Existen vasos comunicantes entre las llamadas filosofías individualistas (el romanticismo, la ética amoral, el anarquismo) y algunas filosofías orientales (el taoísmo, el yoga y otras con "una visión alternativa del mundo, basada en el flujo y la transformación en vez de la inmutabilidad griega y las dualidades judeocristianas") y también con las filosofías psicodélicas (el chamanismo, la energía de la mente, -nacidas de los experimentos realizados con sustancias que cambian las conexiones cerebrales y que confirman la existencia de diferentes estados de conciencia, planteando el relativismo de la realidad contra el dogma positivista de la inmaculada percepción-, esto es, -el racionalismo como único método válido de conocimiento-). El underground es, así, una tradición universalista, antiautoritaria, comunal, libertaria y descentralizadora que se materializó estruendosamente 'la última vez' en la contracultura de los años sesenta, caracterizada formalmente por su énfasis en el rock, las drogas psicodélicas, las comunas y la filosofía oriental y hermética.
"Esta Gran Tradición underground se caracteriza por dos tendencias fundamentales -seguimos a Racionero-: la búsqueda de una solidaridad mundial y el cortocircuitaje de las líneas de poder, distribución, producción e información de las organizaciones autoritarias." En ese sentido, hubo acciones y manifestaciones de esta tradición que lograron extender a la práctica las ideas contraculturales: las comunas y las cooperativas como medios de producción y el arte underground -antes de Warhol- como medio de identificación (véanse de nuevo las portadas de los discos de Janis Joplin y los cómics de Robert Crumb). Vale la pena preguntarse en qué se ha transformado todo esto.
En esta esquina, los jipitecas...
En el mapa local la nación de Avándaro -la primera generación de gringos nacidos en México, bautizada así por un consternado Monsiváis- y el alivianado escritor de la onda, José Agustín, son aún las coordenadas obligadas de la resistencia contracultural mexicana de la década de los sesenta, en tanto que el amor libre, los Rolling Stones y Grateful Dead y poco después -en los años setenta-, Three Souls in My Mind, Santana y El Ritual (los Spiders en Guadalajara); la greña larga, los beatniks y la poesía y otras literaturas marginales (los infrarrealistas), la mariguana, las drogas psicodélicas, los viajes interiores y a la sierra de Huautla, la ropa de manta y los huipiles, el esoterismo (la prehistoria del new age de los noventa), la alimentación vegetariana, las filosofías orientales y el repudio al autoritarismo fueron las estridentes banderas de un movimiento necesariamente minoritario -las mayorías pusilánimes se acogen al manto protector del Estado- y vapuleado, por un lado, por los macanazos del paternalismo priísta y la moral cristiana de la gran familia mexicana y, por el otro, por el rechazo a priori de las incorruptibles juventudes izquierdistas -cobijados por la imagen beatífica del Che Guevara-, adiestradas para escuchar consignas musicalizadas con quenas y charangos bolivianos y memorizar los manuales de la estalinista chilena Martha Harnecker. (El rock es un instrumento de penetración del imperialismo yanqui, compañero.)
Estas manifestaciones escandalizaban e irritaban a los conservadores de hace treinta o cuarenta años -que en poco se distinguen de los de ahora-. Hoy son consustanciales a nuestra cotidianeidad: la tensegridad es una terapia inventada por Castaneda para esquilmar a las señoras ricas y el vegetarianismo una moda cara y glamorosa: cómo no, la Era de Acuario y el mercado se llevan de maravilla. El rock perdió hace años su aura contestataria y se volvió un entretenimiento infantil y las drogas -vendidas al amparo de la policía- sirven para todo menos para expandir la conciencia. La literatura es un carrera enloquecida de vanidades y premios y el arte conceptual un negocio transnacional de millonarios ilustrados.
Con todo, la sociedad no es la misma que la de los años sesenta. El paisaje es diferente y las formas que adopta el underground otras muy distintas. Los escenarios se han ensanchado y los mecanismos de la represión se han vuelto más sutiles (aunque no está de más tener los toletes a la mano). El sistema, por cierto, goza de perfecta salud.
Pero -underground es un término ya insostenible o aun menos apto que alternativo-, escribe Heriberto Yépez en la Tijuana del nuevo siglo: -Lo underground ya no puede existir en un mundo dominado por los paparazzis y los hackers, los mass media y los peep shows, un mundo en el que las becas del Fonca apoyan incluso a los hoyos fonqui-.
Yépez podría tener razón. Desde tiempos inmemoriales la omnipresencia del Estado mexicano ha creado seres de espíritus sumisos y maleables. Los brotes de inteligencia y rebeldía que iluminaron el siglo XX -el movimiento estridentista, el de los contemporáneos, los muralistas, la generación de la ruptura, los enfants terribles de los sesenta y los roqueros de los ochenta- fueron tergiversados y apropiados por el establishment, pese a la retórica violenta y contestataria original de aquellas manifestaciones. En el mejor de los casos, algunos de estos rebeldes geniales optaron por el suicidio (Jorge Cuesta), el autoexilio (Alejandro Jodorowski) o las drogas, la mota y el alcohol. Unos cuantos más pudieron vivir soterradamente al margen del erario y de los homenajes. (¡Ave César, Juan José Gurrola!) Los demás viven felices en el limbo del arte y la literatura nacional o dentro de la pantalla del televisor.
Casi nada escapa al ojo clínico del Estado mexicano y no hay nada que éste no pueda pervertir o tragar con consecuencias apenas indigestas. Las revoluciones -la mexicana, la soviética, la cubana- hace mucho tiempo que se despojaron de la piel de oveja y se convirtieron en lobos aún más feroces que los del viejo Marx. El Che Guevara -homofóbico y arbitrario- murió de asma y de un tiro de gracia en las montañas bolivianas, y las playeras con su imagen estampada que visten los atroces globalifóbicos mueven más a la curiosidad y a la moda que a la reverencia. (El mejor corolario para este derrumbe estrepitoso es el extraordinario diseño de Eduardo Chavarín con el rostro del payasito de la tele, Cepillín, mirando al horizonte y luciendo la boina del exaltado guerrillero.)
La contracultura del año 5000
No es fácil moverse en los márgenes del poder y de las instituciones, y es casi imposible evadir el peso y los estragos de la ideología dominante. Escribe Héctor Villarreal:
Una vez que el hedonismo es el pilar del capitalismo, los temas relacionados con la sexualidad, el consumo de drogas y la crítica a cualquier valor religioso, costumbrista o moral son absolutamente inocuos para un sistema en el que la eficiencia en la esfera económica no tiene otro fundamento que el de la máxima ganancia mediante la oferta de los satisfactores imaginarios y simbólicos detonados por el consumismo. Los escándalos en torno a algún artista que ataque o critique aspectos de alguna religión institucionalizada son motivo de discusión en la prensa, pero son totalmente asimilables en una sociedad abierta y presentados como muestra de su amplia tolerancia (Cuadernos de ContraCultura 2).
La crítica, la ironía, la parodia, la inconformidad, la intransigencia lúcida y la creatividad son nociones y actitudes difíciles de poner en práctica en la vida cotidiana sin que pierdan mucho de su intención y efectividad: la indiferencia de la sociedad acaba por ahogarlas. La literatura, el cine y las artes se consumen en sectores muy reducidos. Las parcelas de poder están bien distribuidas y el hombre y la mujer de la calle buscan la manera más ventajosa de sobrevivir, a costa de quien sea. La solidaridad es un concepto en desuso. De las rebeliones se pasó al desencanto y al suicidio (remember Kurt Cobain). Sólo los yupis son felices. La sociedad es permisiva y sólo se escandalizan -o fingen que lo hacen- los ultras del conservadurismo financiero, político y religioso.
¿La globalifobia es contracultural?
Los neozapatistas declararon la guerra al gobierno mexicano y éste les declaró su amor. La entrada de la marcha zapatista a la Ciudad de México se olvidó al día siguiente. (¡No, no es cierto!, gritan los monos blancos y los indios de Barcelona al ritmo de Manu Chao.) En tanto, los aborígenes de todos los signos ideológicos, religiosos y culturales sufren las consecuencias de su propia civilización -de sus atávicos usos y costumbres- y de nuestra globalización (¿quién es más indio, un mixteco de Oaxaca o uno emigrado a Los Ángeles?). Los globalifóbicos -o altermundistas, el mamoncísimo término acuñado con histérica presteza por los políticamente correctos-, anarquistas y zapatistas de corazón, se olvidaron de leer y de pensar: lo único que los diferencia de los enclaustrados en la casa del Big Brother es la clase social: el lenguaje es el mismo, como lo es también su actitud antiintelectual (Oye, Mosh, acá tengo unos libritos, si te interesan...). Uniformados por la globalización a la que tanto aborrecen, los desbocados rebeldes del mundo apedrean MacDonald's y erigen héroes cada año para refrendar su compromiso con la inminente revolución interplanetaria. (¿Cómo carajos se llama el campesino coreano inmolado en Cancún?)
La contracultura no va a cambiar al sistema, pero ha estado transformando al mundo desde los comienzos mismos de la humanidad. El underground ha provocado el relajamiento de las costumbres y mayor permisividad de la sociedad occidental (los movimientos políticos son cada vez menos políticos y más salvajes y, como sabemos, sólo pretenden la sustitución de un poder por otro igualmente nocivo). No importa que el sistema parezca vencer siempre, basta con que alguien, en alguna parte, sea capaz de desnudar a la hipocresía, la burocracia y la moral que campea en todos los ámbitos de la civilización.
* Leí una versión de este texto el 10 de octubre ante sesenta amigos, periodistas, anarcopunks, darketos y un judío borracho en el bar Les Fleurs du Mort, de Guadalajara, dentro del ciclo de conferencias El País Oculto, organizado por la Dirección de Actividades Culturales de la Secretaría de Cultura del Estado de Jalisco. Gracias a Francisco Javier Lozano y a Bernardo Esquinca.
martes, septiembre 23, 2003
Apareció ya el primer número de los Cuadernos de ContraCultura, con una entrevista del maestro Carlos Martínez Rentería (director de Generación) a un servidor; un texto de Heriberto Yépez sobre Cuarenta y 20, y otro de Diana Palaversich sobre el mismo libro y otro de Fadanelli, Más alemán que Hitler. Cuando me vean pídanmelo, es gratis... Lo repartiré en mi charla sobre Cultura Underground el 10 de octubre en el café Las Flores del Muerto, en Guadalajara City.
domingo, septiembre 14, 2003
lunes, agosto 25, 2003
De un solo putazo visual el tijuanense Edoardo Chavarín --diseñador de NaCo-- le da en la madre a la añeja ideología guevarista, tan cara a los neozapatoides, cegeacheros y demás especímenes de lo que antes se llamaba "izquierda". Su diseño del "Chepillín", que luce ya en playeras chilangas y del país, condensa humor y crítica feroz. El rostro adusto del famoso payaso regiomontano portando la boina del guerrillero asmático es una extraordinaria vuelta de tuerca a la celebérrima imagen, reproducida millones de veces desde los años sesenta en todo el mundo por comerciantes y oportunistas y usada hasta el desgaste por los que aún creen en las bondades de un socialismo decrépito y sanguinario... La playera original cuesta 200 pesos, pero puedes conseguir la pirata a 50 varos en la calles de la Ciudad de México...
jueves, julio 31, 2003
Gracias, Bonet!
Anoche, a eso de las once, se escucharon a lo lejos unos gritos que conforme se acercaban dejaban oir la frase: "Estoy de buen humor!", que se repetía cada cinco segundos con el volumen cada vez más alto. Reconocí la voz de mi amigo Rubén Bonet. Yo estaba sentado en la taza del escusado. Bonet pasó bajo mi casa y modificó su canto: "Ese mi Roger!", y después siguió con el mismo grito: "Estoy de buen humor!", que se perdió entre las calles de la colonia Condesa.
Desde aquí le agradezco el saludo, que hizo más grata mi estancia en el baño: Salud, poeta!
Anoche, a eso de las once, se escucharon a lo lejos unos gritos que conforme se acercaban dejaban oir la frase: "Estoy de buen humor!", que se repetía cada cinco segundos con el volumen cada vez más alto. Reconocí la voz de mi amigo Rubén Bonet. Yo estaba sentado en la taza del escusado. Bonet pasó bajo mi casa y modificó su canto: "Ese mi Roger!", y después siguió con el mismo grito: "Estoy de buen humor!", que se perdió entre las calles de la colonia Condesa.
Desde aquí le agradezco el saludo, que hizo más grata mi estancia en el baño: Salud, poeta!
martes, julio 29, 2003
Me escribió un chavo de Barcelona para contarme el siguiente chisme:
Hola:
Soy de Barcelona y me impresionó que el escritor Juan Villoro se expresara de usted tan mal (también de otro escritor al que no se si le apodan o se llama Willy Fadanelli).
Puse el nombre (de usted) y me encontré su blog.
¿Podría usted explicar en su blog por qué el sr. Villoro se expresa de usted con terminos como: "R. Villarreal es un simple cero a la izquierda. Una basura que mejor no vale la pena hablar de él."
Tanta molestia de Don Juan me impresionó y curiosamente le hizo propaganda a usted. Suele suceder.
Espero ver en su blog sus comentarios acerca de J.V.
Gracias:
Fernando Campos
--
Le escribí- a Fernando para preguntarle dónde había hecho Villoro estas declaraciones y me contestó lo que sigue:
Hola:
Estuve lejos de esta PC por cuestiones de trabajo.
Pues esas declaraciones -o comentarios- los hizo en una televisora local (aquí- en Barcelona).
Creo que lo que mas nos molestó fue que pusiera una cara como de desdén ”o como de "fuchi" como decís vosotros- hacía usted (y el sr. Fadanelli).
A mi en lo personal también Villoro me parece un gran hipócrita.
Buscaré textos de Fadanelli. Gracias por la sugerencia.
Saludos:
Fernando Campos.
--
Villoro está encabronado conmigo porque hace diez años publiqué en La Jornada Semanal que era un niño fresa que escribía con cierta gracia, pero nada más. Y hace unos meses en Complot (un número dedicado al cine), escribí- sobre la película ‘Vivir mata’, de la que él es guinoista, que era una verdadera mierda. por eso no me traga. De Fadanelli pues seguramente le caga que escriba mucho mejor que él. ¿Qué otra cosa puede ser?
Hola:
Soy de Barcelona y me impresionó que el escritor Juan Villoro se expresara de usted tan mal (también de otro escritor al que no se si le apodan o se llama Willy Fadanelli).
Puse el nombre (de usted) y me encontré su blog.
¿Podría usted explicar en su blog por qué el sr. Villoro se expresa de usted con terminos como: "R. Villarreal es un simple cero a la izquierda. Una basura que mejor no vale la pena hablar de él."
Tanta molestia de Don Juan me impresionó y curiosamente le hizo propaganda a usted. Suele suceder.
Espero ver en su blog sus comentarios acerca de J.V.
Gracias:
Fernando Campos
--
Le escribí- a Fernando para preguntarle dónde había hecho Villoro estas declaraciones y me contestó lo que sigue:
Hola:
Estuve lejos de esta PC por cuestiones de trabajo.
Pues esas declaraciones -o comentarios- los hizo en una televisora local (aquí- en Barcelona).
Creo que lo que mas nos molestó fue que pusiera una cara como de desdén ”o como de "fuchi" como decís vosotros- hacía usted (y el sr. Fadanelli).
A mi en lo personal también Villoro me parece un gran hipócrita.
Buscaré textos de Fadanelli. Gracias por la sugerencia.
Saludos:
Fernando Campos.
--
Villoro está encabronado conmigo porque hace diez años publiqué en La Jornada Semanal que era un niño fresa que escribía con cierta gracia, pero nada más. Y hace unos meses en Complot (un número dedicado al cine), escribí- sobre la película ‘Vivir mata’, de la que él es guinoista, que era una verdadera mierda. por eso no me traga. De Fadanelli pues seguramente le caga que escriba mucho mejor que él. ¿Qué otra cosa puede ser?
Este texto se publicó el domingo 27 de julio en El Ángel, suplemento cultural del diario chilango Reforma:
Fuerza a través de la alegría
Pasión y muerte del VW Beetle
Rogelio Villarreal
De Hitler para el mundo
Adolfo Hitler encomendó a Ferdinand Porsche la creación de un automóvil familiar para que los alemanes recorrieran las flamantes autopistas de la nueva Alemania nazi, el imperio del superhombre ario que habría de durar mil años.
El pequeño carro debería reunir las características siguientes:
- capacidad para dos adultos y tres niños
- o bien, transportar tres soldados y una ametralladora
- correr a 100 kilómetros por hora
- rendir 1.7 litros por kilómetro
- un motor confiable y enfriado por aire
- costar menos de mil marcos.
La guerra obligó a Hitler a producir vehículos militares en las plantas de la BMW, Mercedes Benz y Volkswagen -“donde trabajaron como esclavos miles de eslavos, judíos y gitanos sin recibir nada más que azotes y humillaciones y, en numerosos casos, la muerte.
El anhelo hitleriano de que cada familia germana fuera dueña de su propio auto fue truncado por la invasión a Polonia en 1939. Más de 300 mil trabajadores ya se habían comprometido a pagar, mediante cupones y con grandes esfuerzos, los 500 marcos que costaba el resistente vehículo, el cual, por cierto, llevaba el nombre de KdF-wagen: Kraft durch Freude, que significa 'A la fuerza a través de la alegría'.
Sin embargo, el delirio hitleriano siguió cauces inesperados. El führer jamás imaginó que el compacto se produciría en masa y que sería el modo de transporte favorito de millones de trabajadores estadounidenses, mexicanos y brasileños. Al término de la guerra los ingleses se hicieron cargo de las instalaciones de la VW y reiniciaron la producción de autos, que volvió a manos de la República Federal Alemana al cabo de unos años. El automóvil se produjo con pocas variantes durante siete décadas en Alemania, Estados Unidos, México y Brasil (a cuya planta, fundada en 1953 en Sao Paulo, llegaron exiliados nazis camuflados como ingenieros).
En los años sesenta, millones de estadounidenses -“aventureros y estudiantes postbeatniks- cruzaron el país de costa a costa en esos ahorrativos vehículos, que se convirtieron en el símbolo de la libertad y el movimiento, y en un icono de la cultura pop.
En México, la planta de Puebla se inauguró en 1968 y, aunque ésta seguirá produciendo automóviles, ha dejado de fabricar el clásico Beetle (escarabajo) o vochito, como le llama el usuario mexicano.
Los artistas viajan en VW
Pese a su popularidad, el Volkswagen ha tenido poca presencia en el mundo del arte. En 1978 un vehículo de éstos fue la estrella de una película en Estados Unidos (Herbie, Cupido motorizado), que poco tiene que ver con el arte (pero sí con el espectáculo, su hermana mayor), y en 1974 Chris Burden había hecho su Trans-Fixed, una pieza en la que él se colocaba con los brazos abiertos como un Cristo sobre el toldo de un VW.
-œEl arte requiere ideas: no sólo enseñar el cómo, sino saber el porqué. Hoy en día imperan los criterios de funcionarios de la cultura, museólogos, galeristas, curadores, coleccionistas y similares, que las más de las veces carecen del aparato conceptual que permite pensar a fondo el ser del arte y que, en gran medida, han contribuido a trivializarlo-, escribe el filósofo Jorge Juanes en su concisa obra Más allá del arte conceptual (Ediciones Sin Nombre/Conaculta, 2002). Sin embargo, remontando las trabas y marañas que enrarecen la lectura y comprensión del arte, dos artistas han creado sendas piezas que abordan la conexión entre ideología, tecnología y producción industrial -“con el VW como sujeto paradigmático.
Alonso Mateo (La Habana, 1964), en su instalación de 1997 –‘Fuerza a través de la alegría’-en el Museo del Chopo de la Ciudad de México, establece una mordaz similitud entre los megalomaniacos afanes productivos de Adolfo Hitler y Fidel Castro. Siete vochos de yeso en tamaño natural, cubiertos de azúcar, parodian la desmesurada idea de Castro de alcanzar 10 millones de toneladas de caña de azúcar en la malograda zafra de 1970. Como Hitler, el dictador caribeño tampoco pudo cumplir su meta (Stalin, seguramente, lo habría mandado fusilar).
Por su parte, el ex historietista mexicano Damián Ortega (Ciudad de México, 1970) ha conservado el humor que caracterizaba sus primeros trabajos. En septiembre de 2002 presentó, en el Institute of Contemporary Art de Filadelfia, la instalación Cosmic Thing, un volkswagen clásico desmembrado y suspendido del techo de la galería por resistentes cables usados en la industria de la aviación. A la manera de un dinosaurio en un museo, el VW aparece fragmentado en una constelación de piezas que parecen expandirse desde su centro, como en el Big Bang original. El vehículo, harto conocido y usado por millones de mexicanos, es objeto de una minuciosa disección arqueológica que desnuda su esencia y sus escasos misterios.
Mucho más publicitada que la instalación de Alonso Mateo, Cosmic Thing supera con mucho el corpus reiterativo y vano de su promotor Gabriel Orozco, artista mexicano impulsado a la fama internacional por los irresistibles mecanismos del infladísimo del arte.
Junto a las piezas de Alonso Mateo y de Damián Ortega deberían colocarse dos piezas más del ingenio popular mexicano: un VW con barroca carrocería de hierro forjado, más propio de un barandal provinciano, y otro más convertido en una larga limusina negra que sirven para transportar novias y quinceañeras por las calles de los barrios populares de la Ciudad de México.
-“Es inútil protestar, patalear, burlarse o llorar, lo cierto es que ya sólo la administración pública se ocupa del arte y de la religión. Si no fuera por las subvenciones estatales, el arte y la religión ocuparían un territorio similar al de la filatelia”-, escribe Félix de Azúa en su hoy imprescindible Diccionario de las artes (Anagrama, 2002). Y tiene razón, estas dos grandes piezas del arte contemporáneo se bastan a sí mismas y son el mejor corolario para la singular trayectoria del vehículo más popular de todos los tiempos.
Rogelio Villarreal (roger56@prodigy.net.mx) es escritor y periodista. Prepara actualmente dos volúmenes de ensayos y crónicas: Sensacional de contracultura y El dilema de Bukowski.
Fuerza a través de la alegría
Pasión y muerte del VW Beetle
Rogelio Villarreal
De Hitler para el mundo
Adolfo Hitler encomendó a Ferdinand Porsche la creación de un automóvil familiar para que los alemanes recorrieran las flamantes autopistas de la nueva Alemania nazi, el imperio del superhombre ario que habría de durar mil años.
El pequeño carro debería reunir las características siguientes:
- capacidad para dos adultos y tres niños
- o bien, transportar tres soldados y una ametralladora
- correr a 100 kilómetros por hora
- rendir 1.7 litros por kilómetro
- un motor confiable y enfriado por aire
- costar menos de mil marcos.
La guerra obligó a Hitler a producir vehículos militares en las plantas de la BMW, Mercedes Benz y Volkswagen -“donde trabajaron como esclavos miles de eslavos, judíos y gitanos sin recibir nada más que azotes y humillaciones y, en numerosos casos, la muerte.
El anhelo hitleriano de que cada familia germana fuera dueña de su propio auto fue truncado por la invasión a Polonia en 1939. Más de 300 mil trabajadores ya se habían comprometido a pagar, mediante cupones y con grandes esfuerzos, los 500 marcos que costaba el resistente vehículo, el cual, por cierto, llevaba el nombre de KdF-wagen: Kraft durch Freude, que significa 'A la fuerza a través de la alegría'.
Sin embargo, el delirio hitleriano siguió cauces inesperados. El führer jamás imaginó que el compacto se produciría en masa y que sería el modo de transporte favorito de millones de trabajadores estadounidenses, mexicanos y brasileños. Al término de la guerra los ingleses se hicieron cargo de las instalaciones de la VW y reiniciaron la producción de autos, que volvió a manos de la República Federal Alemana al cabo de unos años. El automóvil se produjo con pocas variantes durante siete décadas en Alemania, Estados Unidos, México y Brasil (a cuya planta, fundada en 1953 en Sao Paulo, llegaron exiliados nazis camuflados como ingenieros).
En los años sesenta, millones de estadounidenses -“aventureros y estudiantes postbeatniks- cruzaron el país de costa a costa en esos ahorrativos vehículos, que se convirtieron en el símbolo de la libertad y el movimiento, y en un icono de la cultura pop.
En México, la planta de Puebla se inauguró en 1968 y, aunque ésta seguirá produciendo automóviles, ha dejado de fabricar el clásico Beetle (escarabajo) o vochito, como le llama el usuario mexicano.
Los artistas viajan en VW
Pese a su popularidad, el Volkswagen ha tenido poca presencia en el mundo del arte. En 1978 un vehículo de éstos fue la estrella de una película en Estados Unidos (Herbie, Cupido motorizado), que poco tiene que ver con el arte (pero sí con el espectáculo, su hermana mayor), y en 1974 Chris Burden había hecho su Trans-Fixed, una pieza en la que él se colocaba con los brazos abiertos como un Cristo sobre el toldo de un VW.
-œEl arte requiere ideas: no sólo enseñar el cómo, sino saber el porqué. Hoy en día imperan los criterios de funcionarios de la cultura, museólogos, galeristas, curadores, coleccionistas y similares, que las más de las veces carecen del aparato conceptual que permite pensar a fondo el ser del arte y que, en gran medida, han contribuido a trivializarlo-, escribe el filósofo Jorge Juanes en su concisa obra Más allá del arte conceptual (Ediciones Sin Nombre/Conaculta, 2002). Sin embargo, remontando las trabas y marañas que enrarecen la lectura y comprensión del arte, dos artistas han creado sendas piezas que abordan la conexión entre ideología, tecnología y producción industrial -“con el VW como sujeto paradigmático.
Alonso Mateo (La Habana, 1964), en su instalación de 1997 –‘Fuerza a través de la alegría’-en el Museo del Chopo de la Ciudad de México, establece una mordaz similitud entre los megalomaniacos afanes productivos de Adolfo Hitler y Fidel Castro. Siete vochos de yeso en tamaño natural, cubiertos de azúcar, parodian la desmesurada idea de Castro de alcanzar 10 millones de toneladas de caña de azúcar en la malograda zafra de 1970. Como Hitler, el dictador caribeño tampoco pudo cumplir su meta (Stalin, seguramente, lo habría mandado fusilar).
Por su parte, el ex historietista mexicano Damián Ortega (Ciudad de México, 1970) ha conservado el humor que caracterizaba sus primeros trabajos. En septiembre de 2002 presentó, en el Institute of Contemporary Art de Filadelfia, la instalación Cosmic Thing, un volkswagen clásico desmembrado y suspendido del techo de la galería por resistentes cables usados en la industria de la aviación. A la manera de un dinosaurio en un museo, el VW aparece fragmentado en una constelación de piezas que parecen expandirse desde su centro, como en el Big Bang original. El vehículo, harto conocido y usado por millones de mexicanos, es objeto de una minuciosa disección arqueológica que desnuda su esencia y sus escasos misterios.
Mucho más publicitada que la instalación de Alonso Mateo, Cosmic Thing supera con mucho el corpus reiterativo y vano de su promotor Gabriel Orozco, artista mexicano impulsado a la fama internacional por los irresistibles mecanismos del infladísimo del arte.
Junto a las piezas de Alonso Mateo y de Damián Ortega deberían colocarse dos piezas más del ingenio popular mexicano: un VW con barroca carrocería de hierro forjado, más propio de un barandal provinciano, y otro más convertido en una larga limusina negra que sirven para transportar novias y quinceañeras por las calles de los barrios populares de la Ciudad de México.
-“Es inútil protestar, patalear, burlarse o llorar, lo cierto es que ya sólo la administración pública se ocupa del arte y de la religión. Si no fuera por las subvenciones estatales, el arte y la religión ocuparían un territorio similar al de la filatelia”-, escribe Félix de Azúa en su hoy imprescindible Diccionario de las artes (Anagrama, 2002). Y tiene razón, estas dos grandes piezas del arte contemporáneo se bastan a sí mismas y son el mejor corolario para la singular trayectoria del vehículo más popular de todos los tiempos.
Rogelio Villarreal (roger56@prodigy.net.mx) es escritor y periodista. Prepara actualmente dos volúmenes de ensayos y crónicas: Sensacional de contracultura y El dilema de Bukowski.
miércoles, junio 25, 2003
Este diálogo entre Bradbury y Marx salió publicado en La Risa de la Hiena... lo traduje de un video del programa de tele que menciono. Hay una versión más extensa sobre los Marx que se publicará pronto. aguanten...
Apuesta tu vida... Ray Bradbury conoce a Groucho Marx
Groucho: -¿Cuánto tiempo ha estado usted casado?
Concursante: Tres años maravillosos...
Groucho: Olvídese de los años maravillosos y cuénteme de los años miserables...
En You bet your life
Un buen día, a mediados de los años cincuenta, un escritor de treinta y cinco años decidióir a concursar en uno de los programas pioneros de la televisión estadunidense, Apuesta tu vida (You bet your life), que condujo Groucho Marx del 5 de octubre de 1950 al 21 de septiembre de 1961, y cuyo modelo de programa de concurso han seguido todos los programas televisivos del mundo hasta nuestros días. El escritor, alto, robusto y bien parecido, pasóal escenario acompañado de una vivaracha anciana de 75 años a la que no le gustaba cocinar, dedicada a cuidar niños y que esperaba vivir otros 25 años. Después de las presentaciones, y antes de pasar al concurso, Groucho -el gran mostacho negro ahora es real, como el humeante puro siempre en su boca- se dirigió al autor que ya empezaba a gozar de cierta fama y prestigio, pero seguramente no imaginaba que se convertiría años después en un escritor de culto.
Groucho: -¿Así que túeres Ray Bradbury?
Ray Bradbury: Sí, señor.
G: -¿Y de dónde eres, Ray?
R: Soy de un pueblito llamado Waukegan, Illinois.
G: -¿De Waukegan, eh? -¿Cuándo naciste?
R: Hace treinta y cinco años. [Bradbury nació el 22 de agosto de 1920.]
G: -¿Treinta y cinco años? Jack Benny nacióen Waukegan en ese tiempo. -¿Tú conociste a Jack Benny?
R: No, yo no lo conocí pero mi mamá fue a la escuela con él. [El famoso comediante, actor y locutor radiofónico y de televisión Jack Benny nació en 1894... A los diecisiete años trabajó con la mamá de los Marx en una comedia teatral. Murió en 1974.]
G: Mírala, pobrecita. -¿Y qué clase de trabajo haces, Ray?
R: Soy escritor [I’m a writer].
G: -¿Que tipo de jinete [Groucho quiere confundir writer con rider]? De pony express, motocicleta o de qué?
R: Escritor: e s c r i t o r.
G: -¡Qué refrescante! Un escritor que sabe deletrear. Seguramente no eres un jinete... -¿Qué más has escrito aparte de recaditos al lechero?
R: Unos cuantos libros, uno llamado Crónicas marcianas [1950]; otro que se llama Las doradas manzanas del sol [1953]; Farenheit 451 [1953], todos en la editorial Doubleday; muchos cuentos cortos para el New Yorker, The Post, Colliers Magazine, y cosas por el estilo.
G: -¿Con que eres un escritor exitoso? -¿Has hecho algún otro tipo de trabajo aparte de ciencia ficción y cuentos?
R: Sí, hice el guión de Moby Dick para John Houston.
G: -¿Oh, de veras? Con ese trabajo pescaste una ballena... [Groucho dice “A whale of a job”: una ballena de trabajo]. -¿Eres casado, Ray?
R: Sí, sí lo estoy.
G: -¿Y en dónde conociste a tu esposa, recuerdas eso?
R: Ella trabajaba en una librería, aquí en Los Ángeles; un día entré a ver libros y ella pensó que me los estaba robando.
G: Pensó que pertenecías al club mensual de rateros, -¿eh? [Groucho juega con la rima entre crook, ladrón, y book]. -¿Qué fue lo que te atrajo de tu esposa?
R: Es muy hermosa, extremadamente inteligente y lee muchísimo.
G: -¿Y esto lo supiste sólo de verla parada en la tienda?
R: Después de un rato de platicar con ella me enteré de que conocía todos mis libros y cuentos cortos, y eso me cautivó.
G: -¿Así que, a fin de cuentas, te casaste con esta chica para llegar a casa por las noches y platicar de ti?
R: Inevitablemente en eso terminó, por cierto.
G: -¿Y no encuentras que eso pueda ser aburrido después de un tiempo?
R: No, incluso me parece muy refrescante.
G: -¿Nos describes brevemente uno de tus cuentos, para tener una mejor idea de tu trabajo?
R: Escribí un cuento de ciencia ficción en el Saturday Evening Post hace algunos años, llamado “The Veldt”? [así se le llama a las sabanas del África meridional; es un cuento contenido en el libro The Illustrated Man, de 1951, en el que Bradbury inventa el concepto de realidad virtual generada por una máquina]; es la historia de dos niños que tienen un cuarto con una gran pantalla de tele, de pared a pared, en la que acostumbran ver programas sobre África. Un día los padres entran y tratan de apagar la televisión, pero los niños, por medio de algún sistema mecánico...
G: -¿Qué sistema era ése?
R: Era un secreto, no puedo decirlo, -¡no sabía!
G: Es lo que yo sospechaba.
R: Al final del cuento, cuando los padres entran al cuarto para apagar la tele, los niños hacen que los leones salgan de la pantalla y se coman a los padres... Fin del cuento.
G: Bueno, es un cuento muy sentimental, una mezcla un poco de Alicia en el País de las Maravillas y Mujercitas, -¿no?
Después del diálogo Groucho empieza con el concurso, Movie Quiz: Ray y la anciana deben responder a las preguntas de Groucho sobre trivia cinematográfica. A tres de cuatro preguntas Ray responde acertadamente: una sobre La comezón del séptimo año, con Marilyn Monroe, otra sobre una novela de Ernest Hemingway, Por quién doblan las campanas, y una más, Adiós, Mr. Chips. A la cuarta le falla la memoria y la pareja gana solamente 170 dólares -quizá una cantidad no tan despreciable en aquellos días. [Los videos de las películas de los hermanos Marx y del programa de televisión pueden conseguirse en tiendas especializadas. Por desgracia, no están subtitulados.] Groucho Marx nació el 2 de octubre de 1890 en Nueva York, y murió en Los Ángeles el 20 de agosto de 1977.
Apuesta tu vida... Ray Bradbury conoce a Groucho Marx
Groucho: -¿Cuánto tiempo ha estado usted casado?
Concursante: Tres años maravillosos...
Groucho: Olvídese de los años maravillosos y cuénteme de los años miserables...
En You bet your life
Un buen día, a mediados de los años cincuenta, un escritor de treinta y cinco años decidióir a concursar en uno de los programas pioneros de la televisión estadunidense, Apuesta tu vida (You bet your life), que condujo Groucho Marx del 5 de octubre de 1950 al 21 de septiembre de 1961, y cuyo modelo de programa de concurso han seguido todos los programas televisivos del mundo hasta nuestros días. El escritor, alto, robusto y bien parecido, pasóal escenario acompañado de una vivaracha anciana de 75 años a la que no le gustaba cocinar, dedicada a cuidar niños y que esperaba vivir otros 25 años. Después de las presentaciones, y antes de pasar al concurso, Groucho -el gran mostacho negro ahora es real, como el humeante puro siempre en su boca- se dirigió al autor que ya empezaba a gozar de cierta fama y prestigio, pero seguramente no imaginaba que se convertiría años después en un escritor de culto.
Groucho: -¿Así que túeres Ray Bradbury?
Ray Bradbury: Sí, señor.
G: -¿Y de dónde eres, Ray?
R: Soy de un pueblito llamado Waukegan, Illinois.
G: -¿De Waukegan, eh? -¿Cuándo naciste?
R: Hace treinta y cinco años. [Bradbury nació el 22 de agosto de 1920.]
G: -¿Treinta y cinco años? Jack Benny nacióen Waukegan en ese tiempo. -¿Tú conociste a Jack Benny?
R: No, yo no lo conocí pero mi mamá fue a la escuela con él. [El famoso comediante, actor y locutor radiofónico y de televisión Jack Benny nació en 1894... A los diecisiete años trabajó con la mamá de los Marx en una comedia teatral. Murió en 1974.]
G: Mírala, pobrecita. -¿Y qué clase de trabajo haces, Ray?
R: Soy escritor [I’m a writer].
G: -¿Que tipo de jinete [Groucho quiere confundir writer con rider]? De pony express, motocicleta o de qué?
R: Escritor: e s c r i t o r.
G: -¡Qué refrescante! Un escritor que sabe deletrear. Seguramente no eres un jinete... -¿Qué más has escrito aparte de recaditos al lechero?
R: Unos cuantos libros, uno llamado Crónicas marcianas [1950]; otro que se llama Las doradas manzanas del sol [1953]; Farenheit 451 [1953], todos en la editorial Doubleday; muchos cuentos cortos para el New Yorker, The Post, Colliers Magazine, y cosas por el estilo.
G: -¿Con que eres un escritor exitoso? -¿Has hecho algún otro tipo de trabajo aparte de ciencia ficción y cuentos?
R: Sí, hice el guión de Moby Dick para John Houston.
G: -¿Oh, de veras? Con ese trabajo pescaste una ballena... [Groucho dice “A whale of a job”: una ballena de trabajo]. -¿Eres casado, Ray?
R: Sí, sí lo estoy.
G: -¿Y en dónde conociste a tu esposa, recuerdas eso?
R: Ella trabajaba en una librería, aquí en Los Ángeles; un día entré a ver libros y ella pensó que me los estaba robando.
G: Pensó que pertenecías al club mensual de rateros, -¿eh? [Groucho juega con la rima entre crook, ladrón, y book]. -¿Qué fue lo que te atrajo de tu esposa?
R: Es muy hermosa, extremadamente inteligente y lee muchísimo.
G: -¿Y esto lo supiste sólo de verla parada en la tienda?
R: Después de un rato de platicar con ella me enteré de que conocía todos mis libros y cuentos cortos, y eso me cautivó.
G: -¿Así que, a fin de cuentas, te casaste con esta chica para llegar a casa por las noches y platicar de ti?
R: Inevitablemente en eso terminó, por cierto.
G: -¿Y no encuentras que eso pueda ser aburrido después de un tiempo?
R: No, incluso me parece muy refrescante.
G: -¿Nos describes brevemente uno de tus cuentos, para tener una mejor idea de tu trabajo?
R: Escribí un cuento de ciencia ficción en el Saturday Evening Post hace algunos años, llamado “The Veldt”? [así se le llama a las sabanas del África meridional; es un cuento contenido en el libro The Illustrated Man, de 1951, en el que Bradbury inventa el concepto de realidad virtual generada por una máquina]; es la historia de dos niños que tienen un cuarto con una gran pantalla de tele, de pared a pared, en la que acostumbran ver programas sobre África. Un día los padres entran y tratan de apagar la televisión, pero los niños, por medio de algún sistema mecánico...
G: -¿Qué sistema era ése?
R: Era un secreto, no puedo decirlo, -¡no sabía!
G: Es lo que yo sospechaba.
R: Al final del cuento, cuando los padres entran al cuarto para apagar la tele, los niños hacen que los leones salgan de la pantalla y se coman a los padres... Fin del cuento.
G: Bueno, es un cuento muy sentimental, una mezcla un poco de Alicia en el País de las Maravillas y Mujercitas, -¿no?
Después del diálogo Groucho empieza con el concurso, Movie Quiz: Ray y la anciana deben responder a las preguntas de Groucho sobre trivia cinematográfica. A tres de cuatro preguntas Ray responde acertadamente: una sobre La comezón del séptimo año, con Marilyn Monroe, otra sobre una novela de Ernest Hemingway, Por quién doblan las campanas, y una más, Adiós, Mr. Chips. A la cuarta le falla la memoria y la pareja gana solamente 170 dólares -quizá una cantidad no tan despreciable en aquellos días. [Los videos de las películas de los hermanos Marx y del programa de televisión pueden conseguirse en tiendas especializadas. Por desgracia, no están subtitulados.] Groucho Marx nació el 2 de octubre de 1890 en Nueva York, y murió en Los Ángeles el 20 de agosto de 1977.
martes, junio 03, 2003
El hombre: amo y señor de la civilización
La agresividad superior del hombre es el más grande de todos los valores sociales y económicos.
George Gilder, en Riqueza y pobreza (uno de los libros favoritos del ex presidente Ronald Reagan).
Un historiador y periodista mexicano publicó hace unos meses ?en diciembre de 2002? un libro atroz: Huesos en el desierto (Anagrama). El autor, Sergio González Rodríguez, ofrece los pormenores de una perseverante investigación que le llevó años de evasivas, sinsabores, sorpresas desagradables y hasta un secuestro y una golpiza que lo envió dos meses al hospital. La historia de más de 300 asesinatos terribles e impunes de niñas y jóvenes mujeres en Ciudad Juárez durante diez años y la apatía y la negligencia de las autoridades, así como de su evidente complicidad en estos crímenes. Los miembros de una mafia de narcoempresarios, altos funcionarios y policías se solazan y estrechan sus lazos con el secuestro, la tortura, la mutilación, el asesinato y el desecho de los cuerpos de las víctimas en parajes desolados de la descompuesta urbe fronteriza ?esta investigación proporciona pruebas y nombres?. Si algo desconcierta es que, después de la publicación de este libro, de las protestas de los familiares y amigos de las mujeres asesinadas y desaparecidas, de la reiterada exigencia de justicia a las autoridades estatales, federales y hasta internacionales, la sociedad ?casi toda ella? permanece impávida. A pocos les importa la suerte de aquellas muchachas pobres, trabajadoras, abandonadas. No, desde luego, al bravucón Francisco Barrio, ex gobernador panista del estado de Chihuahua, cuyo periodo vio surgir las primeras desapariciones y muertes; ni al pendenciero Patricio Martínez, gobernador priista, quien alega que es un problema heredado de su antecesor y que, en realidad, no es tan grave como dicen: ?Los medios exageran.? Tampoco al locuaz Vicente Fox ?ni a la ?pareja presidencial??, cuya campaña electoral fue en parte financiada, como se desprende de las indagaciones de González Rodríguez, con dinero del narcotráfico previamente lavado por Valeria Korrodi ?hija del principal promotor de los Amigos de Fox? en El Paso, Texas.
Este caso es sólo uno de los extremos a que puede llegar la exacerbación de una misoginia extendida en todo el mundo desde hace, por lo menos, cinco mil años. Desde entonces las agresiones contra las mujeres ?en todas sus formas y graduaciones: el menosprecio, la humillación, la cosificación, la ridiculización, la subestimación, el sometimiento sutil o brutal, la discriminación, la violación, la esclavización, el asesinato y las masacres? han sido cosa de todos los días en todos los continentes y por las más disímbolas razones: religiosas, culturales, políticas o económicas ?masculinas todas ellas, desde luego. Del cercenamiento del clítoris de las adolescentes del Islam fundamentalista al asesinato de las niñas recién nacidas en algunas regiones de Asia. De la venta de las muchachas casaderas al mejor postor en las culturas indígenas de América a la lapidación de las adúlteras en el África musulmana. De la violación tumultuaria de las mujeres de los pueblos invadidos de la antigüedad euroasiática a la violación selectiva de las mujeres en las guerras de la posmodernidad occidental. De acuerdo con diferentes religiones y concepciones del mundo, y según las circunstancias históricas, a las mujeres se les puede apedrear, quemar el rostro con ácido o golpear por exigir el gasto; despojar de sus bienes, despreciar, vender o canjear. Casi todas las tradiciones califican y relegan a las mujeres, a su modo y con distinta intensidad, como impuras, indignas, obedientes, conformistas, hechiceras, curanderas, matronas, malignas, botines de guerra, embusteras, incapaces de razonar, criadas para el placer del hombre ?los ?animales domésticos a menudo placenteros? de Nietzsche?, abnegadas, paridoras de hijos ?como querían Stalin, Hitler, Mao y Ceausescu?, objetos de ornato, prostituibles, embellecidas artificialmente, deseables ?hasta no hace mucho tiempo los chinos apretaban con vendas los pies de las niñas para que éstos no crecieran; hasta no hace mucho tiempo las mujeres de países civilizados no tenían derecho a voto. La Iglesia católica se cuestionó durante siglos si las mujeres poseían alma y piadosos cristianos, judíos y musulmanes las consideran indignas del ministerio religioso: Dios es hombre, así como los profetas y los mesías?. La mujer contemporánea sigue pagando las consecuencias de una virilidad mal entendida, despótica, prepotente, egoísta. La preservación del poder a toda costa ha hecho de las mujeres sujetos prescindibles, objetos intercambiables.
En una época ya muy lejana ?el illo tempore de Mircea Eliade?, las antiguas sociedades igualitarias rendían culto a la Diosa Madre, la diosa de la fertilidad ?presente en prácticamente todas las culturas primitivas?, y en las que todos sus integrantes eran iguales y su trabajo era igualmente valioso para la vida comunitaria. En los últimos años se han publicado libros que reescriben la historia ?una historia de subordinación y violencia? a partir de nuevos hallazgos arqueológicos, antropológicos, históricos y filosóficos, y que apuntan hacia una nueva concepción de sociedad en la que pesen por igual la sensibilidad y la inteligencia de la mujer ?la otra mitad del género humano?, proscritas hasta nuestos días por la sociedad patriarcal, autoritaria y militarista ?androcrática? que ha regido en Oriente y en Occidente durante los cinco últimos milenios y que oprime también a millones de hombres. Se trata de obras como la monumental Historia de las mujeres, coordinada por Georges Duby y Michelle Perrot (Taurus, 2000); El cáliz y la espada, de Riane Eisler (Cuatro Vientos, 1998); El retorno de la diosa. El aspecto femenino de la personalidad, de Edward C. Whitmont (Paidós 1998), Dios nació mujer, de Pepe Rodríguez (Ediciones B, 1999), Mujeres que corren con los lobos. Mitos y cuentos del arquetipo de la mujer salvaje, de Clarissa Pinkola Estés (Ediciones B, 1998) y, entre muchas otras, El siglo de las mujeres, de Victoria Camps (Cátedra, 1998).
En un resumen esquemático ?y que no hace justicia a su profundidad y complejidad? puede decirse que algunos de estos libros hablan del dramático vuelco que dio la historia cuando las primeras formas de organización social ?igualitarias o solidarias, como las llama Riane Eisler?, basadas en la recolección, la horticultura, la caza, la pesca y la agricultura incipiente, y en las que la mujer tenía un papel preponderante debido a su labor en las tareas agrícolas y a su función reproductora ?que la equiparaba a la de las misteriosas fuerzas de la naturaleza?, se transformaron paulatinamente en organismos más complejos debido al desarrollo de nuevas tecnologías para el cultivo de la tierra, a los excedentes que se producían gracias a éstas, y a la necesidad de ejercer control sobre las tierras, las tecnologías y la producción. Es inevitable la aparición de la propiedad privada y la consecuente necesidad de defenderla ante los intentos de saqueo de otras tribus: a veces es más tentador robar que producir [Pepe Rodríguez]. Los hombres, más fuertes y libres de las tareas reproductivas, se organizaron en fraternidades guerreras para atacar o defenderse, relegando a las mujeres al cuidado de los niños, de la casa y de la comunidad. Las deidades femeninas sucumbían o pasaban a segundos planos ante el avasallador surgimiento de fieros dioses guerreros que exigían sacrificios y ofrendas por boca de los sacerdotes: emergía así la nueva casta que dominaba ahora la religión y la economía. El mito bíblico de Adán y Eva es un ejemplo paradigmático de la conversión de la mujer en un ser poco confiable, impuro y culpable de la expulsión del paraíso.
Los pueblos extraños eran enemigos potenciales, amenazas constantes a las propiedades y posesiones propias. La sociedad se volvía rígida y jerárquica. Nacen las ciudades-Estado y con ellas se perfecciona la estructura de dominación masculina. Los mitos ancestrales sobre la Madre Tierra ya han cedido su paso a las nuevas mitologías de héroes y conquistadores, sólo quedaban algunas figuras simbólicas, meros resabios de la importancia de las mujeres en el proceso evolutivo de la humanidad hacia la civilización: una civilización que las traicionó más pronto de lo que se imaginaban.
Dinámicas y contradictorias, las diferentes culturas son generadoras de nuevas condiciones y realidades. El hombre ?es decir, el género humano: la mejor parte de éste?, se ha detenido a reflexionar en algunos momentos de la historia. Las constantes discusiones filosóficas e ideológicas, sobre todo a partir de la Ilustración y las posteriores aportaciones de mujeres y hombres intelectuales que no se ajustaban al estereotipo del pensamiento patriarcal abrieron un lugar para la mujer en distintos ámbitos de las sociedades modernas. ?Ya en la Grecia antigua y en Roma, durante las eras isabelina y de los trovadores, durante el Renacimiento y la Ilustración, el ?problema de la mujer?, como lo llamaron Marx y Engels, ha sido un tema recurrente? [Eisler]. El lema ?Libertad, igualdad y fraternidad? no habría sido pronunciado nunca de no haber existido mujeres y hombres más adelantados a su época enfrascados en intensas discusiones e inmersos en movimientos sociales. La soga se aflojaba un poco. Sólo un poco. Lo cierto es que millones de mujeres reproducen en su práctica y en su pensamiento un esquema moldeado sistemáticamente por hombres: de la reina Victoria a Margaret Thatcher o Condoleezza Rice: mujeres para quienes la guerra, el sojuzgamiento y los papeles históricos asignados a ellas mismas son perfectamente naturales: consustanciales.
Las ideologías se agotaron y se tornaron estúpidas caricaturas del pensamiento humano. Las dictaduras marxistas fracasaron y la vorágine capitalista es incapaz de aliviar las necesidades más acuciantes de la población mundial. El machismo pervive como la ideología más perniciosa de todos los tiempos. La familia reproduce los esquemas autoritarios del Estado: el padre somete a la mujer y a los hijos de la misma manera en que es sometido por el patrón. Los niños ?y las niñas: qué pertinencia ahora la del género gramatical?, a su vez, aprenden que el mundo sigue un modelo dominador-dominado de las relaciones humanas y actúan en consecuencia frente a otras comunidades, razas, naciones... La derecha y la izquierda ?sus restos, o lo que esto signifique ahora? son machistas por igual, a pesar de los discursos políticamente correctos y de las intenciones de cumplir con cuotas igualitarias en sus principios y programas. El mundo vuelve al fundamentalismo y con ello al endurecimiento de la autoridad patriarcal. Una librepensadora como Susan Sontag puede ser acusada de traidora en el país que ha logrado los adelantos científicos y tecnológicos más importantes del planeta. Las posibilidades de establecer sociedades justas e igualitarias en cualquier parte del mundo son cada vez más lejanas, a pesar de los esfuerzos y de las intenciones de pensadores, activistas y de hombres y mujeres en busca de una sociedad de plena igualdad de todos sus miembros.
Empero, si echamos un vistazo hacia atrás y vemos que las repúblicas han sucedido a las monarquías, y que antes de éstas las sociedades esclavistas fueron reemplazadas por la sociedad feudal, y que a pesar de todo también ha habido progreso social y material, ¿quién puede asegurar que las futuras generaciones de mujeres no llegarán a tener la importancia fundamental que se les ha escamoteado durante cincuenta siglos? ?La rígida estructura social androcrática?, dice Riane Eisler, ?aprisiona por igual a ambas mitades de la humanidad en papeles inflexibles y circunscritos.? Las mujeres y los hombres deben atreverse a explorar la intuición, el pensamiento no lineal, las funciones no racionales de la mente, la sensualidad y la sexualidad, para transitar de la dominación a la convivencia. (Y las feministas, por su parte, harían bien en alejarse de la histeria sectaria y abandonar el aislamiento a que las lleva esta típica actitud del infantilismo de la izquierda.) ¿Puede avizorarse el fin del despótico dominio de hombres miopes y torpes sobre una tierra convulsa, malherida? O quizá miraremos impasibles cómo avanza inexorable la hegemonía totalitaria del imperio militar más poderoso de todos los tiempos sobre los cadáveres de millones de mujeres y hombres que merecían un destino mejor, dando al traste con los importantes cambios y logros alcanzados con grandes esfuerzos en los últimos dos siglos.
[Este texto se publica también en la revista Complot Internacional del mes de junio de 2003.]
George Gilder, en Riqueza y pobreza (uno de los libros favoritos del ex presidente Ronald Reagan).
Un historiador y periodista mexicano publicó hace unos meses ?en diciembre de 2002? un libro atroz: Huesos en el desierto (Anagrama). El autor, Sergio González Rodríguez, ofrece los pormenores de una perseverante investigación que le llevó años de evasivas, sinsabores, sorpresas desagradables y hasta un secuestro y una golpiza que lo envió dos meses al hospital. La historia de más de 300 asesinatos terribles e impunes de niñas y jóvenes mujeres en Ciudad Juárez durante diez años y la apatía y la negligencia de las autoridades, así como de su evidente complicidad en estos crímenes. Los miembros de una mafia de narcoempresarios, altos funcionarios y policías se solazan y estrechan sus lazos con el secuestro, la tortura, la mutilación, el asesinato y el desecho de los cuerpos de las víctimas en parajes desolados de la descompuesta urbe fronteriza ?esta investigación proporciona pruebas y nombres?. Si algo desconcierta es que, después de la publicación de este libro, de las protestas de los familiares y amigos de las mujeres asesinadas y desaparecidas, de la reiterada exigencia de justicia a las autoridades estatales, federales y hasta internacionales, la sociedad ?casi toda ella? permanece impávida. A pocos les importa la suerte de aquellas muchachas pobres, trabajadoras, abandonadas. No, desde luego, al bravucón Francisco Barrio, ex gobernador panista del estado de Chihuahua, cuyo periodo vio surgir las primeras desapariciones y muertes; ni al pendenciero Patricio Martínez, gobernador priista, quien alega que es un problema heredado de su antecesor y que, en realidad, no es tan grave como dicen: ?Los medios exageran.? Tampoco al locuaz Vicente Fox ?ni a la ?pareja presidencial??, cuya campaña electoral fue en parte financiada, como se desprende de las indagaciones de González Rodríguez, con dinero del narcotráfico previamente lavado por Valeria Korrodi ?hija del principal promotor de los Amigos de Fox? en El Paso, Texas.
Este caso es sólo uno de los extremos a que puede llegar la exacerbación de una misoginia extendida en todo el mundo desde hace, por lo menos, cinco mil años. Desde entonces las agresiones contra las mujeres ?en todas sus formas y graduaciones: el menosprecio, la humillación, la cosificación, la ridiculización, la subestimación, el sometimiento sutil o brutal, la discriminación, la violación, la esclavización, el asesinato y las masacres? han sido cosa de todos los días en todos los continentes y por las más disímbolas razones: religiosas, culturales, políticas o económicas ?masculinas todas ellas, desde luego. Del cercenamiento del clítoris de las adolescentes del Islam fundamentalista al asesinato de las niñas recién nacidas en algunas regiones de Asia. De la venta de las muchachas casaderas al mejor postor en las culturas indígenas de América a la lapidación de las adúlteras en el África musulmana. De la violación tumultuaria de las mujeres de los pueblos invadidos de la antigüedad euroasiática a la violación selectiva de las mujeres en las guerras de la posmodernidad occidental. De acuerdo con diferentes religiones y concepciones del mundo, y según las circunstancias históricas, a las mujeres se les puede apedrear, quemar el rostro con ácido o golpear por exigir el gasto; despojar de sus bienes, despreciar, vender o canjear. Casi todas las tradiciones califican y relegan a las mujeres, a su modo y con distinta intensidad, como impuras, indignas, obedientes, conformistas, hechiceras, curanderas, matronas, malignas, botines de guerra, embusteras, incapaces de razonar, criadas para el placer del hombre ?los ?animales domésticos a menudo placenteros? de Nietzsche?, abnegadas, paridoras de hijos ?como querían Stalin, Hitler, Mao y Ceausescu?, objetos de ornato, prostituibles, embellecidas artificialmente, deseables ?hasta no hace mucho tiempo los chinos apretaban con vendas los pies de las niñas para que éstos no crecieran; hasta no hace mucho tiempo las mujeres de países civilizados no tenían derecho a voto. La Iglesia católica se cuestionó durante siglos si las mujeres poseían alma y piadosos cristianos, judíos y musulmanes las consideran indignas del ministerio religioso: Dios es hombre, así como los profetas y los mesías?. La mujer contemporánea sigue pagando las consecuencias de una virilidad mal entendida, despótica, prepotente, egoísta. La preservación del poder a toda costa ha hecho de las mujeres sujetos prescindibles, objetos intercambiables.
En una época ya muy lejana ?el illo tempore de Mircea Eliade?, las antiguas sociedades igualitarias rendían culto a la Diosa Madre, la diosa de la fertilidad ?presente en prácticamente todas las culturas primitivas?, y en las que todos sus integrantes eran iguales y su trabajo era igualmente valioso para la vida comunitaria. En los últimos años se han publicado libros que reescriben la historia ?una historia de subordinación y violencia? a partir de nuevos hallazgos arqueológicos, antropológicos, históricos y filosóficos, y que apuntan hacia una nueva concepción de sociedad en la que pesen por igual la sensibilidad y la inteligencia de la mujer ?la otra mitad del género humano?, proscritas hasta nuestos días por la sociedad patriarcal, autoritaria y militarista ?androcrática? que ha regido en Oriente y en Occidente durante los cinco últimos milenios y que oprime también a millones de hombres. Se trata de obras como la monumental Historia de las mujeres, coordinada por Georges Duby y Michelle Perrot (Taurus, 2000); El cáliz y la espada, de Riane Eisler (Cuatro Vientos, 1998); El retorno de la diosa. El aspecto femenino de la personalidad, de Edward C. Whitmont (Paidós 1998), Dios nació mujer, de Pepe Rodríguez (Ediciones B, 1999), Mujeres que corren con los lobos. Mitos y cuentos del arquetipo de la mujer salvaje, de Clarissa Pinkola Estés (Ediciones B, 1998) y, entre muchas otras, El siglo de las mujeres, de Victoria Camps (Cátedra, 1998).
En un resumen esquemático ?y que no hace justicia a su profundidad y complejidad? puede decirse que algunos de estos libros hablan del dramático vuelco que dio la historia cuando las primeras formas de organización social ?igualitarias o solidarias, como las llama Riane Eisler?, basadas en la recolección, la horticultura, la caza, la pesca y la agricultura incipiente, y en las que la mujer tenía un papel preponderante debido a su labor en las tareas agrícolas y a su función reproductora ?que la equiparaba a la de las misteriosas fuerzas de la naturaleza?, se transformaron paulatinamente en organismos más complejos debido al desarrollo de nuevas tecnologías para el cultivo de la tierra, a los excedentes que se producían gracias a éstas, y a la necesidad de ejercer control sobre las tierras, las tecnologías y la producción. Es inevitable la aparición de la propiedad privada y la consecuente necesidad de defenderla ante los intentos de saqueo de otras tribus: a veces es más tentador robar que producir [Pepe Rodríguez]. Los hombres, más fuertes y libres de las tareas reproductivas, se organizaron en fraternidades guerreras para atacar o defenderse, relegando a las mujeres al cuidado de los niños, de la casa y de la comunidad. Las deidades femeninas sucumbían o pasaban a segundos planos ante el avasallador surgimiento de fieros dioses guerreros que exigían sacrificios y ofrendas por boca de los sacerdotes: emergía así la nueva casta que dominaba ahora la religión y la economía. El mito bíblico de Adán y Eva es un ejemplo paradigmático de la conversión de la mujer en un ser poco confiable, impuro y culpable de la expulsión del paraíso.
Los pueblos extraños eran enemigos potenciales, amenazas constantes a las propiedades y posesiones propias. La sociedad se volvía rígida y jerárquica. Nacen las ciudades-Estado y con ellas se perfecciona la estructura de dominación masculina. Los mitos ancestrales sobre la Madre Tierra ya han cedido su paso a las nuevas mitologías de héroes y conquistadores, sólo quedaban algunas figuras simbólicas, meros resabios de la importancia de las mujeres en el proceso evolutivo de la humanidad hacia la civilización: una civilización que las traicionó más pronto de lo que se imaginaban.
Dinámicas y contradictorias, las diferentes culturas son generadoras de nuevas condiciones y realidades. El hombre ?es decir, el género humano: la mejor parte de éste?, se ha detenido a reflexionar en algunos momentos de la historia. Las constantes discusiones filosóficas e ideológicas, sobre todo a partir de la Ilustración y las posteriores aportaciones de mujeres y hombres intelectuales que no se ajustaban al estereotipo del pensamiento patriarcal abrieron un lugar para la mujer en distintos ámbitos de las sociedades modernas. ?Ya en la Grecia antigua y en Roma, durante las eras isabelina y de los trovadores, durante el Renacimiento y la Ilustración, el ?problema de la mujer?, como lo llamaron Marx y Engels, ha sido un tema recurrente? [Eisler]. El lema ?Libertad, igualdad y fraternidad? no habría sido pronunciado nunca de no haber existido mujeres y hombres más adelantados a su época enfrascados en intensas discusiones e inmersos en movimientos sociales. La soga se aflojaba un poco. Sólo un poco. Lo cierto es que millones de mujeres reproducen en su práctica y en su pensamiento un esquema moldeado sistemáticamente por hombres: de la reina Victoria a Margaret Thatcher o Condoleezza Rice: mujeres para quienes la guerra, el sojuzgamiento y los papeles históricos asignados a ellas mismas son perfectamente naturales: consustanciales.
Las ideologías se agotaron y se tornaron estúpidas caricaturas del pensamiento humano. Las dictaduras marxistas fracasaron y la vorágine capitalista es incapaz de aliviar las necesidades más acuciantes de la población mundial. El machismo pervive como la ideología más perniciosa de todos los tiempos. La familia reproduce los esquemas autoritarios del Estado: el padre somete a la mujer y a los hijos de la misma manera en que es sometido por el patrón. Los niños ?y las niñas: qué pertinencia ahora la del género gramatical?, a su vez, aprenden que el mundo sigue un modelo dominador-dominado de las relaciones humanas y actúan en consecuencia frente a otras comunidades, razas, naciones... La derecha y la izquierda ?sus restos, o lo que esto signifique ahora? son machistas por igual, a pesar de los discursos políticamente correctos y de las intenciones de cumplir con cuotas igualitarias en sus principios y programas. El mundo vuelve al fundamentalismo y con ello al endurecimiento de la autoridad patriarcal. Una librepensadora como Susan Sontag puede ser acusada de traidora en el país que ha logrado los adelantos científicos y tecnológicos más importantes del planeta. Las posibilidades de establecer sociedades justas e igualitarias en cualquier parte del mundo son cada vez más lejanas, a pesar de los esfuerzos y de las intenciones de pensadores, activistas y de hombres y mujeres en busca de una sociedad de plena igualdad de todos sus miembros.
Empero, si echamos un vistazo hacia atrás y vemos que las repúblicas han sucedido a las monarquías, y que antes de éstas las sociedades esclavistas fueron reemplazadas por la sociedad feudal, y que a pesar de todo también ha habido progreso social y material, ¿quién puede asegurar que las futuras generaciones de mujeres no llegarán a tener la importancia fundamental que se les ha escamoteado durante cincuenta siglos? ?La rígida estructura social androcrática?, dice Riane Eisler, ?aprisiona por igual a ambas mitades de la humanidad en papeles inflexibles y circunscritos.? Las mujeres y los hombres deben atreverse a explorar la intuición, el pensamiento no lineal, las funciones no racionales de la mente, la sensualidad y la sexualidad, para transitar de la dominación a la convivencia. (Y las feministas, por su parte, harían bien en alejarse de la histeria sectaria y abandonar el aislamiento a que las lleva esta típica actitud del infantilismo de la izquierda.) ¿Puede avizorarse el fin del despótico dominio de hombres miopes y torpes sobre una tierra convulsa, malherida? O quizá miraremos impasibles cómo avanza inexorable la hegemonía totalitaria del imperio militar más poderoso de todos los tiempos sobre los cadáveres de millones de mujeres y hombres que merecían un destino mejor, dando al traste con los importantes cambios y logros alcanzados con grandes esfuerzos en los últimos dos siglos.
[Este texto se publica también en la revista Complot Internacional del mes de junio de 2003.]
domingo, junio 01, 2003
Rubén Ortiz, artista y profesor en la UCSD, escribió estos comentarios a propósito de mis aforismos:
Depués de leer en el Reforma los nuevos debates de los tlacuilos tenochcas de la bienal de Venecia y las declaraciones megalómanas del caudillo del arte por la gracia de dios (ahora aliado a la Bermúdez), no hay más que resistir desde el blog, el espacio alternativo, el taller y donde sea. El Pajariato está llevando el nepotismo y la corrupción tanto nacionales como del mundo del arte a nuevos niveles.
Cuando hay que hacer arte "conceptual" para poder acceder al mercado es que ya valió madres la idea.
El gesto duchampiano despolitizado, aburrido, asexualizado, comercializado, homogéneo, sin sentido del humor, obediente y lambiscón...
Depués de leer en el Reforma los nuevos debates de los tlacuilos tenochcas de la bienal de Venecia y las declaraciones megalómanas del caudillo del arte por la gracia de dios (ahora aliado a la Bermúdez), no hay más que resistir desde el blog, el espacio alternativo, el taller y donde sea. El Pajariato está llevando el nepotismo y la corrupción tanto nacionales como del mundo del arte a nuevos niveles.
Cuando hay que hacer arte "conceptual" para poder acceder al mercado es que ya valió madres la idea.
El gesto duchampiano despolitizado, aburrido, asexualizado, comercializado, homogéneo, sin sentido del humor, obediente y lambiscón...
jueves, mayo 29, 2003
El arte está en otra parte:
aforismos para la feria [del mercado] del arte
“Los artistas de todos los tiempos son como los jugadores de Montecarlo: la lotería ciega hace sobresalir a los unos y hunde a los otros”. Marcel Duchamp.
* * *
Una de las más rudas lecciones de la posmodernidad habla del fracaso de las grandes utopías: los ambiciosos proyectos de transformaciones económicas y sociales se desvanecieron inexplicablemente frente a los ojos atónitos de la humanidad. El futuro promisorio fue sustituido por la sangrienta vuelta al pasado y a las tradiciones. Un rasgo distintivo de la época actual es el recogimiento individual y el conservadurismo en todos los planos de la vida: la política, la sexualidad, la economía y, mírenlo bien, el arte.
* * *
En México, pocos años después del aplastamiento del movimiento estudiantil del 68
-que, sin embargo, consiguió aflojar un poco la soga-, algunos artistas e intelectuales quisieron prorrogar sus consignas y decidieron llevar el arte y la cultura a la calle, al pueblo, a las comunidades rurales. La década de los setenta vio florecer (y marchitarse) a grupos como Proceso Pentágono, El Colectivo, Germinal, Taller de Arte e Ideología, No-Grupo, Taller de Investigación Plástica, Suma, Tepito Arte Acá, Fotógrafos Independientes, Mira, Peyote y la Compañía y otros que sólo tuvieron incursiones apenas dignas de mención. Explorando nuevas formas de creación plástica y de vincular el arte con la sociedad, los grupos trataron de expulsar a éste de los recintos privados y oficiales y acercarlo a la gente de la calle: quedan en la memoria exposiciones callejeras, murales realizados al alimón con obreros y campesinos, bardas con siluetas de trabajadores plasmadas con aerosoles, murales en patios y vecindades tepiteñas, acciones e instalaciones, así como manifiestos “gran parte de ellos impregnados de histérica fraseología marxista” y declaraciones sobre la democratización de los sindicatos y protestas contra la burocracia cultural nacional y extranjera.
* * *
Las necesidades individuales de subsistencia y de expresión pronto dieron al traste con la euforia grupera. Los colectivos fueron dando paso a personalidades individuales que reclamaban más espacio y libertad. Las colaboraciones grupales fueron desapareciendo y los artistas regresaron paulatinamente a las galerías y a los museos: al reconocimiento algunos, a la estabilidad económica casi todos. No obstante, los grupos dejaron su marca en el arte contemporáneo mexicano y ahora los artistas recurren con naturalidad al performance, a las instalaciones, a los ensamblajes, a los medios electrónicos y a otras formas de transgresión de las convenciones del arte tradicional. Acaso éste sea uno de los mayores aportes de aquel movimiento vanguardista que en los setenta y comienzos de los ochenta intentó transformar radicalmente las escasas relaciones entre el arte y la sociedad.
* * *
Los grandes mecenas fueron los primeros curadores de la historia del arte. El escultor y el pintor que no eran tocados por la gracia del rey o del papa, del príncipe o del señor, simplemente no existían. Desde entonces el arte ha ido de la mano del poder.
* * *
“Cuanto más vivo entre artistas, más convencido estoy de que se convierten en falsos desde el momento en que empiezan a tener el mínimo éxito. Esto también significa que todos los perros que rodean a los artistas son estafadores”.-Acerbas palabras - también de Marcel Duchamp.
* * *
No hay lugar en este mundo para el arte de los locos, los enfermos, los niños, los parias, los olvidados. Hay otra historia del arte, escribió Jean Dubuffet.
* * *
Gran parte del arte actual padece de vacío, artificio y reiteración. Aun las obras más huecas van acompañadas siempre de intrincados textos que intentan explicarlas. Miles de artistas surgen todos los días en todas partes del mundo para descubrir embelesados el hilo negro sin pensar jamás en dar un vistazo a la historia -pero con la mira bien puesta en los grandes circuitos de promoción y exhibición del arte contemporáneo.
* * *
Hubo un tiempo en que el galerista era una mujer sabia, un hombre sensible: un personaje culto y refinado. Hoy es un vulgar mercachifle.
* * *
Galeristas y curadores, directores de ferias y grandes exhibiciones se han apropiado del discurso de los artistas. ¿Será que éstos ya no tienen nada qué decir?
* * *
Museos, festivales, galerías, conciertos, marchas, plazas y calles son insuficientes para contener la avalancha de viejos y nuevos y novísimos artistas ansiosos de mostrar al mundo su genio intransferible, irrefutable, irrepetible (y solemne, fanfarrón, aleccionador: insoportable). Así, el mundo es transformado, explicado y vuelto a explicar hasta el hartazgo. Nueva York vuelve a ser la Meca del Arte (para los neomexicanos; para el resto del mundo nunca dejó de serlo) y el hilo negro se descubre cada vez con más azoro o desfachatez: una caja de zapatos vacía demuestra que el arte es una osadía hueca que se solaza en su provocación elemental.
* * *
Ah, el arte conceptual: mientras más se nutre de la cultura popular, más rápido toma distancia de ella.
* * *
No son pocos los que signarían ahora aquella vieja frase “No hay más ruta que la nuestra”.
* * *
Otro gallo cantaría si los artistas de nuestros días leyeran El arte y su distribución, del maestro Juan Acha...
* * *
Galerías y museos vacíos: no importa. Lo que de veras ansían los artistas es tener becas, invitaciones, premios, reconocimiento. Internacional, of course.
* * *
Son pocos los artistas de hoy capaces de hallar, sorprender, provocar, irritar, indignar... (escupir nombres sería abusar groseramente de este espacio.)
* * *
El arte es una broma costosa que a nadie causa gracia. Salvo al exclusivo circuito de exhibición y consumo.
* * *
“En el mundo del arte se habla sólo inglés y el tiempo se mide en bienalesa” [leído en Letras Libres].
* * *
¿Está el arte a la altura de las circunstancias?
* * *
“Desean ser malos y buenos al mismo tiempo”, se lee en uno de los epígrafes de La caja de Houdini. El arte de la fuga, subyugante libro de Adam Phillips [Anagrama]. Esa frase se adecua sin malicia a nuestros desmañados artistas: buenos y malos al mismo tiempo...
roger56@prodigy.net.mx
aforismos para la feria [del mercado] del arte
“Los artistas de todos los tiempos son como los jugadores de Montecarlo: la lotería ciega hace sobresalir a los unos y hunde a los otros”. Marcel Duchamp.
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Una de las más rudas lecciones de la posmodernidad habla del fracaso de las grandes utopías: los ambiciosos proyectos de transformaciones económicas y sociales se desvanecieron inexplicablemente frente a los ojos atónitos de la humanidad. El futuro promisorio fue sustituido por la sangrienta vuelta al pasado y a las tradiciones. Un rasgo distintivo de la época actual es el recogimiento individual y el conservadurismo en todos los planos de la vida: la política, la sexualidad, la economía y, mírenlo bien, el arte.
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En México, pocos años después del aplastamiento del movimiento estudiantil del 68
-que, sin embargo, consiguió aflojar un poco la soga-, algunos artistas e intelectuales quisieron prorrogar sus consignas y decidieron llevar el arte y la cultura a la calle, al pueblo, a las comunidades rurales. La década de los setenta vio florecer (y marchitarse) a grupos como Proceso Pentágono, El Colectivo, Germinal, Taller de Arte e Ideología, No-Grupo, Taller de Investigación Plástica, Suma, Tepito Arte Acá, Fotógrafos Independientes, Mira, Peyote y la Compañía y otros que sólo tuvieron incursiones apenas dignas de mención. Explorando nuevas formas de creación plástica y de vincular el arte con la sociedad, los grupos trataron de expulsar a éste de los recintos privados y oficiales y acercarlo a la gente de la calle: quedan en la memoria exposiciones callejeras, murales realizados al alimón con obreros y campesinos, bardas con siluetas de trabajadores plasmadas con aerosoles, murales en patios y vecindades tepiteñas, acciones e instalaciones, así como manifiestos “gran parte de ellos impregnados de histérica fraseología marxista” y declaraciones sobre la democratización de los sindicatos y protestas contra la burocracia cultural nacional y extranjera.
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Las necesidades individuales de subsistencia y de expresión pronto dieron al traste con la euforia grupera. Los colectivos fueron dando paso a personalidades individuales que reclamaban más espacio y libertad. Las colaboraciones grupales fueron desapareciendo y los artistas regresaron paulatinamente a las galerías y a los museos: al reconocimiento algunos, a la estabilidad económica casi todos. No obstante, los grupos dejaron su marca en el arte contemporáneo mexicano y ahora los artistas recurren con naturalidad al performance, a las instalaciones, a los ensamblajes, a los medios electrónicos y a otras formas de transgresión de las convenciones del arte tradicional. Acaso éste sea uno de los mayores aportes de aquel movimiento vanguardista que en los setenta y comienzos de los ochenta intentó transformar radicalmente las escasas relaciones entre el arte y la sociedad.
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Los grandes mecenas fueron los primeros curadores de la historia del arte. El escultor y el pintor que no eran tocados por la gracia del rey o del papa, del príncipe o del señor, simplemente no existían. Desde entonces el arte ha ido de la mano del poder.
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“Cuanto más vivo entre artistas, más convencido estoy de que se convierten en falsos desde el momento en que empiezan a tener el mínimo éxito. Esto también significa que todos los perros que rodean a los artistas son estafadores”.-Acerbas palabras - también de Marcel Duchamp.
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No hay lugar en este mundo para el arte de los locos, los enfermos, los niños, los parias, los olvidados. Hay otra historia del arte, escribió Jean Dubuffet.
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Gran parte del arte actual padece de vacío, artificio y reiteración. Aun las obras más huecas van acompañadas siempre de intrincados textos que intentan explicarlas. Miles de artistas surgen todos los días en todas partes del mundo para descubrir embelesados el hilo negro sin pensar jamás en dar un vistazo a la historia -pero con la mira bien puesta en los grandes circuitos de promoción y exhibición del arte contemporáneo.
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Hubo un tiempo en que el galerista era una mujer sabia, un hombre sensible: un personaje culto y refinado. Hoy es un vulgar mercachifle.
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Galeristas y curadores, directores de ferias y grandes exhibiciones se han apropiado del discurso de los artistas. ¿Será que éstos ya no tienen nada qué decir?
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Museos, festivales, galerías, conciertos, marchas, plazas y calles son insuficientes para contener la avalancha de viejos y nuevos y novísimos artistas ansiosos de mostrar al mundo su genio intransferible, irrefutable, irrepetible (y solemne, fanfarrón, aleccionador: insoportable). Así, el mundo es transformado, explicado y vuelto a explicar hasta el hartazgo. Nueva York vuelve a ser la Meca del Arte (para los neomexicanos; para el resto del mundo nunca dejó de serlo) y el hilo negro se descubre cada vez con más azoro o desfachatez: una caja de zapatos vacía demuestra que el arte es una osadía hueca que se solaza en su provocación elemental.
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Ah, el arte conceptual: mientras más se nutre de la cultura popular, más rápido toma distancia de ella.
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No son pocos los que signarían ahora aquella vieja frase “No hay más ruta que la nuestra”.
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Otro gallo cantaría si los artistas de nuestros días leyeran El arte y su distribución, del maestro Juan Acha...
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Galerías y museos vacíos: no importa. Lo que de veras ansían los artistas es tener becas, invitaciones, premios, reconocimiento. Internacional, of course.
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Son pocos los artistas de hoy capaces de hallar, sorprender, provocar, irritar, indignar... (escupir nombres sería abusar groseramente de este espacio.)
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El arte es una broma costosa que a nadie causa gracia. Salvo al exclusivo circuito de exhibición y consumo.
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“En el mundo del arte se habla sólo inglés y el tiempo se mide en bienalesa” [leído en Letras Libres].
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¿Está el arte a la altura de las circunstancias?
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“Desean ser malos y buenos al mismo tiempo”, se lee en uno de los epígrafes de La caja de Houdini. El arte de la fuga, subyugante libro de Adam Phillips [Anagrama]. Esa frase se adecua sin malicia a nuestros desmañados artistas: buenos y malos al mismo tiempo...
roger56@prodigy.net.mx