
López Obrador ha provocado la degradación intelectual de numerosos académicos y escritores que han abandonado la crítica y la autocrítica para defender un proyecto anacrónico y neopriista de nación, basado en las fantasías y las mentiras del cacique de Macuspana. Viejos comunistas y nuevos izquierdistas han dejado atrás el análisis para abrazar indolentemente el discurso rabioso del ex candidato presidencial. Han preferido dejar de pensar. Un ejemplo de veras patético se puede ver en el sitio Chilangos Patéticos, listado aquí a la izquierda, en el que las distorsiones y las triquiñuelas retóricas sutituyen el razonamiento propio de las ciencias sociales. Y todo por el odio irracional a la derecha. La frustración es el nuevo sino de la izquierda imbécil. Aquí, enseguida, dos textos sobre los que vale la pena reflexionar sin ataduras ideológicas. (La ilustración, de Blumpi, muestra a Don Porfirio, líder de todas las izquierdas...)
Sobre López
Jaime Sánchez Susarrey
Reforma, 9 de febrero de 2008
1. AMLO no está muerto ni enterrado. Quien así lo considere se equivoca. No es lo mismo estar noqueado que definitivamente eliminado. El señor López sigue arriba del ring en espera de la revancha. Su influjo en el PRD se mantiene. Nueva Izquierda, la corriente de Jesús Ortega, le teme. Y no le falta razón. El último incidente con Ruth Zavaleta lo muestra de cuerpo entero. Su desparpajo no es nuevo. Y como el 'cállate, Chachalaca', durante la campaña presidencial, le costará caro. Pero más allá de esa evaluación, 'el Presidente legítimo' conserva su fuerza. La competencia cerrada entre Jesús Ortega y Alejandro Encinas lo confirma. Hay Peje para rato. Más le vale al gobierno de Calderón y al resto de las corrientes políticas tenerlo presente. Minimizarlo sería un grave error.
2. Sin duda está haciendo hasta lo imposible por levantarse de la lona. Ahí está su reciente carta a los medios electrónicos. Cree que la oportunidad es única, por eso esgrime el petate del muerto: si Pemex se privatiza, se cancelará la vía pacífica del cambio. El despropósito es mayor. Primero, porque nadie está proponiendo la privatización de la empresa. El gobierno federal ya la descartó. Beltrones, por su parte, negó cualquier cambio constitucional. Segundo, el señor López carece de autoridad moral para solicitar la apertura de los medios electrónicos. Su desprecio por los debates en el 2006 fue más que evidente. Tercero, hipoteca una vez más su credibilidad y sus cartas democráticas: las decisiones de la mayoría en la Cámara de Diputados no pueden ser impugnadas por una minoría mediante amenazas violentas.
3. A confesión de parte, relevo de pruebas. La anécdota es cierta. A Pemex, dijo, hay que salvarlo desde la Presidencia. No hay otra forma. Soy yo o el caos. En esa gesta no caben las medias tintas. Es todo o nada. La historia se repite. Sólo la derrota del adversario confirmaba la legitimidad del proceso electoral. Ahora, frente al Presidente espurio sólo la resistencia tiene sentido. No importa que dure dos, tres o seis años. Lo otro es colaboracionismo puro. La transa fortalece al enemigo. Más vale una colorada que 100 descoloridas. Quien no lo entiende así es un traidor. Si en ese proceso Pemex quiebra y se hunde es secundario. Puede ser incluso indispensable. Lo importante es alcanzar la Presidencia. De ahí la andanada contra Jesús Ortega y Nueva Izquierda. Desde el púlpito mayor AMLO lanza rayos y centellas. Su fuego purificador es el mismo que anunció durante su campaña a la Presidencia.
4. La estrategia tiene un primer objetivo: dinamitar los puentes del PRD con el PAN y el PRI en el Congreso. La reciente reforma electoral y otros hechos encendieron los focos rojos. Nueva Izquierda lo desafió. Ruth Zavaleta lo traicionó. Leonel Godoy le entregó la plaza al gobierno federal. El agravio es mayor. El nuevo gobernador de Michoacán no sólo dijo que no se podía gobernar sin el apoyo del presidente de la República, sino que además invitó a Felipe Calderón a su toma de posesión. La andanada contra los reformistas debe ser total. Ya la puso en operación a finales del año pasado. La línea era muy clara: Genaro Góngora presidente del IFE o nada. Fue lo mismo que hizo Pablo Gómez en el 2003. La sentencia es inapelable: el nuevo consejo carecerá de nuevo de credibilidad y legitimidad. Lo anterior vale para la reforma energética a pie juntillas. La galvanización del PRD debe ser total. Patria o muerte, ésa es la consigna.
5. El segundo objetivo es romper la reforma misma. No hay que olvidar que López tiene una ascendencia moral e ideológica sobre importantes corrientes del PRI. Es seguro que ni Manlio Fabio Beltrones ni Emilio Gamboa comparten sus obsesiones. Pero ambos tienen pavor de figurar en la picota del rayito de esperanza. En el caso de Beatriz Paredes hay, además, afinidades electivas. Por encima del miedo y del cálculo costo-beneficio existe simpatía por los viejos dogmas del estatismo y el populismo. Los efectos de la estrategia del Peje están a la vista. En materia fiscal no se fue más allá porque el tema del IVA en medicinas y alimentos se había politizado. Ése es el contexto de las recientes declaraciones del senador Beltrones: no habrá modificación constitucional. Sin embargo no existe ninguna garantía de que ese seguro abra un debate serio e informado sobre la reforma energética. AMLO juega en otras canchas.
6. No es la primera vez que López miente ni será la última. Le mintió al ingeniero Cárdenas cuando le juró lealtad. Faltó a la verdad al deslindarse de René Bejarano y Gustavo Ponce. Manipuló el amparo del predio El Encino para autovictimarse. Falseó las encuestas al afirmar que llevaba 10 puntos de ventaja en el 2006. Calumnió a Calderón en el debate. Engañó a todos la noche del 2 de julio al proclamar su victoria por 500 mil votos. Diseñó un mecanismo para modular el flujo de información el 5 de julio y aparentar que los resultados le eran favorables durante todo ese día. ¿Qué de extraño tiene, entonces, que esté fabricando ahora un gran molino de viento y difunda a diestra y siniestra el complot para privatizar Pemex? Si el gobierno de Calderón y Manlio Fabio Beltrones creen que están frente a un debate serio y racional se equivocan rotundamente. El objetivo es provocar pánico e histeria para encarecer los costos de cualquier reforma energética. Nada más.
7. ¿Vale señalar lo evidente? López no se hace cargo de la realidad. Me explico. Los precios del petróleo están por las nubes, pero la producción de Pemex está declinando de manera muy acelerada. Dentro de cinco años podríamos estar importando crudo. Pero además, los ingresos del gobierno federal están petrolizados. No se puede, en consecuencia, invertir más recursos en exploración y perforación sin afectar las partidas que se destinan a áreas como salud y educación. El tiempo apremia. Si la reforma no soluciona el problema de manera adecuada, el gobierno de Calderón enfrentará una situación en extremo delicada en unos cuantos años, por no decir meses. ¿Lo entiende López? Me corrijo. Por supuesto que sí. Y a eso es, justamente, a lo que le apuesta. Él sabe que la única manera de regresar victorioso a la escena política es en medio del caos. Su discurso se sintetizaría entonces en una sola frase: 'Se los dije'.
8. La estrategia va. En el interior del PRD la disputa está ya en quién levanta la voz más fuerte y en forma más airada para defender el... petróleo. Así que Dios guarde la hora. Porque el contagio puede ser inmediato y convertirse en unas cuantas semanas en epidemia.
Traidores al paredón
Enrique Krauze
Reforma, 10 de febrero de 2008
Muchos criticaron la frase 'AMLO es un peligro para México'. Se dijo que era el emblema de la 'guerra sucia' y que provenía 'directamente de Joseph Goebbels', autor del famoso dictum: 'Una mentira repetida cien mil veces se vuelve verdad'. Académicos distinguidos lamentaron que la 'atmósfera de miedo' y 'polarización' creada por el PAN pudiese incitar a la violencia: 'el concepto de 'peligro para México' significa que es un peligro para la nación, y entonces no se puede contemporizar, y hay que eliminarlo'. Escritores reconocidos apuntaron que el uso insistente de la frase en boca de Calderón era condenable en términos intelectuales (una 'generalización... sin matiz o lógica'), deplorable en lo moral ('es la cima de la campaña de odio... es volver orgánica la histeria revanchista'), pero sobre todo peligrosa, ella sí, en términos políticos: '¿Por qué tal belicosidad si lo que se quiere es un clima civilizado?'
Ahora López Obrador llama 'traidores a México' a quienes propongan cualquier reforma energética. Aunque al principio pareció reservarse los nombres de quienes tenía en mente, no tardó en soltar algunos: Felipe Calderón, Juan Camilo Mouriño, Jesús Reyes Heroles, Santiago Creel y Manlio Fabio Beltrones, Emilio Gamboa Patrón y Francisco Labastida Ochoa. Al poco tiempo, amplió la cobertura y advirtió que será 'un traidor a la patria' el legislador, 'sea del partido que sea', que vote en favor 'de cualquier modificación a la Constitución o leyes secundarias que permitan la participación privada en la industria petrolera'. Y, sin más contemplaciones, decretó: 'Aquí hay dos grupos: los que están a favor de las reformas energéticas y los que estamos en contra. No hay lugar para la medianía. No se puede permanecer en medio, no se puede ser moderado, porque el que apoya a las reformas es traidor a la patria, sea del partido que sea'.
Señalar a un político como 'un peligro para México' es, sin lugar a dudas, una acusación muy grave, pero no tiene traducción práctica en los códigos vigentes. En cambio la frase 'traidor a la patria' remite a responsabilidades muy claras y específicas. En el artículo 22 de la Constitución de 1917, la 'traición a la patria' estaba tipificada 'en guerra extranjera' y se castigaba -lo mismo que el plagio, los delitos graves de orden militar o el homicidio con alevosía y ventaja, entre otros- con la pena de muerte. El párrafo fue omitido hace muy poco, el 9 de diciembre de 2005, pero el cargo persiste, referido sólo al presidente de la República, en el artículo 108, segundo párrafo, de la Carta vigente. Aunque la pena de muerte se ha derogado, el Código de Justicia Militar y el Código Penal Federal siguen tipificando el delito con penas severísimas. Los artículos 203 y 205 del primero prevén penas de hasta sesenta años; el artículo 123 del segundo dice a la letra: 'Se impondrá la pena de prisión de cinco a cuarenta años y multa hasta de cincuenta mil pesos al mexicano que cometa traición a la patria en alguna de las formas siguientes', y enseguida enumera quince puntos, casi todos referidos a casos de guerra (pérdida de territorio, espionaje) salvo el primero, más genérico: es traidor a la patria quien 'realice actos contra la independencia, soberanía o integridad de la Nación Mexicana con la finalidad de someterla a persona, grupo o gobierno extranjero'.
En nuestro régimen constitucional, la determinación de la responsabilidad jurídica correspondería desde luego a los ministros de la Suprema Corte de Justicia pero, llegado el caso, AMLO no tendría el menor empacho en considerarlos, a ellos también, 'traidores a la patria'. ¿Y qué ocurriría si un buen número de mexicanos se convencieran de buena fe sobre la necesidad de las reformas? Tampoco ahí cabe duda: serían 'traidores a la patria'.
Pero ya se sabe: el Peje por su boca muere. Y es que el propio Proyecto alternativo de nación elaborado por AMLO decía a la letra: '... tampoco deberíamos descartar que inversionistas nacionales, mediante mecanismos transparentes de asociación entre el sector público y el privado, participen en la expansión y modernización del sector energético o actividades relacionadas, siempre y cuando lo permitan las normas constitucionales'. Bajo su actual óptica radicalizada, el líder se ha vuelto 'traidor a la patria'.
El problema, como es obvio, no es legal sino político: pertenece a la órbita de nuestro imaginario histórico. La frase 'un peligro para México' induce temor, pero la frase 'traidor a la patria' provoca odio y ánimo de venganza. En México, quien incurre en 'traición a la patria' merece el castigo terminal de todos los 'traidores' de nuestra historia. Aquí ya no sólo estamos frente a una 'generalización sin matices ni lógica', una 'mentira repetida mil veces', un caso de 'polarización' o 'belicosidad'. Estamos frente a algo mucho más serio: una abierta apelación al 'pueblo' para que, fiel a 'sus usos y costumbres', haga lo que siempre hizo con los 'traidores': llevarlos al paredón.
¿Qué dicen ahora los críticos? Ni una palabra, por supuesto.


