En el semanario Día Siete de hoy mi amigo el extraordinario escritor Mauricio Carrera publicó un breve texto sobre el Che Guevara, en el que escribe que 'perdura por su nitidez y por haber muerto sin haber llegado a ser una figura autoritaria'. Le escribí para saludarlo y desmentirlo. Después de mi mensaje, el texto que publiqué en el catálogo La narrativa de un retrato. El Che de Korda, de la exposición organizada y curada por Trisha Ziff.
Mi estimado Mauricio, cómo te va? Tanto tiempo sin vernos...
Leí hace rato tu breve texto sobre el Che Guevara, a quien tantos homenajes se le han hecho ya, inmerecidamente por cuanto son producto de la desinformación y la pasión que envuelve a sus fans en todo el mundo desde su muerte. Pero no todos saben que el Che sí fue un hombre autoritario, cosa que niegas en tu artículo, además de violento, homofóbico e inepto para los asuntos del gobierno. Perdón por perturbar tu admiración por el héroe, pero son de esas cosas en las que no me puedo quedar callado: estoy contra los autoritarismos de cualquier signo, en el pasado y ahora, como lo estaré siempre. Te anexo un texto de mi autoría que se publicó en el catálogo de la exposición sobre la iconografía de la famosa foto de Korda, en el cual hay suficiente información y bibliografía como para repensar la imagen y el legado del tristemente célebre Che Guevara.
Te dejo un abrazo desde Guadalajara, y te deseo lo mejor para ti y los tuyos este año que se nos viene encima...
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De Bolivia a Hollywood: reflexiones en torno a la imagen del Hombre Nuevo
Aullando como poseído, asaltaré barricadas o trincheras [...] Teñiré en sangre mi arma y, loco de furia, degollaré a cuanto vencido caiga entre mis manos [...] ya siento mis narices dilatadas, saboreando el acre olor de pólvora y de sangre, de muerte enemiga.
Ernesto Che Guevara, Notas de viaje (La Habana, 1962)
Esta película [Diarios de motocicleta] ha marcado un antes y un después en mi vida, muchas cosas se transformaron dentro de mí. Hubiera sido un desperdicio que yo no hubiera cambiado después de realizar el mismo viaje que hizo el Che a sus 23 años por Sudamérica, y que siento que para mí fue tan importante como para él, porque me cambió de manera tremenda.
Gael García Bernal, en entrevista con el diario mexicano El Universal
I. Lo que ha fallado es la Revolución, pero el logo está como nuevecito
El 9 de octubre de 1967 el periodista británico Richard Gott, de The Guardian, reconoció el cadáver del argentino Ernesto Che Guevara, que había sido asesinado unas horas antes por el sargento Mario Terán (a.k.a. 'Sangre Fría') en la humilde escuela de La Higuera, en Bolivia. Sin embargo, ésta no es una simple historia de buenos (comunistas) contra malos (imperialistas). Gary Prado, el militar boliviano que capturó al Che en la Quebrada del Yuro, declaró al Journal do Brasil que éste le había dicho antes de morir que había sido abandonado por Castro. ¿Por Fidel Castro? Vaya... ¿No es el viejo Comandante uno de los símbolos del nuevo 'altermundismo' que clama 'Otro Mundo Es Posible'? Para las nuevas generaciones que poco se han ocupado de estudiar la historia contemporánea -pero que lucen orgullosas la estampa del Che en sus playeras- quizá sea inconcebible el hecho de que el 'Guerrillero Heroico' murió a consecuencia de una cadena de factores entre los que se encontraban su propia impericia militar, una geografía abrupta, el acecho de espías cubanos contratados por la CIA, la escasa colaboración de campesinos y trabajadores bolivianos y el resentimiento del Partido Comunista de ese país andino, hecho a un lado a la hora de conspirar para la gran insurrección de la América del Sur. Pero, no menos importante, la campaña del Che también fracasó por el desinterés de Castro, quien debió obedecer las consignas de la Unión Soviética y cortar el apoyo a su antiguo compañero de lucha. Hay otro elemento que le da a esta historia una dimensión aún más dramática: una hermosa espía argentina-alemana reclutada por la Seguridad del Estado de Alemania Oriental -a quien el Che había conocido y enamorado en una visita a ese país-, más tarde transferida a la KGB y comisionada para sabotear nada menos que la misión del Che en Bolivia, lo cual cumplió con fría precisión poco antes de caer abatida por las balas del ejército boliviano, enamorada quizá del guerrillero y con un hijo de él en sus entrañas. La triste historia de Tamara H. Bunke Bider, mejor conocida como 'Tania', aún no ha sido llevada al cine con todo el dramatismo y la complejidad que merece. (¡Pero, por favor, no piensen en Madonna para el papel principal!)
II. Bailando por un sueño: éramos jóvenes y RBDs...
El 10 de octubre de 1967 mi padre -ligado afectivamente al Partido Comunista Mexicano- llegó a casa con la edición vespertina de un diario que traía la noticia de la muerte del Che. Al día siguiente la fortuita imagen de Korda inundaba el mundo entero (aunque años después me enteraría de que en Checoeslovaquia, la URSS y otros países del este europeo la muerte de Guevara se recibió con cierta indiferencia). Yo tenía entonces once años y creía, como mi papá, que el comunismo liberaría al hombre de todas sus cadenas. Durante mi adolescencia y juventud la imagen del Che Guevara se conservó impoluta, como la de un santo, a pesar de su caprichosa biografía en la que abundaban mujeres y hasta la pretensión de ser actor de cine en México. Aún no conocía la bibliografía de los disidentes del comunismo (Solyenitzin, Bahro, Havel) y hubiera sido una blasfemia hablar de él en los términos en que lo hizo en marzo de 2005 el jazzista cubano Paquito D'Rivera en una carta abierta a Carlos Santana, que por esas fechas ofrecería un concierto en Miami:
Hola Santana:
Me enteré por nuestro amigo Raúl Artiles que pronto te presentarás en Miami, cosa que me parece poco recomendable, ya que no hace mucho cometiste la torpeza de aparecerte en los Oscar Awards luciendo con orgullo un enorme crucifijo sobre una camiseta con la estereotipada imagen del 'Carnicerito de la Cabaña', que es como conocen al Che Guevara los cubanos que tuvieron que sufrir a tan lamentable personaje en esa prisión. Uno de estos cubanos fue mi primo Bebo, preso allí precisamente por ser cristiano. Él me cuenta siempre con amargura cómo escuchaba desde su celda en la madrugada los fusilamientos sin juicio de muchos que morían gritando '¡Viva Cristo Rey!'
El guerrillero de la boinita estrellada es algo más que esa ridícula película de la bicicleta, mi famoso colega, y combinar a Cristo con el Che Guevara es como entrar a una sinagoga con una swástica colgando del cuello, y es además una bofetada en el rostro de los jóvenes cubanos de los años sesenta, que tenían que esconderse para escuchar tus discos de 'música imperialista', según definían al rock & roll en la jerga del mismísimo atorrante argentino y sus secuaces.
Perdona que te escriba en español, pero es que no creo que tenga suficientes palabras en inglés para expresar mi indignación ante tu irresponsable actitud. Y créeme que, a pesar de todo, como artista te deseo buena suerte, porque la necesitarás, Carlos, sobretodo en Miami.
Sinceramente, Paquito D'Rivera.
¿El Che Guevara, el sinónimo de rebeldía, libertad y revolución tácita y universalmente aceptado, acusado de represor y torturador? ¿Cómo va a ser eso? ¿Por qué su imagen sigue siendo un símbolo para millones de personas y su vida inspira obras literarias, musicales, plásticas y cinematográficas (las más fallidas de todas: de Omar Sharif a Gael Gacía Bernal) y es lucida por activistas, indios en rebeldía, terroristas etarras y los más variopintos personajes del arte y del espectáculo? ¿Es que acaso desconocen la fiereza de la dictadura de Castro en Cuba y el fracaso de su sistema? Por eso, para muchas personas de mi generación -y de las anteriores- la imagen fotográfica más reproducida en la historia es inseparable de la persona que representa.
III. También en los billetes cubanos aparece el rostro del Che
En la Cuba de los años sesenta, al triunfo de la revolución, y setenta, cuando se consolidaba, los homosexuales, los disidentes -incluso los de izquierda y los demócratas- y los rebeldes de pelo largo y apariencia 'estrafalaria' eran confinados para su 'reeducación' y 'regeneración' en los campos de las Unidades Militares de Apoyo a la Producción. Mientras el mundo festejaba a la naciente revolución y los intelectuales de Occidente saludaban efusivamente al Comandante, en Cuba la intolerancia, las aprehensiones, los fusilamientos -muchos de ellos ordenados por el Che- y la desbandada hacia el exilio comenzaron en cuanto los guerrilleros ascendieron al poder. No sólo escritores y artistas fueron humillados, encarcelados o expulsados del país, también miles de ciudadanos comunes y corrientes sufrieron el despotismo del nuevo régimen.
Los repetidos fracasos de la economía -en los que también el ministro de Economía Ernesto Guevara tuvo mucho que ver- produjeron escasez y racionamiento; la campaña nacional de alfabetización no fue otra cosa que un vasto plan de indoctrinación y los supuestos avances de la ciencia y la salud servían para mantener en relativas buenas condiciones la fuerza de trabajo, del mismo modo en que los granjeros se ocupan del bienestar de sus rozagantes reses y cerdos.
Por esos días aciagos el Che y Castro idearon la teoría del foco guerrillero, la revolución mundial. Y se fue el Che al Congo, donde sufrió su primer revés. Más tarde, los guerrilleros que lo sobrevivieron en su aventura boliviana lo describirían como un hombre arrogante y prepotente que los humillaba y tachaba de maricones. Pero el Che Guevara supo morir a tiempo -lo mismo que Camilo Cienfuegos. Su muerte lo convirtió súbitamente en un Cristo contemporáneo, humillado y asesinado por los esbirros del imperialismo yanqui y una pequeña ayuda de sus amigos. (Imagínense lo triste que hubiera sido ver a un Che Guevara septuagenario azotar en el suelo después de un torpe tropezón...)
Al oscuro y antiguo fotógrafo de modas Alberto Korda eso le significó la vuelta a la vida pública, ya que entonces estaba castigado por la moral revolucionaria debido a su afición por los desnudos femeninos (la que nunca abandonó del todo, pues volvió a la fotografía publicitaria para trabajar en las campañas del ron Havana Club con chicas en bikini bañándose en las cálidas aguas del Caribe. En una visita a Cuba en 1984 el propio Korda nos mostró en su casa de Miramar algunas fotos recientemente tomadas por él.) En tanto, el póster del editor italiano Feltrinelli se vendía como pan caliente en la vieja Europa y después en el resto del mundo. El comunista Korda nunca recibió un peso imperialista y tuvo que conformarse con ser el autor casi anónimo de una de las imágenes más vistas de la historia. (¿Cuáles serán, por cierto, la segunda y la tercera?)
IV. El arquetipo cristiano, según Jung
La revolución internacional nunca llegó. Sin embargo, en medio de la euforia globalifóbica la imagen del Che continúa vigente entre miles de activistas. Entre los indígenas neozapatistas de Chiapas el rostro del Che se mezcla con el de Cristo y la Virgen de Guadalupe, y traileros, vedettes, grafiteros, comerciantes, músicos populares y pandilleros de México y otros países lo lucen en sus prendas y vehículos como si la imagen aún conservara su inocencia primigenia. Aun así la necia revolución se resiste a llegar. El logo más reconocible de la historia ha servido para miles de usos, menos para garantizar el triunfo del progreso y la libertad. (De no ser por las obvias razones ideológicas, estoy seguro de que la NASA habría incluido la foto de Korda entre los objetos que acompañan al mensaje interestelar lanzado al espacio en 1972 a bordo del Pioneer 10.)
Pero la famosa imagen no es venerada por todos. También ha sido vejada, burlada, parodiada y distorsionada alrededor de todo el mundo. Su rostro santificado ha recibido escupitajos y huevazos, como el de la portada del National Lampoon. Se ha transformado en el de los más disímbolos personajes y reconstruido miles de veces por publicistas, comerciantes, artistas, humoristas y gente del show business. Hay quienes se han molestado porque otros visten la playera del Chepillín, que funde en una sola cara la imagen del Che con la de Cepillín, el payasito de la tele mexicana de los años ochenta. (No es mentira: el dueño de un bar cool en Guadalajara se indignó porque un joven parroquiano la portaba alegremente mientras pedía una cerveza.)
La historia del Che es una cruel paradoja de la Historia. La imagen misma de la libertad, el orgullo, la templanza revolucionaria, nada menos que la del prototipo del Hombre Nuevo, es la de un hombre que en la realidad fue un cruel idealista -que murió por sus ideales, hay que añadir siempre-, pero también un autoritario, un macho homofóbico, asmático y vanidoso, enamorado de su imagen y de sus palabras. De la misma manera en que dos mil años de cristianismo no han podido construir un mundo mejor, la imagen del Che no ha provocado ningún cambio radical en la sociedad contemporánea. (La izquierda moderna ha llegado al poder gracias a la democracia, no a las revoluciones.) El Che fue un mesiánico que ya no pudo siquiera imaginar el estrepitoso fracaso del totalitarismo socialista por el que dio, gratuitamente, su vida.
A pesar de que la fotografía original del malhadado Che Guevara y sus cientos de miles de variantes a lo largo de casi cuarenta años desde su publicación masiva es inseparable, en primera instancia, del sujeto que representa, lo que de verdad importa es que esa imagen se volvió inmediatamente el logotipo arquetípico de la revolución (de la rebeldía a la liberación), y sigue siéndolo ahora después de tanto tiempo y de tantas y tan disímiles derivaciones, reinterpretaciones, deformaciones, parodias y homenajes. Ese rostro hierático, esa mirada romántica y visionaria, la cabellera desordenada -un poco hippie-, la autoridad que le confiere la estrella de su boina militar, la sobriedad de su chaqueta y el aura heroica que impregna la imagen toda son la conjunción perfecta de elementos que preconfiguran al hombre nuevo producto de la revolución -cubana, primero, latinoamericana y mundial después. Pero, ¿quién puede afirmar con certeza que esos ojos rebeldes veían el futuro promisorio de la humanidad y no una muerte inminente y casi suicida? La imagen del Che constituye -independientemente de lo que suceda con ella en el futuro- una de las más grandes paradojas del siglo XX y de los primeros años de este nuevo siglo marcado por constantes enfrentamientos violentos no sólo entre Occidente y otras civilizaciones, sino entre los que creen que 'otro mundo es posible' y los que prefieren mantener inalterado el orden de las cosas. ¿Socialismo o muerte?
Referencias bibliográficas
Jon Lee Anderson, A revolutionary life, Barnes & Noble, 1998
Juan F. Benemelis, Las guerras secretas de Fidel Castro, Grupo de Apoyo a la Democracia (www.gadcuba.org), 2002-2003.
Guillermo Cabrera Infante, Mea Cuba, Barcelona: Plaza y Janés, 1992.
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Fernando Claudín, La crisis del movimiento comunista, Barcelona: Ruedo Ibérico, 1977.
Stéphane Courtois, El libro negro del comunismo, Madrid: Espasa-Calpe, 1998.
Régis Debray, Alabados sean nuestros señores. Una educación política, Barcelona: Plaza y Janés, 1999.
Ernesto Che Guevara, El diario el Che en Bolivia, prólogo de Fidel Castro, México: Ed. Siglo XXI, 1968.
Carlos Alberto Montaner, Fidel Castro y la Revolución Cubana, Transaction Publishers, 1984.
Jean-François Revel, La gran mascarada. Ensayo sobre la supervivencia de la utopía socialista, México: Taurus, 2001.