He estado leyendo -y preparando para su próxima edición- el magnífico trabajo de investigación y crónica de la psicóloga Elvira Reyes que llevará por título Una agenda vacía: los derechos humanos y la prostitución en el Distrito Federal. Una experiencia desde el CAIS-CDHDF.
Se trata de los testimonios de las personas que trabajaron en el Centro de Atención Integral y Servicios que dependía de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal, enclavado en la zona de La Merced. Ahí la autora y otras trabajadoras de la Comisión atendieron a muchas trabajadoras sexuales proporcionándoles atención psicológica, médica y legal, hasta que el llamado ombudsman de la capital, Emilio Alvarez Icaza, decidió, de la mano de su secretaria técnica, Rocío Culebro, cerrar ese Centro porque, entre otros pretextos, 'sangraba el presupuesto de la Comisión' y porque 'no tenía nada que ver con la promoción y defensa de los derechos humanos...'. El Centro, en pocos años de funcionamiento, se ganó la confianza de las mujeres trabajadoras sexuales de la zona y logró incluso crear pequeñas fuentes de ingreso opcionales, como la elaboración y venta de artesanías. Pero también se ganó la enemistad de influyentes grupos de lenones que veían cómo muchas de las trabajadoras sexuales decidían independizarse y acercarse al CAIS para conocer más sobre sus derechos y aprender a defenderse de abusos, extorsiones y malos tratos por parte de padrotes y madrotas, policías y autoridades e incluso funcionarios de la delegación Venustiano Carranza. Varios grupos de padrotes y madrotas, alarmados ante la influencia del CAIS, se organizaron y empezaron a presionar a la CDHDF para que clausurara el Centro, amenazando a Alvarez Icaza con armarle escándalos en la Asamblea Legislativa y frente al edificio de la Comisión si no accedía a sus demandas. De manera cobarde y pusilánime, el presidente de la CDHDF y su secretaria técnica decidieron cerrar el CAIS, abandonando a su suerte a muchas de las trabajadoras sexuales que habían encontrado en ese lugar un espacio para aprender a vivir mejor y defenderse en un medio que las hostiliza y estigmatiza cotidianamente.
Una vez cerrado el Centro, Elvira Reyes, psicóloga de ese lugar, fue marginada en las instalaciones de la CDHDF e incluso amenazada por lenones y lenonas ante la pasividad y la sorna de Rocío Culebro. Finalmente, fue despedida por haberse atrevido a cuestionar al pequeño defensor de los derechos humanos en relación con el oscuro y engañoso procedimiento de desaparición del CAIS, un lugar único en México, y cuya experiencia difícilmente se repetirá en un país devastado y plagado de simuladores y corruptos. Este trabajo extraordinario y necesario verá próximamente la luz en una prestigiada editorial. Por lo pronto, pueden leer un avance en las páginas del no. 4 de Replicante ('Rosalinda, Rafaela, Berta. Trabajadoras sexuales de La Merced').
Por cierto, mi primazo Héctor Villarreal y un servidor escribimos al alimón un texto sobre la malhadada defensora de derechos humanos Digna Ochoa, el cual se publicará próximamente en la compilación que está realizando Gerardo Villa del Angel y que llevará por nombre El Libro Rojo, en conocida editorial... En ese texto deconstruimos el mito que se han empeñado en acrecentar los falsos defensores de derechos humanos respecto de su trágica muerte. Ya les daremos un adelanto un día de éstos.
viernes, septiembre 09, 2005
La poetica de la historia
[Se publicó en La Gaceta del Fondo de Cultura Económica
(agosto de 2005)]
Gerardo Deniz vs. Max Mordon
Hay quien ejerce cuarenta y tantos años prosa o verso
sin emplear ni una vez el verbo sublevarse.
Gerardo Deniz, Paños menores [Tusquets, México]
Mea culpa
Hace varios años, desde las páginas de La Pus moderna, una revista marginal que dirigí de 1989 a 1996, le reproché al poeta y editor Fernando Fernández lo que me parecía una excesiva atención a otro poeta completamente desconocido para mí: Gerardo Deniz. Viceversa, la revista comandada por Fernández, le prodigaba generosos espacios al autor de Picos pardos, publicado por la Editorial Vuelta en 1987. También desconocía ese poemario de inusitado título y el puñado de libros editados por otras tantas casas importantes. No fue sino hasta 1998 cuando el también poeta José María Espinasa me dio a corregir las pruebas tipográficas de Anticuerpos para sus Ediciones Sin Nombre. En los breves textos de ese pequeño y evocador libro descubrí a un autor inteligente, ingenioso y dotado de un finísimo humor que amenizaba página tras página. Poco después supe que Deniz había sido antes Juan Almela y que había nacido en Barcelona en 1934. Quiso la suerte que eventualmente me topara con varios de sus poemas y ensayos y con una entrevista que le hizo Eduardo Hurtado para La Jornada Semanal en 1997, de la cual copio el párrafo introductorio porque viene ahora como anillo al dedo:
La poesía de Gerardo Deniz es tan intrincada y fascinante como la Tabla Periódica de los Elementos. Experto en química y en música, conocedor de lenguas que incluyen el ruso, el alemán y el turco, suscriptor de complejas revistas de filología, degustador de los más cotidianos placeres (de las 'frases hechas' a los cigarros Faros), Deniz es el poeta excepcional de Enroque, Adrede y Picos pardos.
Años más tarde, cuando La Pus ya era historia (contracultural), le agradecí a Fernando Fernández con un brindis (tequila y cerveza) por el descubrimiento de este original poeta de arraigado espíritu científico. Ahora me doy cuenta de que si hasta hace poco era un mal lector de poesía era por culpa de poetas engolados y cursis, sobre todo jóvenes, que, inflamados, ardorosamente acogen en su seno el llamado estro a la hora de sentarse a escribir.
La poesía
Hace veinticinco años trabajé en la Editorial Grijalbo, cuando la dirigía mi amigo Rogelio Carvajal. Ahí conocí a Alejandro Rozado, quien a la postre se convertiría en poeta, y también en crítico de cine, ensayista y terapeuta. Había desertado recientemente de las filas del Partido Comunista, lo mismo que yo, y nos unía una especie de desánimo existencial, pero crítico. Poco después él huyó a Guadalajara, donde comenzó otra vida, y yo más tarde me dedicaría a editar La Regla Rota, una revista de arte, cultura y humor que vio solamente cuatro números de 1984 a 1987. Todo ese tiempo lo perdí de vista.
Pero hace unos meses descubrí en las páginas de una extraordinaria revista tapatía, Tedium Vitae, un par de artículos firmados por Alejandro Rozado ('La melancolía de Mauricio Garcés' [no. 2] y 'Octavio Paz: la invasión nocturna' [no. 3]), pero no estaba seguro de que se tratara del mismo que yo conocía. Sí, me aseguró otro buen amigo, René González, responsable del cuidado editorial de esa revista y el primero que me habló en los años ochenta del oxímoron, una invaluable figura retórica que él hacía llegar a extremos delirantes.**
Luego de un cuarto de siglo Alejandro y yo nos reencontramos en la Ciudad de México y advertimos que aún habitamos el exilio de los descreídos, pero aún con el espíritu intacto. Sin embargo, lejos de la desesperanza y de la parálisis, coincidimos en que vivimos ahora la decadencia de Occidente y que, para afrontarla, no hay sino encontrar la mejor manera de perecer, como lo afirma en su lúcido ensayo 'La noche de la civilización' y en cuya parte inicial apunta: 'La única filosofía que es pertinente en los tiempos que corren es la poética de la historia'. Y escribe más adelante, después de discurrir sobre el agotamiento de la civilización occidental y su debacle irremediable:
La noche de la civilización será larga, durará todavía algunos siglos. Lo que nazca ulteriormente -si es que nace- dependerá de circunstancias ajenas a nosotros e impredecibles. Sólo la praxis poética puede amacizar la subjetividad histórica del individuo. Porque la poesía verdaderamente significativa es incorruptible. Lo supieron desde siempre los románticos, los malditos y los surrealistas. Decaídas las grandes religiones y aplastados los voluntaristas proyectos de transformación socialista, la poesía es la única dimensión sagrada que le queda al ser humano, pero no para salvarse -insistimos, no hay escapatoria-, sino para dar sentido histórico a la vida contemporánea.
Sin embargo, continúa Alejandro Rozado,
Apostarse en el mundo poético no significa dedicarse a versificar la vida. Estar en esa dimensión es el resultado de un largo proceso después del cual se van fusionando las tareas del filósofo, el científico, el luchador social, el historiador, el sociólogo, el poeta e incluso el profeta. Proferir la gran caída, hacer uso de la palabra magnética para nombrar el extremo a que está llegando la época, implica vivir en el centro de nuestra extrema existencia sensible, representa una manera condensada de responder al falso optimismo del progreso, al utopismo revolucionario que se reedite y se encuentre en boga, a la ingenuidad trágica del ecologismo o a la predecible violencia del cafre pendejo; significa asumir el desencanto del mundo sin azotarse como víctima; aceptar la jodidez de la vida que nos toca, sin las flaquezas del fanático o del supersticioso de pacotilla que no puede soportar con virilidad los tiempos que corren. Desde la terraza del mundo poético se forja un ser macizo, templado por las viejas luchas radicales -sus logros y fracasos-, y ese ser no puede más que ser pesimista. Pero el pesimismo es la única actitud humanista posible hoy en día; es un pesimismo activista [...] incansablemente crítico y apasionado. [...] Los poetas serán de lo más peligroso y perturbador para el orden establecido, y serán deliberadamente ignorados o, en su defecto cooptados, y hasta perseguidos, precisamente porque sus voces serán escuchadas y respetadas a fondo. Porque revelarán una realidad ineludiblemente agónica que nos compete a todos encarar con entereza. [Replicante no. 3]
Este ensayo esclarecedor despejó varias dudas que venía arrastrando desde mi adolescencia y mi fallida y decepcionante militancia comunista. Por ejemplo, ¿por qué admiraba a Octavio Paz y al mismo tiempo lo detestaba? A su muerte, en 1997, escribí para la sección cultural de El Financiero un breve texto que llevaba por título 'La muerte de Paz, del que transcribo lo que sigue:
Octavio Paz fue una figura tan prominente como controvertida en el paisaje de la cultura mexicana. Certero crítico temprano del socialismo real -a la par que Istrati, Gide, Trosky...-, en los últimos años de su vida su acercamiento al poder fue reprochable, así como su protagonismo, su intolerancia y sus tajantes sentencias políticas y filosóficas: el Encuentro de Vuelta por la Libertad fue el Olimpo donde el Júpiter tonante de las letras mexicanas daba y quitaba la palabra a los dioses del pensamiento occidental. Irritado por no haber sido invitado 'a tiempo' al Coloquio de Invierno [...] exige a Carlos Salinas la destitución de Víctor Flores Olea, entonces pusilánime representante de la cultura oficial. Al final de sus días ya no era el mismo Paz que condenó en su tiempo al funesto Díaz Ordaz, sino el intelectual que condescendía con los peores presidentes que ha padecido este país. [...]
Si bien la mayor parte de su obra ensayística es indispensable para entender la historia contemporánea de México y del mundo, no se trata de un cuerpo teórico sólido e incuestionable, como quieren sus fanáticos y aduladores, sino, por el contrario, uno que requiere de la profunda revisión y crítica por parte de lectores y analistas [...]. El laberinto de la soledad, por ejemplo, es un texto totalizador que olvida los diferentes países superpuestos en un solo territorio y las distintas clases de mexicanos que los habitan.
En el ocaso de su vida, más un semidiós que un escritor vivo, Paz dio su espaldarazo a los grandes fraudes electorales, dejando ver su animadversión por la desbalagada izquierda democrática, por el movimiento zapatista y, lo que es peor, su escasa sensibilidad ante un conflicto de tal magnitud. [...]
¿Por qué un poeta actuaba a veces como un político?
Unos años antes yo había publicado en uno de los últimos números de La Jornada Semanal dirigida por Roger Bartra un largo alegato contra respetables escritores mexicanos, habitantes todos ellos de la República de las Letras, a quienes les señalaba errores, gazapos, sinsentidos y otras tonterías en los libros que me había tocado en suerte corregir y editar a lo largo de varios años de labor editorial, y he aquí la razón, supongo, por la cual ahora escribo sobre Gerardo Deniz, poeta, ensayista y antiguo corrector de pruebas tipográficas y quien ha contado mucho mejor que yo los avatares de este malpagado pero ilustrativo y entrañable oficio editorial, ahora plagado de improvisados... En aquel texto enardecido y casi ignorado, 'Tribulaciones y reflexiones de un lector por obligación, llegué a contar lo siguiente:
Cuando fui estudiante nunca imaginé que alguna vez me encontraría revisando nuevas ediciones de textos consagrados e intocables pero a veces, por qué no decirlo, también olvidables. Y el peso de la cultura hizo su aparición: ¿cómo cambiarle un par de frases ceremoniosas al Laberinto de la soledad? Imposible -aunque la pregunta quedaría mejor planteada con un ¿para qué? ¿Cómo insinuarle a la infalible maestra que la saga de García Márquez posterior a Cien años de soledad no es más que su secuela reiterada y alargada abusivamente? No obstante, en textos más recientes me he permitido retocar aquí y allá (bueno, eso es precisamente lo que hacemos los correctores) oraciones y hasta párrafos enteros: el opaco Espejo enterrado de Carlos Fuentes estaba plagado de anglicismos y frases mal construidas. [1995; reproducido en El dilema de Bukowski, Ed. Sin Nombre, 2004]
En efecto, confieso que retoqué una frase de El laberinto de la soledad, una en la que el Poeta escribía a la francesa 'jugar un papel' en vez de 'cumplir' o 'desempeñar'. Pero Paz sí sabía escribir. En cambio, a muchos otros autores los correctores de las numerosas casas editoriales por las que he pasado les rehacíamos párrafos enteros para que pudieran leerse sin problema. Simplemente los poníamos en español correcto.
El ataque de los maxmordones
En una deliciosa serie de artículos publicados en Biblioteca de México ('Mester de maxmordonía, I a XI, 1991 a 1993) Deniz escribe acerca de las desdichadas glorias de los maxmordones que conoció a su paso por varias editoriales. Maxmordón es un término en desuso que significa 'Hombre de poca estima, tardo, pasmado y sin discurso' y también 'Hombre taimado y solapado'. La palabra, rescatada por Deniz, le fue aplicada inmediatamente a uno de sus colegas, 'un sabihondo típico de editorial', uno de ésos que se solazan exhibiendo sus conocimientos del diccionario y explicando a la menor provocación la grafía o el uso correcto de tal o cual frase o palabra y por qué debe escribirse Estados Unidos y Argentina y no los Estados Unidos ni la Argentina o viceversa. Ratas de escritorio que no tienen otra cosa que hacer en su tiempo libre más que esperar a que den las ocho de la mañana para empezar a fastidiar al resto de la oficina con su sapiencia superficial. Yo mismo, confieso, fui víctima en varias ocasiones de sendos ataques de maxmordonía. Con petulancia adolescente llegué a corregir a quienes pronunciaban o escribían 'mal' algún vocablo o ignoraban el significado de otro. Sin embargo, el trato frecuente con otras personas del medio editorial, mucho más experimentadas que yo y también más equilibradas, me hizo entender al cabo que esa actitud sólo presagiaba mi ruina y mi desprestigio. Mi padre, un viejo sabio, me enseñó los principios de la corrección y de la edición y me encaminó en el oficio, en el que sigo y por el que he conocido a otras eminencias a quienes he tenido el placer de publicar o de colaborar con ellos.
Uno de los mayores maxmordones que he conocido fue un apocado corrector del departamento editorial de una institución pública que dice defender los derechos humanos, en la que lo que menos importa es, desde luego, la publicación de libros y revistas y en donde privan, en cambio, el lucimiento y la simulación (si no, que me expliquen por qué un funcionario de medio pelo debe ganar 80 mil pesos mensuales -o más, mucho más- en un país miserable). Siempre de traje gris y bañado en una loción vulgar y penetrante, el hombrecillo de unos treinta años se las daba de genio infalible en cuestiones de marcado tipográfico, corrección, redacción y cuidado editorial. Por lo menos eso me presumió cuando me apersoné en mi primer día como director de ese departamento. Bien, me dije, aquí tendré un buen colaborador. Las decepciones no tardaron en aparecer al ver su personal estilo de marcar, más una red incomprensible de rayones rojos y azules que signos de marcado tipográfico, como si quisiera destacar la imbecilidad o la ineptitud del autor del texto destazado (o, por lo menos, la del capturista). Los primeros enojos y diferencias asomaron cuando le sugerí que era mejor ensayar un marcado limpio y apegarse a los criterios sugeridos por don Manuel Ramos en su Manual de corrección de pruebas tipográficas (UTEHA) o por lo menos a los de Roberto Zavala en El libro y sus orillas (UNAM, 1995). Sus gestos y sus ademanes indicaban que desdeñaba mis recomendaciones y que su estilo era mejor, ya que, me decía, incluso el anterior director de ese organismo lo había felicitado por su extraordinaria labor como editor de la gaceta interna. El perfumado maxmordoncito es de los que Deniz describe con agudeza en su profusa serie: de los que evitan divisiones de palabras que empiecen en pene- o ano- y terminen en -culo o -teta y que tratan a toda costa de impedir la cercanía de dos o más adverbios en mente y eliminan con saña callejones, viudas, colas y otras excrecencias tipográficas que la tecnología digital no ha podido exterminar todavía. No está de más contarles que ahí empezó una larga sarta de desencuentros no solamente con el pequeño maxmordón, sino con otros burócratas que también merecen ese apelativo. Los maxmordones, mi estimado Gerardo Deniz, ocupan puestos y lugares en todos los ámbitos de la vida y de alguna manera se las arreglan para confabularse en contra de los que ejercen su derecho a vivir con la menor burocracia posible y con una concepción poética de la vida y de la historia, como quiere mi amigo Alejandro Rozado: en la burocracia proliferan los maxmordones.
El 'Mester de maxmordonía' es una de las lecturas más provechosas que he hecho en los últimos meses. Ignoro si esta serie se ha publicado en un libro o si se publicará en el futuro cercano, pero me gustaría que así fuera. Acaso Deniz lea estas líneas y vea que descubrí algunas erratas perdidas (no muchas: Tolhuasen en vez de Tolhausen, por ejemplo) entre las once partes de su saga suculenta. Juro que traté de evitar al máximo caer en el pecado atroz de la maxmordonía, pero me sigue incomodando en frases como 'pues no sólo disminuyen con ello dichas correcciones...' la palabreja dichas (o dicho, o dichos). ¿Por qué no escribir simple y sencillamente esas correcciones? Nadie dice dichos cuando habla, creo... Esta y otras sutilezas de la redacción las aprendí de Laura Lecuona, que no es poeta, o no lo sé, o debería, pero sí una de las editoras más preparadas que he conocido. Es coordinadora editorial de Paidós, por cierto.
He dado unos cuantos rodeos y hablado aquí de poesía, de poetas, de amigos, de corrección de estilo y de pruebas tipográficas, de la noche de la civilización, del aliento poético que nos permitirá sobrellevar la decadencia de Occidente para concluir que, finalmente, todo esto me lleva de la mano al acercamiento a la poesía ?de la que me alejé tanto tiempo? y a la poética de la historia ?en la que siempre he creído, así haya sido intuitivamente. En cuanto a los maxmordones (maxmordón casi rima con oxímoron, y los dos son vocablos imponentes), el pertinente hallazgo de Gerardo Deniz, poeta de rasgos geniales y lenguaje preciso, ojalá el término llegara a popularizarse (y desde aquí trato de contribuir un poco a la causa): hay muchos maxmordones aún por señalar. Ellos son nuestros oponentes. No podrán comprender jamás el espíritu de la poesía, son como los grises habitantes de un mundo permeado por los sintagmas prefabricados por la hegemonía imperial a que se refiere el también poeta Heriberto Yépez en 'Defragmentación. Adiós al posmodernismo (y a los Estados Unidos)'.***
Notas
* Quien también fue poeta en su inquieta juventud: 'Ah profetas estúpidos / guardianes / y alimento del gusano / donde reptan / imprevisibles mariposas' [El cuello de la botella, Ediciones de la revista Punto de Partida, UNAM, ¿1976?].
** 'En la figura que se llama oxímoron se aplica a una palabra un epíteto que parece contradecirla; así los gnósticos hablaron de una luz oscura; los alquimistas, de un sol negro', escribe Borges en 'El Zahir', y en El Aleph describe la 'graciosa torpeza' de Beatriz. Esta figura que, como se ve, permite ocultar un agudo sarcasmo bajo un absurdo aparente, proviene de las palabras griegas oxys: agudo, y moros: estúpido. René González decía algunos como 'Era fea pero estúpida', 'Era cursi pero pobre' y otros de ese tenor.
*** 'El nacimiento de la sintagmática se observa, inclusive, en el plano del idioma. Los idiomas -sobre todo el inglés- tienden ahora a fijarse en un reducido número de asociaciones automáticas. El habla entre dos estadounidenses comunes se reduce casi siempre a ser un intercambio de clichés, aprendidos en el cine y la televisión, donde han sido fijados cuáles son los estímulos, las respuestas, las interacciones pertinentes en la comunicación interpersonal. Los idiomas podrían convertirse en un catálogo de frases hechas y temas a las que dos personas acudirían, como un banco de datos (incluso convertido en órgano o implante en el cuerpo). La variedad desaparece en el plano sincrónico, aunque en cada época muy probablemente se sucedan unas series sintagmáticas por otras, para así simular variedad, aunque a final de cuentas las series más bien tenderán a fijarse, porque las series sintagmáticas del pasado volverán al presente, a ser parte del juego, a modo de sintagmas retro' [Replicante no. 3].
(agosto de 2005)]
Gerardo Deniz vs. Max Mordon
Hay quien ejerce cuarenta y tantos años prosa o verso
sin emplear ni una vez el verbo sublevarse.
Gerardo Deniz, Paños menores [Tusquets, México]
Mea culpa
Hace varios años, desde las páginas de La Pus moderna, una revista marginal que dirigí de 1989 a 1996, le reproché al poeta y editor Fernando Fernández lo que me parecía una excesiva atención a otro poeta completamente desconocido para mí: Gerardo Deniz. Viceversa, la revista comandada por Fernández, le prodigaba generosos espacios al autor de Picos pardos, publicado por la Editorial Vuelta en 1987. También desconocía ese poemario de inusitado título y el puñado de libros editados por otras tantas casas importantes. No fue sino hasta 1998 cuando el también poeta José María Espinasa me dio a corregir las pruebas tipográficas de Anticuerpos para sus Ediciones Sin Nombre. En los breves textos de ese pequeño y evocador libro descubrí a un autor inteligente, ingenioso y dotado de un finísimo humor que amenizaba página tras página. Poco después supe que Deniz había sido antes Juan Almela y que había nacido en Barcelona en 1934. Quiso la suerte que eventualmente me topara con varios de sus poemas y ensayos y con una entrevista que le hizo Eduardo Hurtado para La Jornada Semanal en 1997, de la cual copio el párrafo introductorio porque viene ahora como anillo al dedo:
La poesía de Gerardo Deniz es tan intrincada y fascinante como la Tabla Periódica de los Elementos. Experto en química y en música, conocedor de lenguas que incluyen el ruso, el alemán y el turco, suscriptor de complejas revistas de filología, degustador de los más cotidianos placeres (de las 'frases hechas' a los cigarros Faros), Deniz es el poeta excepcional de Enroque, Adrede y Picos pardos.
Años más tarde, cuando La Pus ya era historia (contracultural), le agradecí a Fernando Fernández con un brindis (tequila y cerveza) por el descubrimiento de este original poeta de arraigado espíritu científico. Ahora me doy cuenta de que si hasta hace poco era un mal lector de poesía era por culpa de poetas engolados y cursis, sobre todo jóvenes, que, inflamados, ardorosamente acogen en su seno el llamado estro a la hora de sentarse a escribir.
La poesía
Hace veinticinco años trabajé en la Editorial Grijalbo, cuando la dirigía mi amigo Rogelio Carvajal. Ahí conocí a Alejandro Rozado, quien a la postre se convertiría en poeta, y también en crítico de cine, ensayista y terapeuta. Había desertado recientemente de las filas del Partido Comunista, lo mismo que yo, y nos unía una especie de desánimo existencial, pero crítico. Poco después él huyó a Guadalajara, donde comenzó otra vida, y yo más tarde me dedicaría a editar La Regla Rota, una revista de arte, cultura y humor que vio solamente cuatro números de 1984 a 1987. Todo ese tiempo lo perdí de vista.
Pero hace unos meses descubrí en las páginas de una extraordinaria revista tapatía, Tedium Vitae, un par de artículos firmados por Alejandro Rozado ('La melancolía de Mauricio Garcés' [no. 2] y 'Octavio Paz: la invasión nocturna' [no. 3]), pero no estaba seguro de que se tratara del mismo que yo conocía. Sí, me aseguró otro buen amigo, René González, responsable del cuidado editorial de esa revista y el primero que me habló en los años ochenta del oxímoron, una invaluable figura retórica que él hacía llegar a extremos delirantes.**
Luego de un cuarto de siglo Alejandro y yo nos reencontramos en la Ciudad de México y advertimos que aún habitamos el exilio de los descreídos, pero aún con el espíritu intacto. Sin embargo, lejos de la desesperanza y de la parálisis, coincidimos en que vivimos ahora la decadencia de Occidente y que, para afrontarla, no hay sino encontrar la mejor manera de perecer, como lo afirma en su lúcido ensayo 'La noche de la civilización' y en cuya parte inicial apunta: 'La única filosofía que es pertinente en los tiempos que corren es la poética de la historia'. Y escribe más adelante, después de discurrir sobre el agotamiento de la civilización occidental y su debacle irremediable:
La noche de la civilización será larga, durará todavía algunos siglos. Lo que nazca ulteriormente -si es que nace- dependerá de circunstancias ajenas a nosotros e impredecibles. Sólo la praxis poética puede amacizar la subjetividad histórica del individuo. Porque la poesía verdaderamente significativa es incorruptible. Lo supieron desde siempre los románticos, los malditos y los surrealistas. Decaídas las grandes religiones y aplastados los voluntaristas proyectos de transformación socialista, la poesía es la única dimensión sagrada que le queda al ser humano, pero no para salvarse -insistimos, no hay escapatoria-, sino para dar sentido histórico a la vida contemporánea.
Sin embargo, continúa Alejandro Rozado,
Apostarse en el mundo poético no significa dedicarse a versificar la vida. Estar en esa dimensión es el resultado de un largo proceso después del cual se van fusionando las tareas del filósofo, el científico, el luchador social, el historiador, el sociólogo, el poeta e incluso el profeta. Proferir la gran caída, hacer uso de la palabra magnética para nombrar el extremo a que está llegando la época, implica vivir en el centro de nuestra extrema existencia sensible, representa una manera condensada de responder al falso optimismo del progreso, al utopismo revolucionario que se reedite y se encuentre en boga, a la ingenuidad trágica del ecologismo o a la predecible violencia del cafre pendejo; significa asumir el desencanto del mundo sin azotarse como víctima; aceptar la jodidez de la vida que nos toca, sin las flaquezas del fanático o del supersticioso de pacotilla que no puede soportar con virilidad los tiempos que corren. Desde la terraza del mundo poético se forja un ser macizo, templado por las viejas luchas radicales -sus logros y fracasos-, y ese ser no puede más que ser pesimista. Pero el pesimismo es la única actitud humanista posible hoy en día; es un pesimismo activista [...] incansablemente crítico y apasionado. [...] Los poetas serán de lo más peligroso y perturbador para el orden establecido, y serán deliberadamente ignorados o, en su defecto cooptados, y hasta perseguidos, precisamente porque sus voces serán escuchadas y respetadas a fondo. Porque revelarán una realidad ineludiblemente agónica que nos compete a todos encarar con entereza. [Replicante no. 3]
Este ensayo esclarecedor despejó varias dudas que venía arrastrando desde mi adolescencia y mi fallida y decepcionante militancia comunista. Por ejemplo, ¿por qué admiraba a Octavio Paz y al mismo tiempo lo detestaba? A su muerte, en 1997, escribí para la sección cultural de El Financiero un breve texto que llevaba por título 'La muerte de Paz, del que transcribo lo que sigue:
Octavio Paz fue una figura tan prominente como controvertida en el paisaje de la cultura mexicana. Certero crítico temprano del socialismo real -a la par que Istrati, Gide, Trosky...-, en los últimos años de su vida su acercamiento al poder fue reprochable, así como su protagonismo, su intolerancia y sus tajantes sentencias políticas y filosóficas: el Encuentro de Vuelta por la Libertad fue el Olimpo donde el Júpiter tonante de las letras mexicanas daba y quitaba la palabra a los dioses del pensamiento occidental. Irritado por no haber sido invitado 'a tiempo' al Coloquio de Invierno [...] exige a Carlos Salinas la destitución de Víctor Flores Olea, entonces pusilánime representante de la cultura oficial. Al final de sus días ya no era el mismo Paz que condenó en su tiempo al funesto Díaz Ordaz, sino el intelectual que condescendía con los peores presidentes que ha padecido este país. [...]
Si bien la mayor parte de su obra ensayística es indispensable para entender la historia contemporánea de México y del mundo, no se trata de un cuerpo teórico sólido e incuestionable, como quieren sus fanáticos y aduladores, sino, por el contrario, uno que requiere de la profunda revisión y crítica por parte de lectores y analistas [...]. El laberinto de la soledad, por ejemplo, es un texto totalizador que olvida los diferentes países superpuestos en un solo territorio y las distintas clases de mexicanos que los habitan.
En el ocaso de su vida, más un semidiós que un escritor vivo, Paz dio su espaldarazo a los grandes fraudes electorales, dejando ver su animadversión por la desbalagada izquierda democrática, por el movimiento zapatista y, lo que es peor, su escasa sensibilidad ante un conflicto de tal magnitud. [...]
¿Por qué un poeta actuaba a veces como un político?
Unos años antes yo había publicado en uno de los últimos números de La Jornada Semanal dirigida por Roger Bartra un largo alegato contra respetables escritores mexicanos, habitantes todos ellos de la República de las Letras, a quienes les señalaba errores, gazapos, sinsentidos y otras tonterías en los libros que me había tocado en suerte corregir y editar a lo largo de varios años de labor editorial, y he aquí la razón, supongo, por la cual ahora escribo sobre Gerardo Deniz, poeta, ensayista y antiguo corrector de pruebas tipográficas y quien ha contado mucho mejor que yo los avatares de este malpagado pero ilustrativo y entrañable oficio editorial, ahora plagado de improvisados... En aquel texto enardecido y casi ignorado, 'Tribulaciones y reflexiones de un lector por obligación, llegué a contar lo siguiente:
Cuando fui estudiante nunca imaginé que alguna vez me encontraría revisando nuevas ediciones de textos consagrados e intocables pero a veces, por qué no decirlo, también olvidables. Y el peso de la cultura hizo su aparición: ¿cómo cambiarle un par de frases ceremoniosas al Laberinto de la soledad? Imposible -aunque la pregunta quedaría mejor planteada con un ¿para qué? ¿Cómo insinuarle a la infalible maestra que la saga de García Márquez posterior a Cien años de soledad no es más que su secuela reiterada y alargada abusivamente? No obstante, en textos más recientes me he permitido retocar aquí y allá (bueno, eso es precisamente lo que hacemos los correctores) oraciones y hasta párrafos enteros: el opaco Espejo enterrado de Carlos Fuentes estaba plagado de anglicismos y frases mal construidas. [1995; reproducido en El dilema de Bukowski, Ed. Sin Nombre, 2004]
En efecto, confieso que retoqué una frase de El laberinto de la soledad, una en la que el Poeta escribía a la francesa 'jugar un papel' en vez de 'cumplir' o 'desempeñar'. Pero Paz sí sabía escribir. En cambio, a muchos otros autores los correctores de las numerosas casas editoriales por las que he pasado les rehacíamos párrafos enteros para que pudieran leerse sin problema. Simplemente los poníamos en español correcto.
El ataque de los maxmordones
En una deliciosa serie de artículos publicados en Biblioteca de México ('Mester de maxmordonía, I a XI, 1991 a 1993) Deniz escribe acerca de las desdichadas glorias de los maxmordones que conoció a su paso por varias editoriales. Maxmordón es un término en desuso que significa 'Hombre de poca estima, tardo, pasmado y sin discurso' y también 'Hombre taimado y solapado'. La palabra, rescatada por Deniz, le fue aplicada inmediatamente a uno de sus colegas, 'un sabihondo típico de editorial', uno de ésos que se solazan exhibiendo sus conocimientos del diccionario y explicando a la menor provocación la grafía o el uso correcto de tal o cual frase o palabra y por qué debe escribirse Estados Unidos y Argentina y no los Estados Unidos ni la Argentina o viceversa. Ratas de escritorio que no tienen otra cosa que hacer en su tiempo libre más que esperar a que den las ocho de la mañana para empezar a fastidiar al resto de la oficina con su sapiencia superficial. Yo mismo, confieso, fui víctima en varias ocasiones de sendos ataques de maxmordonía. Con petulancia adolescente llegué a corregir a quienes pronunciaban o escribían 'mal' algún vocablo o ignoraban el significado de otro. Sin embargo, el trato frecuente con otras personas del medio editorial, mucho más experimentadas que yo y también más equilibradas, me hizo entender al cabo que esa actitud sólo presagiaba mi ruina y mi desprestigio. Mi padre, un viejo sabio, me enseñó los principios de la corrección y de la edición y me encaminó en el oficio, en el que sigo y por el que he conocido a otras eminencias a quienes he tenido el placer de publicar o de colaborar con ellos.
Uno de los mayores maxmordones que he conocido fue un apocado corrector del departamento editorial de una institución pública que dice defender los derechos humanos, en la que lo que menos importa es, desde luego, la publicación de libros y revistas y en donde privan, en cambio, el lucimiento y la simulación (si no, que me expliquen por qué un funcionario de medio pelo debe ganar 80 mil pesos mensuales -o más, mucho más- en un país miserable). Siempre de traje gris y bañado en una loción vulgar y penetrante, el hombrecillo de unos treinta años se las daba de genio infalible en cuestiones de marcado tipográfico, corrección, redacción y cuidado editorial. Por lo menos eso me presumió cuando me apersoné en mi primer día como director de ese departamento. Bien, me dije, aquí tendré un buen colaborador. Las decepciones no tardaron en aparecer al ver su personal estilo de marcar, más una red incomprensible de rayones rojos y azules que signos de marcado tipográfico, como si quisiera destacar la imbecilidad o la ineptitud del autor del texto destazado (o, por lo menos, la del capturista). Los primeros enojos y diferencias asomaron cuando le sugerí que era mejor ensayar un marcado limpio y apegarse a los criterios sugeridos por don Manuel Ramos en su Manual de corrección de pruebas tipográficas (UTEHA) o por lo menos a los de Roberto Zavala en El libro y sus orillas (UNAM, 1995). Sus gestos y sus ademanes indicaban que desdeñaba mis recomendaciones y que su estilo era mejor, ya que, me decía, incluso el anterior director de ese organismo lo había felicitado por su extraordinaria labor como editor de la gaceta interna. El perfumado maxmordoncito es de los que Deniz describe con agudeza en su profusa serie: de los que evitan divisiones de palabras que empiecen en pene- o ano- y terminen en -culo o -teta y que tratan a toda costa de impedir la cercanía de dos o más adverbios en mente y eliminan con saña callejones, viudas, colas y otras excrecencias tipográficas que la tecnología digital no ha podido exterminar todavía. No está de más contarles que ahí empezó una larga sarta de desencuentros no solamente con el pequeño maxmordón, sino con otros burócratas que también merecen ese apelativo. Los maxmordones, mi estimado Gerardo Deniz, ocupan puestos y lugares en todos los ámbitos de la vida y de alguna manera se las arreglan para confabularse en contra de los que ejercen su derecho a vivir con la menor burocracia posible y con una concepción poética de la vida y de la historia, como quiere mi amigo Alejandro Rozado: en la burocracia proliferan los maxmordones.
El 'Mester de maxmordonía' es una de las lecturas más provechosas que he hecho en los últimos meses. Ignoro si esta serie se ha publicado en un libro o si se publicará en el futuro cercano, pero me gustaría que así fuera. Acaso Deniz lea estas líneas y vea que descubrí algunas erratas perdidas (no muchas: Tolhuasen en vez de Tolhausen, por ejemplo) entre las once partes de su saga suculenta. Juro que traté de evitar al máximo caer en el pecado atroz de la maxmordonía, pero me sigue incomodando en frases como 'pues no sólo disminuyen con ello dichas correcciones...' la palabreja dichas (o dicho, o dichos). ¿Por qué no escribir simple y sencillamente esas correcciones? Nadie dice dichos cuando habla, creo... Esta y otras sutilezas de la redacción las aprendí de Laura Lecuona, que no es poeta, o no lo sé, o debería, pero sí una de las editoras más preparadas que he conocido. Es coordinadora editorial de Paidós, por cierto.
He dado unos cuantos rodeos y hablado aquí de poesía, de poetas, de amigos, de corrección de estilo y de pruebas tipográficas, de la noche de la civilización, del aliento poético que nos permitirá sobrellevar la decadencia de Occidente para concluir que, finalmente, todo esto me lleva de la mano al acercamiento a la poesía ?de la que me alejé tanto tiempo? y a la poética de la historia ?en la que siempre he creído, así haya sido intuitivamente. En cuanto a los maxmordones (maxmordón casi rima con oxímoron, y los dos son vocablos imponentes), el pertinente hallazgo de Gerardo Deniz, poeta de rasgos geniales y lenguaje preciso, ojalá el término llegara a popularizarse (y desde aquí trato de contribuir un poco a la causa): hay muchos maxmordones aún por señalar. Ellos son nuestros oponentes. No podrán comprender jamás el espíritu de la poesía, son como los grises habitantes de un mundo permeado por los sintagmas prefabricados por la hegemonía imperial a que se refiere el también poeta Heriberto Yépez en 'Defragmentación. Adiós al posmodernismo (y a los Estados Unidos)'.***
Notas
* Quien también fue poeta en su inquieta juventud: 'Ah profetas estúpidos / guardianes / y alimento del gusano / donde reptan / imprevisibles mariposas' [El cuello de la botella, Ediciones de la revista Punto de Partida, UNAM, ¿1976?].
** 'En la figura que se llama oxímoron se aplica a una palabra un epíteto que parece contradecirla; así los gnósticos hablaron de una luz oscura; los alquimistas, de un sol negro', escribe Borges en 'El Zahir', y en El Aleph describe la 'graciosa torpeza' de Beatriz. Esta figura que, como se ve, permite ocultar un agudo sarcasmo bajo un absurdo aparente, proviene de las palabras griegas oxys: agudo, y moros: estúpido. René González decía algunos como 'Era fea pero estúpida', 'Era cursi pero pobre' y otros de ese tenor.
*** 'El nacimiento de la sintagmática se observa, inclusive, en el plano del idioma. Los idiomas -sobre todo el inglés- tienden ahora a fijarse en un reducido número de asociaciones automáticas. El habla entre dos estadounidenses comunes se reduce casi siempre a ser un intercambio de clichés, aprendidos en el cine y la televisión, donde han sido fijados cuáles son los estímulos, las respuestas, las interacciones pertinentes en la comunicación interpersonal. Los idiomas podrían convertirse en un catálogo de frases hechas y temas a las que dos personas acudirían, como un banco de datos (incluso convertido en órgano o implante en el cuerpo). La variedad desaparece en el plano sincrónico, aunque en cada época muy probablemente se sucedan unas series sintagmáticas por otras, para así simular variedad, aunque a final de cuentas las series más bien tenderán a fijarse, porque las series sintagmáticas del pasado volverán al presente, a ser parte del juego, a modo de sintagmas retro' [Replicante no. 3].
domingo, agosto 28, 2005
Sexualidad replicante
Hoy, dominguito 28 de agosto, Antulio Sánchez publicó esta nota sobre el no. 4 de Replicante en Milenio Diario...
El tema de la sexualidad tiene tantas aristas como posiciones. Por ello, no es de extrañar que la más reciente edición de Replicante aborde tantos matices de la misma. Así, hay un sabroso trabajo de Paola Garibi sobre la diversidad sexual extrema y esquizofrénica de la mocha zona de los Altos de Jalisco, pasando por una 'incorrecta' serie de fotos de embarazadas de María José Gorozo, hasta el provocativo ensayo de Miriam G. Medel, 'Amaos y reproducíos: el extraño mundo de los derechos sexuales y la libertad personal'.
Por el particular interés de quien esto escribe de explorar los vasos comunicantes entre tecnología y cultura, particularmente entre red y sexualidad, destacamos el corto pero sustancioso trabajo de Esther Gasca, 'Diana ha ingresado'. Para la autora, por internet circula la variedad sexual típica de los tiempos que corren, una es la bisexualidad femenina. Para ella dicha preferencia no nació con la red, pero gracias al ciberespacio muchas féminas han podido experimentar dimensiones sexuales que en el pasado no se atrevían. El amplio universo de sitios dedicados a promocionar encuentros, foros de discusión y chats son parte de ese escenario que ha llevado a muchas mujeres a experimentar nuevas dimensiones del placer.
De acuerdo con Gasca, podemos decir que nuestras incursiones, a medio camino entre la etnografía del ciberespacio y la sociología digital, nos han llevado a hurgar en servicios P2P, de mensajería instantánea y chats en donde nos hemos percatado que en nuestro continente ha crecido el número de chavas que se declaran abiertas a la experimentación sexual, dentro de ese espectro sobresalen las inclinadas por las de su mismo género, en donde a diferencia del pasado hoy incluso hacen públicos datos personales como correos electrónicos o teléfonos. Una práctica que también aumenta es la de usar fetiches y gadgets sexuales para alcanzar el placer. El crecimiento de ese fenómeno es desigual y es en el Cono Sur en donde el incremento es destacado. Sin duda es una tendencia en auge pero sin ser todavía el estado perfecto para toda mujer de los tiempos que corren, como dice la referida autora.
En todo caso sirva esto para acercarse a leer Replicante, que sobresale en un entorno cultural de revistas adocenadas y acomodaticias, de publicaciones políticamente correctas. Apenas con cuatro números de vida demuestra que combina la frescura y originalidad con el debate y la reflexión. A lo largo de sus páginas desfilan la desigual transculturación de nuestro país, los muchos mundos y submundos urbanos que convergen en esta nuestra rota nación de inicios del siglo XXI. En fin, sin intentar trazar oráculos y sin afán de dibujar en cada página el advenimiento del apocalipsis, Replicante ofrece una mirada plural de nuestro fragmentado entorno cultural.
antulio.blogspot.com
El tema de la sexualidad tiene tantas aristas como posiciones. Por ello, no es de extrañar que la más reciente edición de Replicante aborde tantos matices de la misma. Así, hay un sabroso trabajo de Paola Garibi sobre la diversidad sexual extrema y esquizofrénica de la mocha zona de los Altos de Jalisco, pasando por una 'incorrecta' serie de fotos de embarazadas de María José Gorozo, hasta el provocativo ensayo de Miriam G. Medel, 'Amaos y reproducíos: el extraño mundo de los derechos sexuales y la libertad personal'.
Por el particular interés de quien esto escribe de explorar los vasos comunicantes entre tecnología y cultura, particularmente entre red y sexualidad, destacamos el corto pero sustancioso trabajo de Esther Gasca, 'Diana ha ingresado'. Para la autora, por internet circula la variedad sexual típica de los tiempos que corren, una es la bisexualidad femenina. Para ella dicha preferencia no nació con la red, pero gracias al ciberespacio muchas féminas han podido experimentar dimensiones sexuales que en el pasado no se atrevían. El amplio universo de sitios dedicados a promocionar encuentros, foros de discusión y chats son parte de ese escenario que ha llevado a muchas mujeres a experimentar nuevas dimensiones del placer.
De acuerdo con Gasca, podemos decir que nuestras incursiones, a medio camino entre la etnografía del ciberespacio y la sociología digital, nos han llevado a hurgar en servicios P2P, de mensajería instantánea y chats en donde nos hemos percatado que en nuestro continente ha crecido el número de chavas que se declaran abiertas a la experimentación sexual, dentro de ese espectro sobresalen las inclinadas por las de su mismo género, en donde a diferencia del pasado hoy incluso hacen públicos datos personales como correos electrónicos o teléfonos. Una práctica que también aumenta es la de usar fetiches y gadgets sexuales para alcanzar el placer. El crecimiento de ese fenómeno es desigual y es en el Cono Sur en donde el incremento es destacado. Sin duda es una tendencia en auge pero sin ser todavía el estado perfecto para toda mujer de los tiempos que corren, como dice la referida autora.
En todo caso sirva esto para acercarse a leer Replicante, que sobresale en un entorno cultural de revistas adocenadas y acomodaticias, de publicaciones políticamente correctas. Apenas con cuatro números de vida demuestra que combina la frescura y originalidad con el debate y la reflexión. A lo largo de sus páginas desfilan la desigual transculturación de nuestro país, los muchos mundos y submundos urbanos que convergen en esta nuestra rota nación de inicios del siglo XXI. En fin, sin intentar trazar oráculos y sin afán de dibujar en cada página el advenimiento del apocalipsis, Replicante ofrece una mirada plural de nuestro fragmentado entorno cultural.
antulio.blogspot.com
miércoles, agosto 24, 2005
La decadencia y el desvanecimiento de la contracultura
[Un articulillo publicado en el suplemento Traspatio del Milenio Diario, el 14 de agosto d'este año...]
La incultura en México
¿Por qué se divide la historia, la más reciente, en cápsulas decenales? ¿Es que los acontecimientos se aglutinan en décadas para hacer más fácil la labor de los historiadores? Así, los años de la posguerra, los sesenta, los setenta y los ochenta serían inconfundibles y tendrían características muy definidas. Pero, ¿qué pasó con los posmodernos noventa? ¿No se asemejaban un poco a todos esos decenios anteriores, con sus roqueros que eran punks y fresas a la vez, con tantos remakes cinematográficos y esos constantes y machacones covers musicales? (Una tendencia que continúa en nuestros días: a este ritmo nadie conocerá nunca las versiones originales de las viejas películas y canciones.) ¿Y el sospechoso revival del arte conceptual? ¿Qué con el resurgimiento de los políticos y líderes guerreros y fundamentalistas de uno y otro signo, de Oriente a Occidente?
Los noventa arrancaron con Carlos Salinas de Gortari espuriamente acomodado en la silla presidencial. Un jefe de Estado que quiso modernizar el país y fracasó con todo y su doctrina del 'liberalismo social', pero que logró amansar desde el Conaculta a una buena parte de los artistas e intelectuales (por no hablar de empresarios, inversionistas y narcotraficantes). Ya sabemos cómo llegó al poder su sucesor Ernesto Zedillo, quien al término de su sexenio, con un PRI desacreditado y desgastado, transfirió en el año 2000 el poder a un aspirante no priista por primera vez en siete décadas.
'El presidente del cambio', se autonombró Vicente Fox. Sin embargo, en el México profundo las cosas siguen igual o peor. Pese al discurso oficial, las estadísticas del propio INEGI en rubros como alimentación, salud, vivienda, educación y empleo arrojan números que sonrojarían a países más pobres que el nuestro.
En los noventa creímos que México despegaría por fin y se integraría al primer mundo, como quería Salinas. Habría vinos y quesos franceses para todos y el Tratado de Libre Comercio atraería inversiones y la ansiada prosperidad que nos habían prometido -y escamoteado- los cachorros de la Revolución. La cultura estaba de fiesta con los encuentros de la revista Vuelta ('El siglo XX: la Experiencia de la Libertad', 1990) para festejar el desgajamiento del comunismo, coordinado por el premio Nobel Octavio Paz y sus liberales a puerta cerrada en los estudios de Televisa, y el 'Coloquio de Invierno' (1992), organizado por la revista Nexos, ligeramente a la izquierda, con el apoyo de la Universidad Nacional Autónoma de México. Sin embargo, el paisaje distaba mucho de ser idílico. Se trataba de dos fieros grupos antagónicos entonces, los de Vuelta y los de Nexos, en sorda pugna por conseguir los favores y los reflectores del Estado: puestos en la gestión pública, espacios en los medios de comunicación, publicidad para sus respectivas revistas, asignación de trabajos... La historia de este encono está documentada en los diarios y las revistas de la época, así como uno de sus significativos resultados: Octavio Paz pidiendo a Salinas de Gortari la destitución del presidente del Conaculta, Víctor Flores Olea, porque no fue invitado 'a tiempo' al coloquio invernal. Nuestro mayor poeta ejerciendo de censor...(1) Por su parte, los izquierdistas de Nexos ocuparon cada vez más importantes puestos en el gobierno, como quería Carlos Fuentes desde los años setenta.
La relación de los intelectuales y los artistas con el poder, siempre intrincada y veleidosa y no pocas veces cómplice, nos lleva necesariamente a observar el carácter de las manifestaciones culturales en los últimos años en México, en los que el Estado ha asumido un papel protagónico como promotor y difusor (especialmente si se trata de proyectos monumentales y oropelescos como los que exaltan el esplendor de las civilizaciones prehispánicas o lo sorprendente que es el arte de nuestros jóvenes genios). Aunque es cierto que es obligación del Estado proteger y fomentar la cultura, entiéndala como la entienda y lo haga como mejor le parezca, las gestiones del ex funcionario, fotógrafo y profesor investigador de la UNAM Víctor Flores Olea a la periodista Sara Bermúdez han sido profusas en políticas erráticas y los habituales viajes y gastos de representación, más las consabidas y ridículas escenas en el extranjero, inauguraciones suntuosas, intercambios faraónicos, megabibliotecas... Es cierto también que muchas de las becas y los apoyos otorgados han servido para paliar temporalmente la precaria situación de cientos o miles de artistas, escritores y comunidades marginadas, así como para impulsar la labor discreta y constante de investigadores en distintos campos de las ciencias sociales.
Pero si hay algo que puede sorprender por su rareza y originalidad es que en este país incluso la contracultura -o lo que se entiende por contracultura en México: un rosario de clichés importados de la contracultura estadounidense de los años sesenta- ha sido subvencionada por un Estado marcadamente patrimonialista y paternalista, para el que todos, antes que ciudadanos, somos menores de edad a los que hay que cuidar, vigilar y castigar.
A mediados y fines de los ochenta surgieron grupos de rock que poco después se desgañitaban en éxtasis místico por Chiapas mientras triunfaban en las pantallas de TV; pintores y artistas de barriada (Tepito Arte Acá) y grafiteros perseguidos por las patrullas que hoy exponen tranquilamente en muros y recintos oficiales y publican su trabajo en revistas de gran tiraje; fotógrafos y videoastas, escritores y poetas malditos que se morían por aparecer en las listas de los escogidos; periodistas y editores de revistas alternativas que insisten aún en la legalización de la mariguana y adoran eternamente a Bukowski (quien, si viviera, les daría una patada en el culo); bailarines y performanceros 'transgresores' y proyectos de toda índole de chavos-banda que más bien pronto se desvanecieron en la enrarecida atmósfera de la ciudad. De entonces a la fecha son pocos los que no han recibido alguna clase de beca o apoyo estatal, incluyendo a los exitosos artistas conceptuales que rechazaban el arte tradicional por su impropia condición de mercancía. Concedamos que todo esto no está mal para quienes buscan el reconocimiento (así sea afanosamente) o para los que simplemente desean vivir de su trabajo, como todos los demás. Todos saben que una norma de las manifestaciones marginales, alternativas o contraculturales es que éstas, tarde o temprano, se incorporan al mainstream, al gran mercado: ahí están los ejemplos suficientemente conocidos del punk y otros movimientos musicales, artísticos y literarios. Lo que parece un tanto risible es que muchos artistas y escritores beneficiados insisten en mantener una rabiosa postura contra el sistema, adoptando poses insolentes o graciosamente rebeldes, tomando casi al pie de la letra la fallida traducción literal de contracultura (against culture): contra la cultura establecida, y no counterculture: servir de contrapeso a la cultura dominante. (Pero de esto ha escrito mucho mejor Luis Racionero en sus Filosofías del underground.)
Pero México es un país de paradojas. La Ciudad de México está al borde del colapso y el país entero es ya una sucesión de suburbios de la capital, con sus grandes malls y sus estrenos hollywoodenses simultáneos; con todos sus jóvenes bailando y cantando al unísono las tonadas de los concursantes de La Academia (ya nadie será ingeniero o doctor o abogado); con la inmensa mayoría de la población pendiente de las expulsiones del Big Brother; con informadores que dan las noticias a medias o a conveniencia de las dos grandes corporaciones televisivas. Es también este país uno de revolucionarios de pacotilla, con sus boinas y sus playeras con la imagen del Che Guevara ?un mito cuya patética historia desconocen: un invento descarado del dictador con más años en el poder en todo el mundo. O con sus playeras de Marcos, un enmascarado que quiso hacer una revolución y se ocultó en la selva como el enigmático coronel Kurt de El corazón de las tinieblas para rumiar el rechazo y el semiolvido mientras trama... ¡el regreso de la vieja nueva izquierda! Y con sus políticos de Tijuana a Cancún que han perfeccionado el arte del engaño, de la corrupción, del asesinato y de la fuga. Con sus narcos, que han amasado un poder inmenso que muchas veces se traslapa con el de las instituciones. Y con los asesinatos y las ejecuciones impunes de hombres, mujeres y niños en todos los jirones del territorio. Y con sus jerarcas eclesiásticos que saben darse la buena vida a costa de la fidelidad de creyentes y la gratitud de los políticos. Con todo esto, ¿hay lugar para la contracultura, o lo que eso sea ahora, como no sea en los minúsculos escondrijos de una sociedad cada vez más alienada y mediatizada?
Fuera de México todo es Cuautitlán, se decía antes, insinuando que lejos de la metrópoli no había sino rancheros, vacas y pastizales. Ahora la gran ciudad también se ha convertido en un gran rancho, más provinciano que nunca. Un presidente que nunca pudo crecer para convertirse en estadista y encauzar la lenta transición democrática y que, encima, recomienda a los pobres no leer para no enterarse de las malas noticias. Un jefe de Gobierno zafio y mesiánico que desprecia el diálogo y la cultura y que en ella ve exclusivamente un campo de apoyo para su próxima campaña electoral. Políticos y funcionarios que velan solamente por su propio bienestar y que se aumentan el salario a la menor provocación. Universitarios que apenas saben leer y ciudadanos que votarán por alguien que les dará la espalda al poco tiempo. Por si esto no bastara, la era de las revoluciones se ha acabado, como escribió Octavio Paz, lo mismo que el de los grandes proyectos de transformación social. La revolución vive ahora en los programas de MTV.
La noche de la civilización también se cierne sobre este país. Los intelectuales encumbrados permanecen ensimismados y los artistas sólo quieren fama y dinero, al igual que los escritores que se desviven por publicar ya la obra que los consagrará y que leerán solamente quinientos lectores.(2) Hay dispersos en el territorio nacional, seguramente, otros proyectos de creación y confrontación inteligentes que quizá no reciben ningún apoyo. Existen de manera independiente, si bien pocos, algunos sellos disqueros, estaciones de radio vía internet, editoriales de libros, revistas y CDs y otras empresas culturales que aprovechan las oportunidades de las nuevas tecnologías informáticas. Quizá la contracultura esté oculta y no sabemos reconocerla, deambulando por el ciberespacio o en oscuros cuartuchos de vecindad. Aun así hemos perdido la batalla. La degradación y la descomposición continúan su marcha irrefrenable. Las décadas serán todas iguales de ahora en adelante.
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* Una primera versión de este texto fue leída en la conferencia 'Mexico City 1990s: The Paints Not Dry', organizada por el Departamento de Artes Visuales de la Universidad de California en San Diego, el 13 de mayo de 2005.
Notas
1. En su relatoría, a cargo del doctor Gerardo Estrada, director de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México, éste dedicó la mayor parte de su tiempo a desmentir varias de las afirmaciones de mi ponencia. Sin embargo, incurrió en el error ?uno de tantos? de decir que yo había acusado a Octavio Paz de 'neoliberal' y acto seguido se dedicó a presentarlo como uno de los mayores impulsores de la democracia mexicana. En efecto, nadie puede negar las valiosas contribuciones del poeta a la construcción de la endeble y caricaturesca democracia en este país, como tampoco el hecho de que su intervención fue decisiva para que Salinas de Gortari despidiera de su cargo a Flores Olea, lo que también negó Estrada. Según él, a Flores Olea lo hundieron 'los numerosos enemigos dentro del Conaculta...'. Fue inevitable que durante la exposición de Estrada el público se mirara entre desconcertado y divertido por la infame, chusca y cantinflesca pronunciación del inglés del conspicuo funcionario de la UNAM. El colmo fue cuando, para atenuar quizá las referencias a la acelerada descomposición de la sociedad mexicana, de la violencia en todos los ámbitos de la vida en México, Estrada dijo alegremente, ante sesenta atónitos testigos, que en este país hay fiesta cada noche, y puso por ejemplo la Plaza de Garibaldi. ¿Qué otra cosa podría esperarse de un alegre funcionario que ha cambiado según sopla el viento, de la izquierda al priismo al foxismo? Un funcionario que ha vivido casi cuarenta años del presupuesto no puede vivir en el error.
2. A quienes no les haría mal leer las siguientes palabras de Javier Marías: 'Un escritor [...] lo es siempre por elección. Nadie le obliga a ello, decide voluntariamente, opta por un tipo de vida arriesgada en la que puede fracasar o triunfar, en la que nada le está garantizado, ni siquiera la publicación de sus textos, menos que nada su talento, o la perduración de éste. A cambio no tiene patrón ni horarios, o sólo los que se impone, y nadie le dice lo que debe escribir (o él no debería escucharlo). No es un trabajador por cuenta ajena y por tanto no debe aspirar a nada semejante a un empleo seguro, ni a pensiones (porque nadie lo jubila de su actividad), ni a seguridades sociales. [...] un escritor no es mejor que ningún otro ciudadano por el mero hecho de escribir. Algunos quedarán como benefactores, en la medida en que sus libros conmovedores o inteligentes sirvan a las generaciones venideras, que los seguirán leyendo. Pero no sabemos quiénes serán, ignoramos quiénes permanecerán vigentes y vivos después de muertos. Mientras tanto, hay también escritores pésimos que deberían dedicarse a otra cosa, los hay ruines y los hay ofensivos. [...] Nadie tiene 'derecho' a que le publiquen, nadie tiene 'derecho' a que se lo ampare si tuvo mala fortuna o no fue precavido o gastó su dinero. Quizá, si me apuran, el escritor menos que nadie. Lejos de considerar su actividad sagrada, como tienden a hacer la mayoría de quienes la ejercen, hay que verla cercana a la del jugador profesional, el tahúr, el apostador impenitente que ha decidido vivir como le gusta y asume sus riesgos' (Mano de sombra, 1997).
La incultura en México
¿Por qué se divide la historia, la más reciente, en cápsulas decenales? ¿Es que los acontecimientos se aglutinan en décadas para hacer más fácil la labor de los historiadores? Así, los años de la posguerra, los sesenta, los setenta y los ochenta serían inconfundibles y tendrían características muy definidas. Pero, ¿qué pasó con los posmodernos noventa? ¿No se asemejaban un poco a todos esos decenios anteriores, con sus roqueros que eran punks y fresas a la vez, con tantos remakes cinematográficos y esos constantes y machacones covers musicales? (Una tendencia que continúa en nuestros días: a este ritmo nadie conocerá nunca las versiones originales de las viejas películas y canciones.) ¿Y el sospechoso revival del arte conceptual? ¿Qué con el resurgimiento de los políticos y líderes guerreros y fundamentalistas de uno y otro signo, de Oriente a Occidente?
Los noventa arrancaron con Carlos Salinas de Gortari espuriamente acomodado en la silla presidencial. Un jefe de Estado que quiso modernizar el país y fracasó con todo y su doctrina del 'liberalismo social', pero que logró amansar desde el Conaculta a una buena parte de los artistas e intelectuales (por no hablar de empresarios, inversionistas y narcotraficantes). Ya sabemos cómo llegó al poder su sucesor Ernesto Zedillo, quien al término de su sexenio, con un PRI desacreditado y desgastado, transfirió en el año 2000 el poder a un aspirante no priista por primera vez en siete décadas.
'El presidente del cambio', se autonombró Vicente Fox. Sin embargo, en el México profundo las cosas siguen igual o peor. Pese al discurso oficial, las estadísticas del propio INEGI en rubros como alimentación, salud, vivienda, educación y empleo arrojan números que sonrojarían a países más pobres que el nuestro.
En los noventa creímos que México despegaría por fin y se integraría al primer mundo, como quería Salinas. Habría vinos y quesos franceses para todos y el Tratado de Libre Comercio atraería inversiones y la ansiada prosperidad que nos habían prometido -y escamoteado- los cachorros de la Revolución. La cultura estaba de fiesta con los encuentros de la revista Vuelta ('El siglo XX: la Experiencia de la Libertad', 1990) para festejar el desgajamiento del comunismo, coordinado por el premio Nobel Octavio Paz y sus liberales a puerta cerrada en los estudios de Televisa, y el 'Coloquio de Invierno' (1992), organizado por la revista Nexos, ligeramente a la izquierda, con el apoyo de la Universidad Nacional Autónoma de México. Sin embargo, el paisaje distaba mucho de ser idílico. Se trataba de dos fieros grupos antagónicos entonces, los de Vuelta y los de Nexos, en sorda pugna por conseguir los favores y los reflectores del Estado: puestos en la gestión pública, espacios en los medios de comunicación, publicidad para sus respectivas revistas, asignación de trabajos... La historia de este encono está documentada en los diarios y las revistas de la época, así como uno de sus significativos resultados: Octavio Paz pidiendo a Salinas de Gortari la destitución del presidente del Conaculta, Víctor Flores Olea, porque no fue invitado 'a tiempo' al coloquio invernal. Nuestro mayor poeta ejerciendo de censor...(1) Por su parte, los izquierdistas de Nexos ocuparon cada vez más importantes puestos en el gobierno, como quería Carlos Fuentes desde los años setenta.
La relación de los intelectuales y los artistas con el poder, siempre intrincada y veleidosa y no pocas veces cómplice, nos lleva necesariamente a observar el carácter de las manifestaciones culturales en los últimos años en México, en los que el Estado ha asumido un papel protagónico como promotor y difusor (especialmente si se trata de proyectos monumentales y oropelescos como los que exaltan el esplendor de las civilizaciones prehispánicas o lo sorprendente que es el arte de nuestros jóvenes genios). Aunque es cierto que es obligación del Estado proteger y fomentar la cultura, entiéndala como la entienda y lo haga como mejor le parezca, las gestiones del ex funcionario, fotógrafo y profesor investigador de la UNAM Víctor Flores Olea a la periodista Sara Bermúdez han sido profusas en políticas erráticas y los habituales viajes y gastos de representación, más las consabidas y ridículas escenas en el extranjero, inauguraciones suntuosas, intercambios faraónicos, megabibliotecas... Es cierto también que muchas de las becas y los apoyos otorgados han servido para paliar temporalmente la precaria situación de cientos o miles de artistas, escritores y comunidades marginadas, así como para impulsar la labor discreta y constante de investigadores en distintos campos de las ciencias sociales.
Pero si hay algo que puede sorprender por su rareza y originalidad es que en este país incluso la contracultura -o lo que se entiende por contracultura en México: un rosario de clichés importados de la contracultura estadounidense de los años sesenta- ha sido subvencionada por un Estado marcadamente patrimonialista y paternalista, para el que todos, antes que ciudadanos, somos menores de edad a los que hay que cuidar, vigilar y castigar.
A mediados y fines de los ochenta surgieron grupos de rock que poco después se desgañitaban en éxtasis místico por Chiapas mientras triunfaban en las pantallas de TV; pintores y artistas de barriada (Tepito Arte Acá) y grafiteros perseguidos por las patrullas que hoy exponen tranquilamente en muros y recintos oficiales y publican su trabajo en revistas de gran tiraje; fotógrafos y videoastas, escritores y poetas malditos que se morían por aparecer en las listas de los escogidos; periodistas y editores de revistas alternativas que insisten aún en la legalización de la mariguana y adoran eternamente a Bukowski (quien, si viviera, les daría una patada en el culo); bailarines y performanceros 'transgresores' y proyectos de toda índole de chavos-banda que más bien pronto se desvanecieron en la enrarecida atmósfera de la ciudad. De entonces a la fecha son pocos los que no han recibido alguna clase de beca o apoyo estatal, incluyendo a los exitosos artistas conceptuales que rechazaban el arte tradicional por su impropia condición de mercancía. Concedamos que todo esto no está mal para quienes buscan el reconocimiento (así sea afanosamente) o para los que simplemente desean vivir de su trabajo, como todos los demás. Todos saben que una norma de las manifestaciones marginales, alternativas o contraculturales es que éstas, tarde o temprano, se incorporan al mainstream, al gran mercado: ahí están los ejemplos suficientemente conocidos del punk y otros movimientos musicales, artísticos y literarios. Lo que parece un tanto risible es que muchos artistas y escritores beneficiados insisten en mantener una rabiosa postura contra el sistema, adoptando poses insolentes o graciosamente rebeldes, tomando casi al pie de la letra la fallida traducción literal de contracultura (against culture): contra la cultura establecida, y no counterculture: servir de contrapeso a la cultura dominante. (Pero de esto ha escrito mucho mejor Luis Racionero en sus Filosofías del underground.)
Pero México es un país de paradojas. La Ciudad de México está al borde del colapso y el país entero es ya una sucesión de suburbios de la capital, con sus grandes malls y sus estrenos hollywoodenses simultáneos; con todos sus jóvenes bailando y cantando al unísono las tonadas de los concursantes de La Academia (ya nadie será ingeniero o doctor o abogado); con la inmensa mayoría de la población pendiente de las expulsiones del Big Brother; con informadores que dan las noticias a medias o a conveniencia de las dos grandes corporaciones televisivas. Es también este país uno de revolucionarios de pacotilla, con sus boinas y sus playeras con la imagen del Che Guevara ?un mito cuya patética historia desconocen: un invento descarado del dictador con más años en el poder en todo el mundo. O con sus playeras de Marcos, un enmascarado que quiso hacer una revolución y se ocultó en la selva como el enigmático coronel Kurt de El corazón de las tinieblas para rumiar el rechazo y el semiolvido mientras trama... ¡el regreso de la vieja nueva izquierda! Y con sus políticos de Tijuana a Cancún que han perfeccionado el arte del engaño, de la corrupción, del asesinato y de la fuga. Con sus narcos, que han amasado un poder inmenso que muchas veces se traslapa con el de las instituciones. Y con los asesinatos y las ejecuciones impunes de hombres, mujeres y niños en todos los jirones del territorio. Y con sus jerarcas eclesiásticos que saben darse la buena vida a costa de la fidelidad de creyentes y la gratitud de los políticos. Con todo esto, ¿hay lugar para la contracultura, o lo que eso sea ahora, como no sea en los minúsculos escondrijos de una sociedad cada vez más alienada y mediatizada?
Fuera de México todo es Cuautitlán, se decía antes, insinuando que lejos de la metrópoli no había sino rancheros, vacas y pastizales. Ahora la gran ciudad también se ha convertido en un gran rancho, más provinciano que nunca. Un presidente que nunca pudo crecer para convertirse en estadista y encauzar la lenta transición democrática y que, encima, recomienda a los pobres no leer para no enterarse de las malas noticias. Un jefe de Gobierno zafio y mesiánico que desprecia el diálogo y la cultura y que en ella ve exclusivamente un campo de apoyo para su próxima campaña electoral. Políticos y funcionarios que velan solamente por su propio bienestar y que se aumentan el salario a la menor provocación. Universitarios que apenas saben leer y ciudadanos que votarán por alguien que les dará la espalda al poco tiempo. Por si esto no bastara, la era de las revoluciones se ha acabado, como escribió Octavio Paz, lo mismo que el de los grandes proyectos de transformación social. La revolución vive ahora en los programas de MTV.
La noche de la civilización también se cierne sobre este país. Los intelectuales encumbrados permanecen ensimismados y los artistas sólo quieren fama y dinero, al igual que los escritores que se desviven por publicar ya la obra que los consagrará y que leerán solamente quinientos lectores.(2) Hay dispersos en el territorio nacional, seguramente, otros proyectos de creación y confrontación inteligentes que quizá no reciben ningún apoyo. Existen de manera independiente, si bien pocos, algunos sellos disqueros, estaciones de radio vía internet, editoriales de libros, revistas y CDs y otras empresas culturales que aprovechan las oportunidades de las nuevas tecnologías informáticas. Quizá la contracultura esté oculta y no sabemos reconocerla, deambulando por el ciberespacio o en oscuros cuartuchos de vecindad. Aun así hemos perdido la batalla. La degradación y la descomposición continúan su marcha irrefrenable. Las décadas serán todas iguales de ahora en adelante.
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* Una primera versión de este texto fue leída en la conferencia 'Mexico City 1990s: The Paints Not Dry', organizada por el Departamento de Artes Visuales de la Universidad de California en San Diego, el 13 de mayo de 2005.
Notas
1. En su relatoría, a cargo del doctor Gerardo Estrada, director de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México, éste dedicó la mayor parte de su tiempo a desmentir varias de las afirmaciones de mi ponencia. Sin embargo, incurrió en el error ?uno de tantos? de decir que yo había acusado a Octavio Paz de 'neoliberal' y acto seguido se dedicó a presentarlo como uno de los mayores impulsores de la democracia mexicana. En efecto, nadie puede negar las valiosas contribuciones del poeta a la construcción de la endeble y caricaturesca democracia en este país, como tampoco el hecho de que su intervención fue decisiva para que Salinas de Gortari despidiera de su cargo a Flores Olea, lo que también negó Estrada. Según él, a Flores Olea lo hundieron 'los numerosos enemigos dentro del Conaculta...'. Fue inevitable que durante la exposición de Estrada el público se mirara entre desconcertado y divertido por la infame, chusca y cantinflesca pronunciación del inglés del conspicuo funcionario de la UNAM. El colmo fue cuando, para atenuar quizá las referencias a la acelerada descomposición de la sociedad mexicana, de la violencia en todos los ámbitos de la vida en México, Estrada dijo alegremente, ante sesenta atónitos testigos, que en este país hay fiesta cada noche, y puso por ejemplo la Plaza de Garibaldi. ¿Qué otra cosa podría esperarse de un alegre funcionario que ha cambiado según sopla el viento, de la izquierda al priismo al foxismo? Un funcionario que ha vivido casi cuarenta años del presupuesto no puede vivir en el error.
2. A quienes no les haría mal leer las siguientes palabras de Javier Marías: 'Un escritor [...] lo es siempre por elección. Nadie le obliga a ello, decide voluntariamente, opta por un tipo de vida arriesgada en la que puede fracasar o triunfar, en la que nada le está garantizado, ni siquiera la publicación de sus textos, menos que nada su talento, o la perduración de éste. A cambio no tiene patrón ni horarios, o sólo los que se impone, y nadie le dice lo que debe escribir (o él no debería escucharlo). No es un trabajador por cuenta ajena y por tanto no debe aspirar a nada semejante a un empleo seguro, ni a pensiones (porque nadie lo jubila de su actividad), ni a seguridades sociales. [...] un escritor no es mejor que ningún otro ciudadano por el mero hecho de escribir. Algunos quedarán como benefactores, en la medida en que sus libros conmovedores o inteligentes sirvan a las generaciones venideras, que los seguirán leyendo. Pero no sabemos quiénes serán, ignoramos quiénes permanecerán vigentes y vivos después de muertos. Mientras tanto, hay también escritores pésimos que deberían dedicarse a otra cosa, los hay ruines y los hay ofensivos. [...] Nadie tiene 'derecho' a que le publiquen, nadie tiene 'derecho' a que se lo ampare si tuvo mala fortuna o no fue precavido o gastó su dinero. Quizá, si me apuran, el escritor menos que nadie. Lejos de considerar su actividad sagrada, como tienden a hacer la mayoría de quienes la ejercen, hay que verla cercana a la del jugador profesional, el tahúr, el apostador impenitente que ha decidido vivir como le gusta y asume sus riesgos' (Mano de sombra, 1997).
domingo, agosto 21, 2005
Replicante en El Informador, de Guadalajara
Una entrevista de Liliana Zamora, publicada hoy en Guadalajara
Sale el cuarto Replicante
Una revista que se enriquece
El cuarto número de la revista Replicante aborda el tema de la sexualidad. Uno de los atractivos de la publicación es la serie de fotografías incluidas en la misma.
A cuatro números de su gestación, Replicante se afina. Si lo hace es porque está dispuesto a provocar a todo aquél que la sostenga en sus manos. No es cuestión de apantallar, es cuestión de dar ideas para un país en ruinas...
El cuarto Replicante ya danza por las librerías y alguno que otro puesto de periódicos. El tema de la sexualidad es el distintivo en esta ocasión. Había que hablar al respecto, cuenta Rogelio Villarreal, director editorial de la revista trimestral.
La razón es sencilla. Se habla mucho, pero se dice poco del sexo. Villarreal comienza a sospechar de 'tanta aparente libertad para hablar de sexo en la televisión, en todos los medios, en términos cotidianos, y sigue habiendo temas tabúes, prejuicios; las marchas gays son mal vistas, se hace mofa de lo trasvesti, de lo que hay en la televisión'.
Son estereotipos que permanecen en el ambiente diario. El director editorial la llama 'hipocresía', por el hecho de que la sociedad presume una tolerancia que simplemente, no existe. En el fondo no implican más que intolerancia y prejuicios desde diferentes propuestas... 'El sexo es bien visto, pero con toda la carga hipócrita que hay detrás de la política de los derechos humanos'.
Es entonces cuando Replicante sale al ataque. Y es que en esas más de 120 páginas hay historias, reseñas, fotografías, caricaturas que se refieren a la sexualidad, sin censura.
Son contenidos reales, que parten de la experiencia y de la investigación. En resumen: cada letra está respaldada por un argumento. No se trata de hablar, sino de profundizar en el tema. 'Son contenidos que se alimentan tanto del periodismo como de la academia', explica Rogelio Villarreal. 'Llegar a más gente, pero de manera más seria'.
Hay artículos como el de Elvira Reyes, psicóloga por la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco. Ella publica en el cuarto número parte de las entrevistas que integrarán su próximo libro, que llevará como título Una agenda vacía: los derechos humanos y la prostitución en el Distrito Federal.
Se trata de historias reales de tres trabajadoras sexuales de La Merced, abordadas desde otro punto de vista, en este caso, desde la psicología.
También aparece uno que Eusebio Ruvalcaba, cuentista, novelista y ensayista, escribió a partir de una experiencia personal, sobre un amigo que estaba enamorado de él y que murió sin confesarlo. Lo descubrió gracias a unos poemas que se encontró en su departamento días después de su 'accidente': Luis Ignacio escribió de puño y letra, con letra nerviosa y menuda, de pronto ilegible: ?Las mujeres son superiores a los hombres, pero prefiero a los hombres... Decirle a Eusebio Ruvalcaba que compré un vino especial para él para ahora que venga a visitarme (no compré nada; ni siquiera me acuerdo quién me lo regaló ni cuándo). A ver si así viene''.
También hay imágenes fotografiadas por distintas personas. Son aportaciones que van en torno al mismo tema. Según el director editorial, la respuesta ha sido entusiasta, sobre todo de jóvenes estudiantes, sus principales seguidores. ?Son los más interesados e, incluso, proponen colaboraciones y escriben para felicitar?. Aunque esto no significa que Replicante sea, ni busque, ser una revista generacional.
Pero está la otra cara de la moneda, el lector que de alguna manera rechaza los contenidos de la publicación. 'Es un poco raro porque gente que se supone tiene bibliografía, que tiene maestros, que está cumpliendo un programa académico, de repente hay como dudas, inquietudes que también reflejan un poco el prejuicio del entorno familiar o social, o de una sociedad conservadora como la mexicana'.
Replicante no quiere convencer, quiere provocar. Esa es la idea. 'Hay gente que dice que publicar eso es peligroso porque estamos dando ejemplos, en vez de comprender y entender qué pasa. No estamos publicando para sorprender a nadie, ni para apantallar a nadie, simplemente porque es una realidad y le estamos dando un tratamiento periodístico, literario y gráfico, más o menos ameno, interesante, según nuestro punto de vista'.
Sale el cuarto Replicante
Una revista que se enriquece
El cuarto número de la revista Replicante aborda el tema de la sexualidad. Uno de los atractivos de la publicación es la serie de fotografías incluidas en la misma.
A cuatro números de su gestación, Replicante se afina. Si lo hace es porque está dispuesto a provocar a todo aquél que la sostenga en sus manos. No es cuestión de apantallar, es cuestión de dar ideas para un país en ruinas...
El cuarto Replicante ya danza por las librerías y alguno que otro puesto de periódicos. El tema de la sexualidad es el distintivo en esta ocasión. Había que hablar al respecto, cuenta Rogelio Villarreal, director editorial de la revista trimestral.
La razón es sencilla. Se habla mucho, pero se dice poco del sexo. Villarreal comienza a sospechar de 'tanta aparente libertad para hablar de sexo en la televisión, en todos los medios, en términos cotidianos, y sigue habiendo temas tabúes, prejuicios; las marchas gays son mal vistas, se hace mofa de lo trasvesti, de lo que hay en la televisión'.
Son estereotipos que permanecen en el ambiente diario. El director editorial la llama 'hipocresía', por el hecho de que la sociedad presume una tolerancia que simplemente, no existe. En el fondo no implican más que intolerancia y prejuicios desde diferentes propuestas... 'El sexo es bien visto, pero con toda la carga hipócrita que hay detrás de la política de los derechos humanos'.
Es entonces cuando Replicante sale al ataque. Y es que en esas más de 120 páginas hay historias, reseñas, fotografías, caricaturas que se refieren a la sexualidad, sin censura.
Son contenidos reales, que parten de la experiencia y de la investigación. En resumen: cada letra está respaldada por un argumento. No se trata de hablar, sino de profundizar en el tema. 'Son contenidos que se alimentan tanto del periodismo como de la academia', explica Rogelio Villarreal. 'Llegar a más gente, pero de manera más seria'.
Hay artículos como el de Elvira Reyes, psicóloga por la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco. Ella publica en el cuarto número parte de las entrevistas que integrarán su próximo libro, que llevará como título Una agenda vacía: los derechos humanos y la prostitución en el Distrito Federal.
Se trata de historias reales de tres trabajadoras sexuales de La Merced, abordadas desde otro punto de vista, en este caso, desde la psicología.
También aparece uno que Eusebio Ruvalcaba, cuentista, novelista y ensayista, escribió a partir de una experiencia personal, sobre un amigo que estaba enamorado de él y que murió sin confesarlo. Lo descubrió gracias a unos poemas que se encontró en su departamento días después de su 'accidente': Luis Ignacio escribió de puño y letra, con letra nerviosa y menuda, de pronto ilegible: ?Las mujeres son superiores a los hombres, pero prefiero a los hombres... Decirle a Eusebio Ruvalcaba que compré un vino especial para él para ahora que venga a visitarme (no compré nada; ni siquiera me acuerdo quién me lo regaló ni cuándo). A ver si así viene''.
También hay imágenes fotografiadas por distintas personas. Son aportaciones que van en torno al mismo tema. Según el director editorial, la respuesta ha sido entusiasta, sobre todo de jóvenes estudiantes, sus principales seguidores. ?Son los más interesados e, incluso, proponen colaboraciones y escriben para felicitar?. Aunque esto no significa que Replicante sea, ni busque, ser una revista generacional.
Pero está la otra cara de la moneda, el lector que de alguna manera rechaza los contenidos de la publicación. 'Es un poco raro porque gente que se supone tiene bibliografía, que tiene maestros, que está cumpliendo un programa académico, de repente hay como dudas, inquietudes que también reflejan un poco el prejuicio del entorno familiar o social, o de una sociedad conservadora como la mexicana'.
Replicante no quiere convencer, quiere provocar. Esa es la idea. 'Hay gente que dice que publicar eso es peligroso porque estamos dando ejemplos, en vez de comprender y entender qué pasa. No estamos publicando para sorprender a nadie, ni para apantallar a nadie, simplemente porque es una realidad y le estamos dando un tratamiento periodístico, literario y gráfico, más o menos ameno, interesante, según nuestro punto de vista'.
martes, julio 19, 2005
19 de julio del 2002
Hace tres años murió Don Roger, mi padre. Para los que lo conocieron y para los que no, va una foto de Pedro Meyer tomada hace casi veinte años en el famoso Bar Nueve (mi papá es el de lentes), y algunos testimonios de amigos míos que lo trataron lo suficiente como para dejar unos cuantos testimonios (que se publicaron poco después de su fallecimiento en un número de Generación). Salud!

Anecdotario mínimo de Don Roger
I. Cinco anécdotas cinco
Jaime Muñoz Vargas
Rogelio Villarreal solía invitar amigos a departir con él en su minúsculo departamento de Torreón. Era disparador, generoso. Durante un tiempo ?les pichó las caguamas? (así decía él) a dos jóvenes poetas con quienes conversaba, bebía y fumaba durante largas horas. En alguna ocasión se enfrascó en una polémica con uno de los jóvenes poetas. La molestia del muchacho fue tanta que con un cuchillo arremetió contra don Roger y logró propinarle un puyazo en la indefensa espalda. Chorreó sangre, llamaron a la Cruz Roja, y en ningún momento el viejo denunció al agresor. Pasadas las semanas, don Roger me narró los pormenores del altercado. Pudo recurrir a las instancias judiciales, pero su aprecio por el joven escritor era mucho y no quiso afectarlo. Sólo le guardó un tenue resentimiento enunciado con un retruécano para mí imborrable:
?Yo sabía que era un poeta maldito, no un maldito poeta.
* * *
Hay una estrofita del dominio público entre los laguneros. La oí por primera vez en mi adolescencia, o tal vez antes. La memoricé, y durante años he sentido que ella condensa, humorística y cruelmente, nuestra norteña barbarie. En 1997 negocié con don Roger la impresión de un libro. Lo visité varias veces a su departamento, y en una de nuestras conversaciones surgió el tema. Me dijo que cuando era estudiante a él se le ocurrió escribir esos terribles versos. Desde el principio corrieron con suerte entre todos sus compañeros, y hasta la fecha sobreviven como santo y seña de nuestra laguneridad. Sea o no de don Roger, esa estrofa admite una breve disección literaria: la primera línea dibuja con maestría la mayor peculiaridad de nuestro entorno geográfico; la segunda ?obra maestra de la brutalidad escatológica? sigue siendo realidad visible y olfateable en la Comarca Lagunera; el verso tercero pinta de una sola pincelada a todos los nuevos irritilas; el cierre incorpora, sin ánimo poeticista, la más notable característica de nuestro clima. En cuatro versos, pues, se perfila el contorno físico y espiritual de nuestra chula tierra. Va la estrofa íntegra y sin censura:
Cerros chatos y pelones
tajos llenos de cagada
una bola de cabrones
y un calor de la chingada.
* * *
En una ocasión me encontré a don Roger en la presentación de un libro. Llegó agitado y con una burla escondida tras el gesto. Le pregunté qué le ocurría, y me platicó que acababa de tener un extraño encuentro. Caminaba por la calle cuando se le acercó una viejecilla con una canasta.
?Ándele, señor, cómpreme un dulce ?le dijo la mujer.
?No puedo, soy diabético ?respondió don Roger.
?Entonces deme una ayudita por el amor de dios.
Don Roger no traía monedas, pero sí una espléndida respuesta:
?Tampoco puedo. Soy musulmán.
?¿Y eso qué es?
?Tengo otro dios, no el suyo.
?Por eso les caen esas enfermedades. Por no creer en dios nuestro señor se los llevará a todos la chingada. ¡Cómo se les ocurre creer en otro! ¡Sólo hay uno! ¡Sólo hay uno!
* * *
Rogelio hacía libros para sobrevivir. En una ocasión le imprimió una edición de autor a un pobre hombre que en La Laguna se dedica todavía a escribir montañas de basura, seudopoesía y seudohistoria. Yo quería saber qué opinaba de esos lamentables autores a los que por necesidad les imprimía sus bodrios. Don Roger me enseñó el mamotreto del escritorzuelo aquel. Había allí una hoja plegable con un intrincado árbol genealógico elaborado a mano, además de cientos de fotos y párrafos inservibles. Rogelio entonces editorializó, meneando la cabeza tocada por su panamá de Mike Brito y echando el humo de su Delicados:
?Un esfuerzo digno de mejores causas, sí, un esfuerzo digno de mejores causas.
* * *
Algunas conversaciones de don Roger hubieran intimidado al marqués de Sade, quien a su lado quedaría rebajado a la categoría de tío Gamboín. En una reunión, mientras todos mencionaban encuentros y conquistas amorosos, Rogelio tomó la palabra para narrar una escena de zoofilia. Contó que en su juventud fue a un rancho, y allí vio a un jornalero echarse a una cabra. Todos nos quedamos boquiabiertos hasta que alguien, al fin, pudo preguntar:
?¿Y qué ocurrió después, don Rogelio?
?Nada, sólo que el ranchero no pudo terminar porque se puso celoso el cabrón, en este caso sin metáfora.
II. Réquiem para Don Roge
Daniel Herrera
El conductor del taxi cruzó la calle sin fijarse en el rojo. La camioneta frenó pero no fue suficiente: el golpe hizo que el carro diera un par de vueltas y se estrellara contra un poste de luz. En esos momentos yo estaba tocando a la puerta de Rogelio Villarreal Huerta, Don Roge. La mujer que lo cuidó en sus últimos días salió inmediatamente, movida por la morbosidad y diciendo: ?Ay, qué feo, don Rogelio, qué feo choque pasó en la esquina.? Don Roge estaba acostado en uno de sus sillones, rodeado de ventiladores, combatiendo el calor aplastante de Torreón. ?¿Ah, sí? No me importa?, fue su impasible respuesta.
* * *
A Don Roge lo conocí gracias a su hijo, Rogelio Villarreal. Su padre era un personaje de esta ciudad norteña, una leyenda viva ?desde hacía mucho tiempo circulaban muchas historias truculentas sobre su vida. Editor de escritores mediocres (exceptuando algunos: publicó un ensayo de Miguel Báez sobre la obra de Rulfo; también algo de Jaime Muñoz y Saúl Rosales, quizá los mejores escritores de la laguna), era inconfundible: la cara casi transparente gracias al mal del pinto, vestido de guayabera, siempre con su sombrero blanco y el bastón que lo ayudaba a caminar. En todas las presentaciones de libros, en todas las exposiciones, en todas las obras de teatro, en todos los eventos de la bonita familia cultural lagunera. Apreciado por la mayoría y sólo rechazado por alguno que otro bienpensante. Al final ya casi no iba a ningún lugar y cruzaba las calles despacio, retando a los conductores, como quien sabe de la poca importancia de aventajar unos cuantos minutos al reloj.
* * *
Visité su casa un par de veces, siempre con algún encargo de su hijo que vive en el DF. Una ocasión fue para llevarle su libro: Cuarenta y 20, publicado por Moho. Su respuesta fue contundente: ?Este muchacho que escribe estas cosas... si ya Henry Miller lo hizo, ¿para qué hacerlo de nuevo??
* * *
Volví a visitar su casa cuando vino Rogelio a despedirse de él. Hice lo que muchos amigos de Don Roge habrían querido hacer (Jaime Muñoz se lamenta por no haber estado en la ciudad durante esos días). Él vivía en una pequeña casa de dos pisos. Subí las escaleras y entré a su cuarto. La palabra exacta es: alucinante. Pude ver la cantidad impresionante de libros que tenía. Los libreros eran los muebles principales, en una esquina había una pequeña cama, parecía la cama de un moribundo. Conté cerca de cuatro o cinco ventiladores, un refrigerador pegajoso ?lo abrí y dentro del congelador encontré los restos de un six. Enfrente una pequeña barra vacía, la habitación casi a oscuras gracias a las cortinas; cuadros y fotos colgados de las paredes y en una esquina un mueble con figuras de porcelana, ¿no es una escena encantadora?
* * *
Lo más importante eran los libros: Cortázar, Borges y Onetti junto a Groucho Marx y George Simenon; Fadanelli y escritores malditos junto a libros de trucos y bromas. Al parecer Don Roge leía todo lo que le caía en las manos.
* * *
Estuve ahí mientras su familia se repartió las pertenencias, me sentía un invasor. Ahora estoy leyendo la Última salida para Brooklyn, de Hubert Selby Jr. Lo tomé de uno de sus libreros. Don Roge era generoso, cualquiera que fuera a pedirle alojamiento por una noche podía encontrarlo en su casa. Por eso me alegro de tener ese libro: fue su herencia, aunque yo no fuera parte de su familia.
III. Batallas en el desierto
Guillermo Fadanelli
De don Rogelio Villarreal ya otros realizarán el recuento de su entusiasta labor como editor y hombre de letras. No merece menos un hombre que trabajó para la literatura de una manera tan generosa. Yo sólo quiero escribir el cuánto siento que nos haya dejado sin antes hacerse viejo de a deveras. Coincidí con él en algunas reuniones a las que me invitaba su hijo Rogelio. Me sorprendía que me leyera, pero sobre todo que me leyera con atención. En algún momento nos apartábamos del bullicio de los invitados para conversar sobre literatura. Me hizo comentarios sobre mis primeros libros con especial sentido crítico. Tenía una voz enérgica, pero pausada. Y una sonrisa de hombre perverso. La primera vez que conversamos me preguntó si en realidad era yo el personaje de mis propios artículos. Le respondí que sólo a medias porque nada de lo que había hecho en mi vida rebasaba la mediocridad. Sonrió antes de decirme: ?Me parece que efectivamente eres el personaje de tus propias historias.? En otra ocasión, durante una pequeña fiesta en casa de su hijo, Don Rogelio bebió sin pudor alguno al mismo ritmo que nosotros. En un principio titubeamos frente a la imagen del viejo respetable que presidía el encuentro desde su sillón. Cuando nos dimos cuenta de que estábamos frente a un hombre de espíritu lúdico y vocación pantagruélica para gozar con toda clase de vicios, no tuvimos más remedio que reconocerlo como el más joven de la fiesta. A mí me sorprendió siempre la relación que llevaba con su hijo Rogelio. Una amistad más que una obligación filial. Los envidiaba, pues yo con mi padre jamás pude tener esa vena de complicidad que suelen llegar a tener los hombres a pesar de su parentesco. La formalidad jamás abrió puertas en la relación con mi padre quizás debido a que desde niño me fue impuesta la imagen de su autoridad incuestionable.
Hace unos meses estuve en Torreón. En cuanto descendí del avión sentí el calor cínico del desierto. Había llegado a la Comarca Lagunera, tierra del Santos y de los Villarreal. Sólo estuve dos días, sin embargo conocí por primera vez en mi vida cuál es el verdadero sentido de una cerveza helada. Una noche reunidos en la azotea de una casa ?el calor vuelve callejera a la gente? varios escritores recordaron anécdotas de don Rogelio. Cada uno sabía un cuento distinto. Entonces me di cuenta de que no sólo se trataba de un mito torreonense, sino que además hablaban de él con una simpatía fraternal. Una de las anécdotas que más recuerdo es aquella que narra la pequeña fiesta que Don Rogelio organizó en su casa para sus amigos más viejos, entre ellos algunos eminentes hombres públicos torreonenses. Les prometió una noche diferente, oferta que todos tomaron con escepticismo. Cuando el aquelarre acabó los viejos no tuvieron la menor duda de que habían asistido a la reunión que abría las puertas del nuevo siglo. ¿Qué pasó aquella noche allí dentro? Existen varias versiones, pero don Rogelio se llevó el secreto a su tumba. Además de hombre culto era un hedonista. En estos tiempos donde abundan los pusilánimes nadie sabe vivir de acuerdo con sus vicios. Qué importancia tiene vivir diez o veinte años más metido en un ataúd virtual o sometido a las castrantes reglas de una disciplina longeva. He visto a hombres jóvenes morir a pesar de haber extremado sus cuidados médicos (uno de ellos era macrobiótico). Don Rogelio sobrevivió a varios infartos que estoy seguro disfrutó como se disfruta el recuerdo de las batallas ganadas. La tristeza que nos causa su ausencia no se compara con el placer de haber compartido su vitalidad. Yo fui beneficiado de su conversación. Ahora me quedan algunos libros de su biblioteca, la amistad de su hijo y el recuerdo de su voz prominente y sabia.
Anecdotario mínimo de Don Roger
I. Cinco anécdotas cinco
Jaime Muñoz Vargas
Rogelio Villarreal solía invitar amigos a departir con él en su minúsculo departamento de Torreón. Era disparador, generoso. Durante un tiempo ?les pichó las caguamas? (así decía él) a dos jóvenes poetas con quienes conversaba, bebía y fumaba durante largas horas. En alguna ocasión se enfrascó en una polémica con uno de los jóvenes poetas. La molestia del muchacho fue tanta que con un cuchillo arremetió contra don Roger y logró propinarle un puyazo en la indefensa espalda. Chorreó sangre, llamaron a la Cruz Roja, y en ningún momento el viejo denunció al agresor. Pasadas las semanas, don Roger me narró los pormenores del altercado. Pudo recurrir a las instancias judiciales, pero su aprecio por el joven escritor era mucho y no quiso afectarlo. Sólo le guardó un tenue resentimiento enunciado con un retruécano para mí imborrable:
?Yo sabía que era un poeta maldito, no un maldito poeta.
* * *
Hay una estrofita del dominio público entre los laguneros. La oí por primera vez en mi adolescencia, o tal vez antes. La memoricé, y durante años he sentido que ella condensa, humorística y cruelmente, nuestra norteña barbarie. En 1997 negocié con don Roger la impresión de un libro. Lo visité varias veces a su departamento, y en una de nuestras conversaciones surgió el tema. Me dijo que cuando era estudiante a él se le ocurrió escribir esos terribles versos. Desde el principio corrieron con suerte entre todos sus compañeros, y hasta la fecha sobreviven como santo y seña de nuestra laguneridad. Sea o no de don Roger, esa estrofa admite una breve disección literaria: la primera línea dibuja con maestría la mayor peculiaridad de nuestro entorno geográfico; la segunda ?obra maestra de la brutalidad escatológica? sigue siendo realidad visible y olfateable en la Comarca Lagunera; el verso tercero pinta de una sola pincelada a todos los nuevos irritilas; el cierre incorpora, sin ánimo poeticista, la más notable característica de nuestro clima. En cuatro versos, pues, se perfila el contorno físico y espiritual de nuestra chula tierra. Va la estrofa íntegra y sin censura:
Cerros chatos y pelones
tajos llenos de cagada
una bola de cabrones
y un calor de la chingada.
* * *
En una ocasión me encontré a don Roger en la presentación de un libro. Llegó agitado y con una burla escondida tras el gesto. Le pregunté qué le ocurría, y me platicó que acababa de tener un extraño encuentro. Caminaba por la calle cuando se le acercó una viejecilla con una canasta.
?Ándele, señor, cómpreme un dulce ?le dijo la mujer.
?No puedo, soy diabético ?respondió don Roger.
?Entonces deme una ayudita por el amor de dios.
Don Roger no traía monedas, pero sí una espléndida respuesta:
?Tampoco puedo. Soy musulmán.
?¿Y eso qué es?
?Tengo otro dios, no el suyo.
?Por eso les caen esas enfermedades. Por no creer en dios nuestro señor se los llevará a todos la chingada. ¡Cómo se les ocurre creer en otro! ¡Sólo hay uno! ¡Sólo hay uno!
* * *
Rogelio hacía libros para sobrevivir. En una ocasión le imprimió una edición de autor a un pobre hombre que en La Laguna se dedica todavía a escribir montañas de basura, seudopoesía y seudohistoria. Yo quería saber qué opinaba de esos lamentables autores a los que por necesidad les imprimía sus bodrios. Don Roger me enseñó el mamotreto del escritorzuelo aquel. Había allí una hoja plegable con un intrincado árbol genealógico elaborado a mano, además de cientos de fotos y párrafos inservibles. Rogelio entonces editorializó, meneando la cabeza tocada por su panamá de Mike Brito y echando el humo de su Delicados:
?Un esfuerzo digno de mejores causas, sí, un esfuerzo digno de mejores causas.
* * *
Algunas conversaciones de don Roger hubieran intimidado al marqués de Sade, quien a su lado quedaría rebajado a la categoría de tío Gamboín. En una reunión, mientras todos mencionaban encuentros y conquistas amorosos, Rogelio tomó la palabra para narrar una escena de zoofilia. Contó que en su juventud fue a un rancho, y allí vio a un jornalero echarse a una cabra. Todos nos quedamos boquiabiertos hasta que alguien, al fin, pudo preguntar:
?¿Y qué ocurrió después, don Rogelio?
?Nada, sólo que el ranchero no pudo terminar porque se puso celoso el cabrón, en este caso sin metáfora.
II. Réquiem para Don Roge
Daniel Herrera
El conductor del taxi cruzó la calle sin fijarse en el rojo. La camioneta frenó pero no fue suficiente: el golpe hizo que el carro diera un par de vueltas y se estrellara contra un poste de luz. En esos momentos yo estaba tocando a la puerta de Rogelio Villarreal Huerta, Don Roge. La mujer que lo cuidó en sus últimos días salió inmediatamente, movida por la morbosidad y diciendo: ?Ay, qué feo, don Rogelio, qué feo choque pasó en la esquina.? Don Roge estaba acostado en uno de sus sillones, rodeado de ventiladores, combatiendo el calor aplastante de Torreón. ?¿Ah, sí? No me importa?, fue su impasible respuesta.
* * *
A Don Roge lo conocí gracias a su hijo, Rogelio Villarreal. Su padre era un personaje de esta ciudad norteña, una leyenda viva ?desde hacía mucho tiempo circulaban muchas historias truculentas sobre su vida. Editor de escritores mediocres (exceptuando algunos: publicó un ensayo de Miguel Báez sobre la obra de Rulfo; también algo de Jaime Muñoz y Saúl Rosales, quizá los mejores escritores de la laguna), era inconfundible: la cara casi transparente gracias al mal del pinto, vestido de guayabera, siempre con su sombrero blanco y el bastón que lo ayudaba a caminar. En todas las presentaciones de libros, en todas las exposiciones, en todas las obras de teatro, en todos los eventos de la bonita familia cultural lagunera. Apreciado por la mayoría y sólo rechazado por alguno que otro bienpensante. Al final ya casi no iba a ningún lugar y cruzaba las calles despacio, retando a los conductores, como quien sabe de la poca importancia de aventajar unos cuantos minutos al reloj.
* * *
Visité su casa un par de veces, siempre con algún encargo de su hijo que vive en el DF. Una ocasión fue para llevarle su libro: Cuarenta y 20, publicado por Moho. Su respuesta fue contundente: ?Este muchacho que escribe estas cosas... si ya Henry Miller lo hizo, ¿para qué hacerlo de nuevo??
* * *
Volví a visitar su casa cuando vino Rogelio a despedirse de él. Hice lo que muchos amigos de Don Roge habrían querido hacer (Jaime Muñoz se lamenta por no haber estado en la ciudad durante esos días). Él vivía en una pequeña casa de dos pisos. Subí las escaleras y entré a su cuarto. La palabra exacta es: alucinante. Pude ver la cantidad impresionante de libros que tenía. Los libreros eran los muebles principales, en una esquina había una pequeña cama, parecía la cama de un moribundo. Conté cerca de cuatro o cinco ventiladores, un refrigerador pegajoso ?lo abrí y dentro del congelador encontré los restos de un six. Enfrente una pequeña barra vacía, la habitación casi a oscuras gracias a las cortinas; cuadros y fotos colgados de las paredes y en una esquina un mueble con figuras de porcelana, ¿no es una escena encantadora?
* * *
Lo más importante eran los libros: Cortázar, Borges y Onetti junto a Groucho Marx y George Simenon; Fadanelli y escritores malditos junto a libros de trucos y bromas. Al parecer Don Roge leía todo lo que le caía en las manos.
* * *
Estuve ahí mientras su familia se repartió las pertenencias, me sentía un invasor. Ahora estoy leyendo la Última salida para Brooklyn, de Hubert Selby Jr. Lo tomé de uno de sus libreros. Don Roge era generoso, cualquiera que fuera a pedirle alojamiento por una noche podía encontrarlo en su casa. Por eso me alegro de tener ese libro: fue su herencia, aunque yo no fuera parte de su familia.
III. Batallas en el desierto
Guillermo Fadanelli
De don Rogelio Villarreal ya otros realizarán el recuento de su entusiasta labor como editor y hombre de letras. No merece menos un hombre que trabajó para la literatura de una manera tan generosa. Yo sólo quiero escribir el cuánto siento que nos haya dejado sin antes hacerse viejo de a deveras. Coincidí con él en algunas reuniones a las que me invitaba su hijo Rogelio. Me sorprendía que me leyera, pero sobre todo que me leyera con atención. En algún momento nos apartábamos del bullicio de los invitados para conversar sobre literatura. Me hizo comentarios sobre mis primeros libros con especial sentido crítico. Tenía una voz enérgica, pero pausada. Y una sonrisa de hombre perverso. La primera vez que conversamos me preguntó si en realidad era yo el personaje de mis propios artículos. Le respondí que sólo a medias porque nada de lo que había hecho en mi vida rebasaba la mediocridad. Sonrió antes de decirme: ?Me parece que efectivamente eres el personaje de tus propias historias.? En otra ocasión, durante una pequeña fiesta en casa de su hijo, Don Rogelio bebió sin pudor alguno al mismo ritmo que nosotros. En un principio titubeamos frente a la imagen del viejo respetable que presidía el encuentro desde su sillón. Cuando nos dimos cuenta de que estábamos frente a un hombre de espíritu lúdico y vocación pantagruélica para gozar con toda clase de vicios, no tuvimos más remedio que reconocerlo como el más joven de la fiesta. A mí me sorprendió siempre la relación que llevaba con su hijo Rogelio. Una amistad más que una obligación filial. Los envidiaba, pues yo con mi padre jamás pude tener esa vena de complicidad que suelen llegar a tener los hombres a pesar de su parentesco. La formalidad jamás abrió puertas en la relación con mi padre quizás debido a que desde niño me fue impuesta la imagen de su autoridad incuestionable.
Hace unos meses estuve en Torreón. En cuanto descendí del avión sentí el calor cínico del desierto. Había llegado a la Comarca Lagunera, tierra del Santos y de los Villarreal. Sólo estuve dos días, sin embargo conocí por primera vez en mi vida cuál es el verdadero sentido de una cerveza helada. Una noche reunidos en la azotea de una casa ?el calor vuelve callejera a la gente? varios escritores recordaron anécdotas de don Rogelio. Cada uno sabía un cuento distinto. Entonces me di cuenta de que no sólo se trataba de un mito torreonense, sino que además hablaban de él con una simpatía fraternal. Una de las anécdotas que más recuerdo es aquella que narra la pequeña fiesta que Don Rogelio organizó en su casa para sus amigos más viejos, entre ellos algunos eminentes hombres públicos torreonenses. Les prometió una noche diferente, oferta que todos tomaron con escepticismo. Cuando el aquelarre acabó los viejos no tuvieron la menor duda de que habían asistido a la reunión que abría las puertas del nuevo siglo. ¿Qué pasó aquella noche allí dentro? Existen varias versiones, pero don Rogelio se llevó el secreto a su tumba. Además de hombre culto era un hedonista. En estos tiempos donde abundan los pusilánimes nadie sabe vivir de acuerdo con sus vicios. Qué importancia tiene vivir diez o veinte años más metido en un ataúd virtual o sometido a las castrantes reglas de una disciplina longeva. He visto a hombres jóvenes morir a pesar de haber extremado sus cuidados médicos (uno de ellos era macrobiótico). Don Rogelio sobrevivió a varios infartos que estoy seguro disfrutó como se disfruta el recuerdo de las batallas ganadas. La tristeza que nos causa su ausencia no se compara con el placer de haber compartido su vitalidad. Yo fui beneficiado de su conversación. Ahora me quedan algunos libros de su biblioteca, la amistad de su hijo y el recuerdo de su voz prominente y sabia.
De blog a blog
(publicado en El Angel del diario Reforma el 10 de julio)
A veces me pregunto cómo se las arreglan todos aquellos que no escriben, componen o pintan para liberarse de la locura, la melancolía y el miedo, el pánico, inherente a la condición humana.
Graham Greene
Son muchos los autores estadounidenses reconocidos, como el crítico de la cibercultura Mark Dery y los poetas y teóricos Jonathan Mayhew, Nick Piombino y Ron Silliman, que escriben en weblogs, o blogs, esto es, sitios en la red prediseñados y listos para vaciar textos e imágenes y sonido en ellos; bitácoras electrónicas, diarios personales e incluso libros en proceso y en línea. Dery, por ejemplo, también ofrece sus servicios como conferenciante y articulista y vende sus libros Escape Velocity y The Pyrotechnic Insanitarium, además de contar con un organizado archivo de sus principales ensayos publicados también en boletines y revistas. De este lado, '¿quién será el primer escritor hispanoamericano de las grandes ligas en hacer su blog?', pregunta Heriberto Yépez, que profundiza en las cuestiones de la autopublicación electrónica (en www.literaturas.com/heribertoyepezweblogfebrero2003.htm). '¿Por qué se han tardado tanto? ... Por favor bajen del Olimpo y ya entren al Internet. Click here'. Quizá podamos apostar a que muchos de los grandes autores no lo harán porque prefieren la seguridad y el prestigio que otorga publicar con tinta en las editoriales terrestres -y por el proverbial miedo al cambio-, pero hay otros como Cristina Rivera Garza, Alberto Chimal, Luigi Amara y Tryno Maldonado, entre tantos otros, que sin el menor reparo escriben (postean) puntualmente notas, comentarios, poemas, aforismos, insinuaciones, recados, bromas, bosquejos, recomendaciones y toda clase de textos literarios, biográficos -y no- en sus respectivos blogs ('Cosas personales y también lo que sucede alrededor de este confuso e inagotable océano digital', apunta el investigador Antulio Sánchez en el suyo), además de fotografías e ilustraciones, canciones y sonidos, que son leídos/vistos/escuchados también con regularidad por una cifra quizá abultada de lectores mexicanos y extranjeros que a su vez probablemente son también escritores en sus respectivos blogs. (¿Es el ciberespacio acaso el único lugar sin fronteras?)
Hay quienes incluso tienen dos o más blogs para cada necesidad, como el prolífico Fernando Nachón, que diseñó uno para hablar de sus novelistas preferidos y otros para sus diferentes escrituras, y los que incluso escriben en dos o más idiomas o jerigonzas ciberespaciales, como el tijuanense Rafa Saavedra (uno de los primeros bloggernautas) y el crítico Ernesto Priego. Existe también una extensa comunidad de tipógrafos que prefieren usar pseudónimos (Autocomplaciente, el Judío, Urymonsta, la señorita Masturbación, el Charquito) por varias razones, aunque significativamente entre éstos abundan las invectivas y los denuestos contra otros habitantes del ciberespacio o las fantasías voluptuosas y hasta pornográficas (véase, por ejemplo, el blog del especialista Jorge Rueda). Y quizá haya varios casos más de blogs apócrifos, además del que le hizo de manera anónima a Guillermo Fadanelli un solícito fan oculto que se encarga de subir algunos de los artículos que este escritor publica en diferentes espacios impresos. Desde luego, entre los miles de bloguitas (como los bautizó Rafa Saavedra) hay hackers que destruyen blogs por venganzas o por simple gusto, como sucedió hace unos días con los del Chango 100 y la poeta y melómana Karlatone, quien nos comparte su desconcierto: 'Me acordé de mi clase de política internacional comparada, del terrorismo en particular, del hecho de no tener un enemigo con rostro y domicilio, sino un rival anónimo pero con capacidad destructiva sobresaliente. Así me siento con respecto al hacker. Hoy he sido hackeada. Alguien o algunos osaron transgredir mi privacidad y borrar todo mi inbox. La sensación fue extraña'.
Los blogs también han originado a los photologs (en los cuales sus autores postean fotos y comentarios, como el recientemente censurado photolog de la tapatía de La Puta del Cuento por 'vulgar e inapropiado', le explicaron los administradores) y a los podcasts (de iPod + broadcast), una variante que privilegia la música y permite programar selecciones personales a la manera de una estación de radio. Se calcula que ya hay cerca de 750 mil sitios de este tipo.
No es necesario atiborrar esta nota de direcciones electrónicas, ya que lo más fácil es anotar en google el nombre de algún escritor 'amateur, emergente o reconocido' y zambullirse entre las decenas de resultados arrojados: alguno de ellos llevará a su blog, si tiene uno. Los blogs por lo general contienen varios links que a su vez conducen a otros que enlistan a su vez otras referencias, lo que convierte a este medio en un interminable organigrama fractal, una pizarra electrónica con cientos de miles de desdoblamientos: la biblioteca de Babel está aquí. Lo sorprendente es que a pocos años de su creación (1999) los blogs se han popularizado tanto que constituyen ya un medio imprescindible para millones de usuarios en todo el mundo y cuyos intereses comprenden prácticamente todas las actividades humanas (¿dónde estaban antes del internet?). Tanto, que la Fundación Electronic Frontier ha publicado una guía legal (www.eff.org/bloggers/lg/) para el uso de weblogs que ofrece información sobre las posibles implicaciones jurídicas de esta actividad. La guía orienta a los usuarios de blogs que tienen dudas sobre cuestiones como el anonimato de las fuentes o los derechos de autor.
En el pasado remoto quedaron ya los volantes mimeografiados, los esténciles, los fanzines fotocopiados, las máquinas de escribir... recursos utilizados hoy solamente por artistas o entes nostálgicos. Si a los sitios que hasta ahora ofrecen blogs gratuitos no les da por cobrar por este servicio, en pocos años éstos competirán con los grandes diarios, revistas y editoriales por estos millones de ávidos e inquietos lectoescritores.
Finalmente, con todas las ventajas de los blogs, no está de más recordar la advertencia de Yépez en el sentido de que ?el Internet es un no-lugar, es decir, estrictamente una utopía; sí, pero una utopía llena de virus y que suele caerse cada cinco minutos?.
Por un país de lectores en línea.
A veces me pregunto cómo se las arreglan todos aquellos que no escriben, componen o pintan para liberarse de la locura, la melancolía y el miedo, el pánico, inherente a la condición humana.
Graham Greene
Son muchos los autores estadounidenses reconocidos, como el crítico de la cibercultura Mark Dery y los poetas y teóricos Jonathan Mayhew, Nick Piombino y Ron Silliman, que escriben en weblogs, o blogs, esto es, sitios en la red prediseñados y listos para vaciar textos e imágenes y sonido en ellos; bitácoras electrónicas, diarios personales e incluso libros en proceso y en línea. Dery, por ejemplo, también ofrece sus servicios como conferenciante y articulista y vende sus libros Escape Velocity y The Pyrotechnic Insanitarium, además de contar con un organizado archivo de sus principales ensayos publicados también en boletines y revistas. De este lado, '¿quién será el primer escritor hispanoamericano de las grandes ligas en hacer su blog?', pregunta Heriberto Yépez, que profundiza en las cuestiones de la autopublicación electrónica (en www.literaturas.com/heribertoyepezweblogfebrero2003.htm). '¿Por qué se han tardado tanto? ... Por favor bajen del Olimpo y ya entren al Internet. Click here'. Quizá podamos apostar a que muchos de los grandes autores no lo harán porque prefieren la seguridad y el prestigio que otorga publicar con tinta en las editoriales terrestres -y por el proverbial miedo al cambio-, pero hay otros como Cristina Rivera Garza, Alberto Chimal, Luigi Amara y Tryno Maldonado, entre tantos otros, que sin el menor reparo escriben (postean) puntualmente notas, comentarios, poemas, aforismos, insinuaciones, recados, bromas, bosquejos, recomendaciones y toda clase de textos literarios, biográficos -y no- en sus respectivos blogs ('Cosas personales y también lo que sucede alrededor de este confuso e inagotable océano digital', apunta el investigador Antulio Sánchez en el suyo), además de fotografías e ilustraciones, canciones y sonidos, que son leídos/vistos/escuchados también con regularidad por una cifra quizá abultada de lectores mexicanos y extranjeros que a su vez probablemente son también escritores en sus respectivos blogs. (¿Es el ciberespacio acaso el único lugar sin fronteras?)
Hay quienes incluso tienen dos o más blogs para cada necesidad, como el prolífico Fernando Nachón, que diseñó uno para hablar de sus novelistas preferidos y otros para sus diferentes escrituras, y los que incluso escriben en dos o más idiomas o jerigonzas ciberespaciales, como el tijuanense Rafa Saavedra (uno de los primeros bloggernautas) y el crítico Ernesto Priego. Existe también una extensa comunidad de tipógrafos que prefieren usar pseudónimos (Autocomplaciente, el Judío, Urymonsta, la señorita Masturbación, el Charquito) por varias razones, aunque significativamente entre éstos abundan las invectivas y los denuestos contra otros habitantes del ciberespacio o las fantasías voluptuosas y hasta pornográficas (véase, por ejemplo, el blog del especialista Jorge Rueda). Y quizá haya varios casos más de blogs apócrifos, además del que le hizo de manera anónima a Guillermo Fadanelli un solícito fan oculto que se encarga de subir algunos de los artículos que este escritor publica en diferentes espacios impresos. Desde luego, entre los miles de bloguitas (como los bautizó Rafa Saavedra) hay hackers que destruyen blogs por venganzas o por simple gusto, como sucedió hace unos días con los del Chango 100 y la poeta y melómana Karlatone, quien nos comparte su desconcierto: 'Me acordé de mi clase de política internacional comparada, del terrorismo en particular, del hecho de no tener un enemigo con rostro y domicilio, sino un rival anónimo pero con capacidad destructiva sobresaliente. Así me siento con respecto al hacker. Hoy he sido hackeada. Alguien o algunos osaron transgredir mi privacidad y borrar todo mi inbox. La sensación fue extraña'.
Los blogs también han originado a los photologs (en los cuales sus autores postean fotos y comentarios, como el recientemente censurado photolog de la tapatía de La Puta del Cuento por 'vulgar e inapropiado', le explicaron los administradores) y a los podcasts (de iPod + broadcast), una variante que privilegia la música y permite programar selecciones personales a la manera de una estación de radio. Se calcula que ya hay cerca de 750 mil sitios de este tipo.
No es necesario atiborrar esta nota de direcciones electrónicas, ya que lo más fácil es anotar en google el nombre de algún escritor 'amateur, emergente o reconocido' y zambullirse entre las decenas de resultados arrojados: alguno de ellos llevará a su blog, si tiene uno. Los blogs por lo general contienen varios links que a su vez conducen a otros que enlistan a su vez otras referencias, lo que convierte a este medio en un interminable organigrama fractal, una pizarra electrónica con cientos de miles de desdoblamientos: la biblioteca de Babel está aquí. Lo sorprendente es que a pocos años de su creación (1999) los blogs se han popularizado tanto que constituyen ya un medio imprescindible para millones de usuarios en todo el mundo y cuyos intereses comprenden prácticamente todas las actividades humanas (¿dónde estaban antes del internet?). Tanto, que la Fundación Electronic Frontier ha publicado una guía legal (www.eff.org/bloggers/lg/) para el uso de weblogs que ofrece información sobre las posibles implicaciones jurídicas de esta actividad. La guía orienta a los usuarios de blogs que tienen dudas sobre cuestiones como el anonimato de las fuentes o los derechos de autor.
En el pasado remoto quedaron ya los volantes mimeografiados, los esténciles, los fanzines fotocopiados, las máquinas de escribir... recursos utilizados hoy solamente por artistas o entes nostálgicos. Si a los sitios que hasta ahora ofrecen blogs gratuitos no les da por cobrar por este servicio, en pocos años éstos competirán con los grandes diarios, revistas y editoriales por estos millones de ávidos e inquietos lectoescritores.
Finalmente, con todas las ventajas de los blogs, no está de más recordar la advertencia de Yépez en el sentido de que ?el Internet es un no-lugar, es decir, estrictamente una utopía; sí, pero una utopía llena de virus y que suele caerse cada cinco minutos?.
Por un país de lectores en línea.
jueves, junio 30, 2005
domingo, junio 12, 2005
Traspatio
Hoy, domingo Jorge Flores-Oliver publicó en el suplemento Traspatio, del Milenio Diario de la Ciudad de México, esta breve nota sobre Replicanchi. Juan Carlos Domínguez, del semanario Zeta, de Tijuana, publicó una entrevista que me hizo allá hace unas semanas. Puede leerse, si no tienen nada que hacer, en zetatijuana.com. Den click en números anteriores (el no. 1627, del 3 al 9 de junio), y luego en Cultura. Gracias.
sábado, junio 11, 2005
viernes, mayo 27, 2005
Comentarios a Replicante 3 del Chango
Les paso al costo los comentarios recién publicados en su blog por mi querido y fino amigo Manuel Lomelí (aka) Chango (ya vamos de gane, ea!: le gustaron varias cosillas):
Sobre Replicante # 3 (y mi "musical baton")
Cuando me presentaron a Villarreal, el muy cínico me dijo, contando un fajo de billetes: "Mira cabrón, ya ves que si deja". Se refería a la revista que regentea, Replicante. Sonreí, por la gracia del comentario, pero también por la inocentada implícita en sus palabras: Revistas como TvNovelas y Vanidades venden más.
No tarde ni cinco minutos intercambiando palabras, cuando Doña Yepez apareció donde ambos platicabamos. Se le notaban los celos. Soy un tipo muy guapo, pero jamás me atrevería a pedalear bicicletas ajenas. Rogelio Villarreal no es mi tipo. Caray, ni siquiera la novia de Doña Yepez, Mayra Luna, es de mi agrado.
Con todo, Villarreal es un tipo jocoso, e intercambiamos mercancia. De tu arte a mi arte, pues mi arte. Así, le encasqueté una camiseta Culturoso por una de sus revistas. Si, algunos dirán, sobre todo después de leer las nueve páginas del ensayo de Yepez, que me tomaron el pelo. Para mi fue un acto de buena voluntad. Hoy que escribo esto, después de leer el insufrible ensayo de Yepez, puedo decir que también fue un completo acto de martirio.
Por cuestiones gonadales, no pienso reseñar concienzudamente cada artículo; sin embargo, mando a decirle a Villarreal, escuetamente, lo digerible y lo insufrible del último número de su revista:
- La reseña del nuevo libro de Norberto Fuentes, La Autobiografia de Fidel Castro, me pareció entretenida aunque ligeramente inacabada.
- Leer sobre Albert Pla es insufrible. Nadie merece leer un show sobre otro. La reseña fue innecesariamente sobrepuesta y repetitiva. Al final de su lectura, uno entiende que el autor no hallaba la forma de engordar más el texto. Parece, incluso, que lo escribió crudo y a última hora.
- Por favor, Villarreal, no more textos sobre bares y libaciones. El artículo sobre los bares de Guadalajara fue una soberana patada en los huevos. Por un momento tuve la sensación de que todos los congales estaban dentro de un mismo centro comercial. Peor aun, en el mismo local pero en distintas habitaciones. El texto esta relleno de lugares comunes, fauna mustia y aburrida (el autor parece haberse proyectado en esos inevitables personajes de relleno que son los comensales de cualquier congal, bar o discoteca), y sinceramente escribir sobre bares es taaaan passe.
- En el texto o crónica sobre Buenos Aires, el autor parece desesperado por trascender el simple acto turístico. Aunque al final traslada imagenes, todo termina resultando simbólico. Es entretenido leerlo, y sin embargo, es de uso común que, al escribir sobre un viaje a ciudad o país, pretendamos demeritar la superficie al confundirla con los atractivos turísticos. Ser turista, para el que viaja, es absurdamente incómodo. Intentar no serlo es ridículo y pretencioso. Aunque existen muchos calificativos para el que visita otro país, lo que hizo el autor, al final de cuentas, fue turismo; para literatos, pero al final turismo.
- Algo de mi total agrado: Lo de Guillermo Cabrera Infante casi me arranca una lagrimita. Contextualizar el hecho histórico, el deceso del autor de Tres Tristes Tigres, con la anacronía cubana, fue de mi total agrado. Si el autor hubiese sido mujer, hubiera acusado a Villarreal de editar una revista pornográfica debido a lo placentero del artículo. Ay, que feliz estoy.
- Un completo "no no no" al ensayo yepeziano. Fue un abuso. Nueve páginas (¿o fueron más?) dedicadas a la barbarie escolastica y a un vil discurso académico. La introducción del texto es lo toral: Calificar de lúcido a Yepez es una broma. Probablemente, después de leer su ensayo, la única lucidez posible será la de él. Todos los demás - nosotros - estaremos profundamente dormidos. Además, es sospechoso leer tantas hojas dedicadas a un solo autor y con una introducción tan lisonjera. Uno empieza a creer que, o te lo clavas o te corre un varo.
- ¿Fiamma Montezemolo? El nombre es complicado, pero el artículo oportuno. Creo incluso que aun más medular que el alarde protagónico y aburrido de Doña Yepez. Mientras que Yepez se masturba desesperadamente en confusiones dignas de la ilustración - por su método -, esta mujer nos explica, sin tener que recordar pasados oscuros, las caracteristicas esenciales del que invierte sospechosamente demasiado dinero en la cultura. La Tercera Nación apesta, y Antonio Navalón es un cabrón corsario.
¿Reseña completa sobre la revista? Pues ni que fuera kermess...
Ordo ab Chao
Sobre Replicante # 3 (y mi "musical baton")
Cuando me presentaron a Villarreal, el muy cínico me dijo, contando un fajo de billetes: "Mira cabrón, ya ves que si deja". Se refería a la revista que regentea, Replicante. Sonreí, por la gracia del comentario, pero también por la inocentada implícita en sus palabras: Revistas como TvNovelas y Vanidades venden más.
No tarde ni cinco minutos intercambiando palabras, cuando Doña Yepez apareció donde ambos platicabamos. Se le notaban los celos. Soy un tipo muy guapo, pero jamás me atrevería a pedalear bicicletas ajenas. Rogelio Villarreal no es mi tipo. Caray, ni siquiera la novia de Doña Yepez, Mayra Luna, es de mi agrado.
Con todo, Villarreal es un tipo jocoso, e intercambiamos mercancia. De tu arte a mi arte, pues mi arte. Así, le encasqueté una camiseta Culturoso por una de sus revistas. Si, algunos dirán, sobre todo después de leer las nueve páginas del ensayo de Yepez, que me tomaron el pelo. Para mi fue un acto de buena voluntad. Hoy que escribo esto, después de leer el insufrible ensayo de Yepez, puedo decir que también fue un completo acto de martirio.
Por cuestiones gonadales, no pienso reseñar concienzudamente cada artículo; sin embargo, mando a decirle a Villarreal, escuetamente, lo digerible y lo insufrible del último número de su revista:
- La reseña del nuevo libro de Norberto Fuentes, La Autobiografia de Fidel Castro, me pareció entretenida aunque ligeramente inacabada.
- Leer sobre Albert Pla es insufrible. Nadie merece leer un show sobre otro. La reseña fue innecesariamente sobrepuesta y repetitiva. Al final de su lectura, uno entiende que el autor no hallaba la forma de engordar más el texto. Parece, incluso, que lo escribió crudo y a última hora.
- Por favor, Villarreal, no more textos sobre bares y libaciones. El artículo sobre los bares de Guadalajara fue una soberana patada en los huevos. Por un momento tuve la sensación de que todos los congales estaban dentro de un mismo centro comercial. Peor aun, en el mismo local pero en distintas habitaciones. El texto esta relleno de lugares comunes, fauna mustia y aburrida (el autor parece haberse proyectado en esos inevitables personajes de relleno que son los comensales de cualquier congal, bar o discoteca), y sinceramente escribir sobre bares es taaaan passe.
- En el texto o crónica sobre Buenos Aires, el autor parece desesperado por trascender el simple acto turístico. Aunque al final traslada imagenes, todo termina resultando simbólico. Es entretenido leerlo, y sin embargo, es de uso común que, al escribir sobre un viaje a ciudad o país, pretendamos demeritar la superficie al confundirla con los atractivos turísticos. Ser turista, para el que viaja, es absurdamente incómodo. Intentar no serlo es ridículo y pretencioso. Aunque existen muchos calificativos para el que visita otro país, lo que hizo el autor, al final de cuentas, fue turismo; para literatos, pero al final turismo.
- Algo de mi total agrado: Lo de Guillermo Cabrera Infante casi me arranca una lagrimita. Contextualizar el hecho histórico, el deceso del autor de Tres Tristes Tigres, con la anacronía cubana, fue de mi total agrado. Si el autor hubiese sido mujer, hubiera acusado a Villarreal de editar una revista pornográfica debido a lo placentero del artículo. Ay, que feliz estoy.
- Un completo "no no no" al ensayo yepeziano. Fue un abuso. Nueve páginas (¿o fueron más?) dedicadas a la barbarie escolastica y a un vil discurso académico. La introducción del texto es lo toral: Calificar de lúcido a Yepez es una broma. Probablemente, después de leer su ensayo, la única lucidez posible será la de él. Todos los demás - nosotros - estaremos profundamente dormidos. Además, es sospechoso leer tantas hojas dedicadas a un solo autor y con una introducción tan lisonjera. Uno empieza a creer que, o te lo clavas o te corre un varo.
- ¿Fiamma Montezemolo? El nombre es complicado, pero el artículo oportuno. Creo incluso que aun más medular que el alarde protagónico y aburrido de Doña Yepez. Mientras que Yepez se masturba desesperadamente en confusiones dignas de la ilustración - por su método -, esta mujer nos explica, sin tener que recordar pasados oscuros, las caracteristicas esenciales del que invierte sospechosamente demasiado dinero en la cultura. La Tercera Nación apesta, y Antonio Navalón es un cabrón corsario.
¿Reseña completa sobre la revista? Pues ni que fuera kermess...
Ordo ab Chao
domingo, mayo 22, 2005
If you are going to SF...
Puedes encontrar Replicante en La Casa del Libro, a cargo de mis buenos amigos Anja Fulle, Antonio Tovar y su hermano Rodolfo. La librería está en 973 Valencia Street, San Francisco, CA 94110. El teléfono es (415) 285 1399. Tienen una amplia variedad de libros y revistas en español... Si quieres escribirles: antovar@hotmail.com
jueves, mayo 19, 2005
San Diego / Tijuana
Quiero agradecer muy sinceramente a todos los que hicieron posible la presentación de Replicante no. 3 en San Diego: Steve Fagin, Roberto Tejada, Rubén Ortiz, Yoshua Okon, Sergio de la Torre y Gabriela Jáuregui (de UCSD), así como a todos los que tuvieron que ver con la organización de la fiesta de presentación en Tijuana (en La Línea) y la charla con los estudiantes de Arte y Comunicación de la UABC: Marcos Ramírez Erre, Omar Pimienta y sus secuaces, Heriberto Yépez, Lorena Mancilla, Sergio Rommel, Louie Navarro, Mayra Luna, David González "el Verde", Rafa Saavedra, Ricardo Alarcón, y a todos los amigos viejos y recientes que asistieron a tan divertidas y estimulantes actividades: Fiamma Montezemolo, Lucía Sanromán, Jaime Cháidez, Jofras, Amaranta Caballero, Claudia Algara, Juan Carlos Reyna, Pedro Gabriel Beas, el Chango (finísima persona, de veras) y tantos otros que harían de esta lista un directorio... Muchas gracias, espero verlos pronto por allá otra vez!
miércoles, mayo 11, 2005
martes, mayo 10, 2005
domingo, mayo 01, 2005
Replicante y el mito de la posmodernidad
Amigos, a partir del 10 de mayo Replicante estará a la venta en todo el país en las tiendas Sanborns (pídansela a los dependientes, no sean tímidos) y librerías Gandhi.
Además, en Monterrey:
Librería Libeko (Av. Lázaro Cárdenas 2512)
En Guadalajara:
Librería Clavigero (en el ITESO)
Librería México (centro comercial Plaza del Sol)
En la Ciudad de México: Aroma Rebelde (Av. Cuauhtémoc 241-A, Col. Roma)
Aura (Av. Cuauhtémoc 77-B, col. Roma Norte)
Café Caffé (Plaza Insurgentes, Tecamachalco, Interlomas,
Mundo E, Santa Fe, Cuauhtémoc, Ticomán, Gran Sur,
Manacar, Plaza Galerías, Duraznos, Universidad)
Cinemanía (Plaza Loreto, col. Tizapán San Ángel)
El Caballito (Dolores 2-A-1, Centro)
El Hallazgo (Coahuila 52, col. Roma, y Mazatlán 30, col. Condesa)
El Parnaso (centro de Coyoacán)
Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM
Ganco-Colorines (Nuevo León 90, col. Condesa)
La Torre de Lulio (Av. Nuevo León 125, col. Condesa)
La Torre de Papel (Filomeno Mata 6-A, Centro Histórico)
Madero (Av. Madero 12, Centro Histórico)
Nalanda (Av. Centenario 16, col. Del Carmen, Coyoacán)
Nuevos Horizontes (Río Nazas 45, col. Cuauhtémoc)
Otelo (Antonio Caso 31-A, San Rafael)
Palacio de Hierro (Roma, Polanco, Perisur)
Parthenón (Héroes del 47 no. 98, col. San Diego Churubusco, Coyoacán)
Primero Sueño (Claustro de Sor Juana, Izazaga 92, Centro Histórico)
Puestos de periódicos de las calles de Tamaulipas y Campeche y Tamaulipas y Vicente Suárez (col. Condesa)
Sama (Florencia 57, planta baja, Zona Rosa)
Tabaquerías Deor
Tianguis de Coyoacán (Hidalgo 25)
T.T. Caps (Isabel la Católica 72, Centro Histórico)
Videodromo (Alfonso Reyes no. 238, col. Condesa, y Corina 59, esq. Xicoténcatl, Coyoacán)
Pronto, en San Francisco...
Además, en Monterrey:
Librería Libeko (Av. Lázaro Cárdenas 2512)
En Guadalajara:
Librería Clavigero (en el ITESO)
Librería México (centro comercial Plaza del Sol)
En la Ciudad de México: Aroma Rebelde (Av. Cuauhtémoc 241-A, Col. Roma)
Aura (Av. Cuauhtémoc 77-B, col. Roma Norte)
Café Caffé (Plaza Insurgentes, Tecamachalco, Interlomas,
Mundo E, Santa Fe, Cuauhtémoc, Ticomán, Gran Sur,
Manacar, Plaza Galerías, Duraznos, Universidad)
Cinemanía (Plaza Loreto, col. Tizapán San Ángel)
El Caballito (Dolores 2-A-1, Centro)
El Hallazgo (Coahuila 52, col. Roma, y Mazatlán 30, col. Condesa)
El Parnaso (centro de Coyoacán)
Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM
Ganco-Colorines (Nuevo León 90, col. Condesa)
La Torre de Lulio (Av. Nuevo León 125, col. Condesa)
La Torre de Papel (Filomeno Mata 6-A, Centro Histórico)
Madero (Av. Madero 12, Centro Histórico)
Nalanda (Av. Centenario 16, col. Del Carmen, Coyoacán)
Nuevos Horizontes (Río Nazas 45, col. Cuauhtémoc)
Otelo (Antonio Caso 31-A, San Rafael)
Palacio de Hierro (Roma, Polanco, Perisur)
Parthenón (Héroes del 47 no. 98, col. San Diego Churubusco, Coyoacán)
Primero Sueño (Claustro de Sor Juana, Izazaga 92, Centro Histórico)
Puestos de periódicos de las calles de Tamaulipas y Campeche y Tamaulipas y Vicente Suárez (col. Condesa)
Sama (Florencia 57, planta baja, Zona Rosa)
Tabaquerías Deor
Tianguis de Coyoacán (Hidalgo 25)
T.T. Caps (Isabel la Católica 72, Centro Histórico)
Videodromo (Alfonso Reyes no. 238, col. Condesa, y Corina 59, esq. Xicoténcatl, Coyoacán)
Pronto, en San Francisco...
martes, marzo 22, 2005
Se va...
Replicante no. 2 se ha agotado en varios puntos de venta en todo el país. A partir de la última semana de abril estará a la venta la tercera edición, esta vez con el tema central El Fin de la Posmodernidad: la noche de la civilización...
Les agradeceré que corran la voz.
miércoles, febrero 23, 2005
Adolescentes muertos
Mueren dos genios -si podemos llamarles así sin que nadie proteste...-: Hunter Thompson y Guillermo Cabrera Infante. Pero acá los exabruptos contraculturales y bukowskianos siguen pareciendo más estertores de púberes que se rebelan contra la madre en una mañana sin corn flakes. Conaculta está feliz de financiar al underground local y la Universidad de Guadalajara se congratula por la próxima creación del Centro de Estudios de la Contracultura... Los muertos somos nosotros. Caricaturas grotescas. Vociferantes perdidos en la noche eterna del reventón. Pobres desalmados, meras copias sin talento. Los verdaderos muertos están entre nosotros.
martes, febrero 22, 2005
Nuevos aires
Ayer en el consultorio del otorrino que me operó hace unos días había un mozalbete de no más de doce o trece años vestido con una playera roja con la cruz gamada, una cachucha con la leyenda New York, una cocacola en la mano y un ejemplar de la revista Maxim en la otra. Su mamá era un pobre señora gorda y malhumorada con dos niños que no dejaban de correr y gritar. Estoy seguro de que el pobre chamaco, moreno y con rasgos indios, no tenía ni la más mínima idea de lo que la suástica ha significado a lo largo de los siglos, ni para los antiguos arios de la India ni para Hitler ni para Johnny Rotten. Y nunca lo sabrá. Su educación intelectual y sentimental estará regida ad infinitum por Televisa y TV Azteca, seguramente, y por Carlos Cuauhtémoc, si acaso le gusta leer, y acabará casándose -en unos pocos años- con una mujer que no se parecerá en nada a las supermodelos de Maxim y que engordará y dará a luz hijos fastidiosos e ignorantes. Ojalá alguno de ellos llegue a salvarse de esta miseria.
Pasé al consultorio y de varios tirones el médico se deshizo de los noventa centímetros de gasa alojados en mis fosas nasales y me dijo que después de una semana, una vez removidos los coágulos costrificados, podría respirar como nunca antes lo había hecho... El primer chiflón de aire que entró por mi nariz me anunció ya los nuevos tiempos que me esperan... Gracias por las flores y las visitas, las llamadas...
Pasé al consultorio y de varios tirones el médico se deshizo de los noventa centímetros de gasa alojados en mis fosas nasales y me dijo que después de una semana, una vez removidos los coágulos costrificados, podría respirar como nunca antes lo había hecho... El primer chiflón de aire que entró por mi nariz me anunció ya los nuevos tiempos que me esperan... Gracias por las flores y las visitas, las llamadas...
Amistad
La amistad, se me ocurre, es una forma del amor, y como tal también se desgasta, se desecha, se reemplaza.
Herejes
Según Xavier Saéz-Llorens, Jefe de Infectología del Hospital del Niño en Panamá y columnista del diario La Prensa de aquel país centroamericano, en América Latina nuestras mentes han sido secuestradas por adoctrinamientos dogmáticos que obnubilan el libre pensamiento y obstaculizan el desarrollo del pleno potencial de la región, por lo que es urgente y necesaria la aparición de herejes (y herejas) que pongan en tela de juicio viejos dogmas que -si bien tuvieron razón de ser en el pasado- hoy sólo sirven para amparar a grupos e individuos que se promueven a sí mismos y a sus intereses dentro de las instituciones y academias públicas. ¿A quiénes les queda el saco en este folclórico país?
jueves, febrero 17, 2005
Arghhhhhhhhhhh!!!
Hoy jueves 17 me operarán de la nariz. Hace más de veinte años que la tengo jodida -un tabique más desviado que un pervertido- y apenas ahora me decidí a corregir ese defecto que no me deja respirar y que me hace roncar peor que un oso en hibernación. De paso pediré que me la dejen como la de Brad Pitt. Aprovecharé los días de convalecencia para leer los materiales que me han llegado para alimentar el número 3 de Replicante, cuyo eje central versará en torno a El Fin de la Posmodernidad... Un abrazo. Se reciben flores y visitas.
martes, enero 25, 2005
Derecho de peticion
Al exabrupto de hace unos días se refiere ahora Héctor Villarreal, amigo, primazo y ex compañero de trabajo en la CDHDF. Prometí no escribir sobre esa institución, así que me limito a publicar los comentarios de Héctor:
En primer lugar, Rogelio, tú fuiste a trabajar a la CDHDF, no a que te regalaran dinero por hacerte güey. Segundo, tu ex amiga que se arrepiente y pide disculpas por haberte invitado a trabajar no tiene ninguna crítica ni la menor objeción posible que hacer en cuanto a tu trabajo editorial, sino que se queja de que no hayas resultado un agachón y lameamígdalas (como dice Hugo), un aplaudidor o un furibundo marquista. Tercero, la persona a la que te refieres es responsable como servidora pública de algo que se llama Desarrollo Institucional, el cual hasta ahora ha resultado ser... ninguno. En tu contra, como en otros casos, lo que imperó fue lo opuesto: una institución gobernada por el administrador, con todo e ilegalidades. Cuarto, la licenciada en cuestión no tiene ninguna objeción al hostigamiento y a las represalias que ejercieron en tu contra con procesos administrativos ordenados por consigna y la amenaza (proferida a ti por el maese Emilio) de llevarte a un juicio penal. Otra muestra más del desarrollo institucional y de su persona. Quinto, alguna vez te comenté que Emilio tenía y tiene obligación de responder al escrito -tu renuncia- que dejaste en su oficina dirigido a él. Eso se llama derecho de petición, consagrado en el art. 8 constitucional. El funcionario tiene un plazo máximo de cuatro meses para responder.
Busqué referencias en internet sobre el derecho de petición y me encontré una precisamente en el sitio de la CDHDF (Orientación jurídica. El derecho de petición, Carlos Eduardo Solórzano López, visitador adjunto. ¡Gracias, Irma! ¡Gracias, Pilar!) (Yo invito las vickys, traigan al Mosh para cotorrear.)
P.D. Quiero ver el Informe 2004 para consultar los números de la Contraloría Interna. Ahora sí desquitaron su presupuesto en tremenda chamba.
En primer lugar, Rogelio, tú fuiste a trabajar a la CDHDF, no a que te regalaran dinero por hacerte güey. Segundo, tu ex amiga que se arrepiente y pide disculpas por haberte invitado a trabajar no tiene ninguna crítica ni la menor objeción posible que hacer en cuanto a tu trabajo editorial, sino que se queja de que no hayas resultado un agachón y lameamígdalas (como dice Hugo), un aplaudidor o un furibundo marquista. Tercero, la persona a la que te refieres es responsable como servidora pública de algo que se llama Desarrollo Institucional, el cual hasta ahora ha resultado ser... ninguno. En tu contra, como en otros casos, lo que imperó fue lo opuesto: una institución gobernada por el administrador, con todo e ilegalidades. Cuarto, la licenciada en cuestión no tiene ninguna objeción al hostigamiento y a las represalias que ejercieron en tu contra con procesos administrativos ordenados por consigna y la amenaza (proferida a ti por el maese Emilio) de llevarte a un juicio penal. Otra muestra más del desarrollo institucional y de su persona. Quinto, alguna vez te comenté que Emilio tenía y tiene obligación de responder al escrito -tu renuncia- que dejaste en su oficina dirigido a él. Eso se llama derecho de petición, consagrado en el art. 8 constitucional. El funcionario tiene un plazo máximo de cuatro meses para responder.
Busqué referencias en internet sobre el derecho de petición y me encontré una precisamente en el sitio de la CDHDF (Orientación jurídica. El derecho de petición, Carlos Eduardo Solórzano López, visitador adjunto. ¡Gracias, Irma! ¡Gracias, Pilar!) (Yo invito las vickys, traigan al Mosh para cotorrear.)
P.D. Quiero ver el Informe 2004 para consultar los números de la Contraloría Interna. Ahora sí desquitaron su presupuesto en tremenda chamba.
martes, enero 18, 2005
Exabrupto
Ahora resulta -me cuenta una querida amiga- que la persona que me invitó a colaborar en la CDHDF -institución simuladora y burocrática, si las hay- me hizo un favor porque en aquel entonces yo necesitaba trabajo... Es cierto. Trabajo yo siempre he necesitado y he tenido la oportunidad de trabajar con personas capaces y solidarias, pero también en chambas muy jodidas, como ésta de la que se supone que debo estar muy agradecido... Después de un año de sacar adelante su deslucido e improvisado programa editorial -más hecho para justificar el gasto- decidí renunciar por las razones que he expuesto hasta el cansancio en este y otros espacios públicos, ante tantas irregularidades, malos tratos a los empleados, descuentos ilegales, actitudes arrogantes y prepotentes y sobre todo una burocracia imparable e insensible. Agradecido? Por supuesto que no... En la CDHDF conocí a la gente más abyecta que se puedan imaginar, incluyendo a la ex amiga que me recomendó con la veleidosa e ignorante secretaria técnica de esa institución -ah, pero eso sí, cómo les encanta presumir de su trasnochado amor por el neozapatismo...
En fin, prometo que ya no escribiré sobre la CDHDF. No tiene caso, no cambiarán.
En fin, prometo que ya no escribiré sobre la CDHDF. No tiene caso, no cambiarán.
domingo, enero 16, 2005
Replicante no. 2...
Estimados amigos, lectores, colaboradores, periodistas, colegas, editores, distribuidores, anunciantes, estudiantes, competidores, conexos y detractores,
Roberta Garza y Rogelio Villarreal
se complacen en anunciar la inminente aparición del número 2 de Replicante, ideas para un país en ruinas, que empezará a circular en librerías, locales cerrados y Sanborns de todo el país a partir de la primera semana de febrero.
Nuestro tema central: Ideologías: de la ultraizquierda a la ultraderecha, con textos de Luis González de Alba, Octavio Rodríguez Araujo, Rogelio Villarreal, José Landowsky, Nick Piombino y Alejandro Toledo, entre otros: de Hitler a López Obrador, de Stalin a Fernández de Cevallos, de la Internacional Comunista a los Legionarios de Cristo, del Sup Marcos a Bush Jr.
Arte y censura: Néstor García Canclini sobre la reciente exposición retrospectiva de León Ferrari en Buenos Aires y la rabiosa censura de la Iglesia católica.
En Apuntes y crónicas: un vertiginoso recorrido desde La Habana a Tenacatita pasando por Tokio, Stalintlán, el cine Savoy del DF, los neonazis de La Lagunilla y los disturbios en Guadalajara y Santiago de Chile.
Fotografía: El sub-realismo criollo de Marcos López: entre el arte y la publicidad.
Cómic: La espada de Dios, de Edgar Clément.
Cine: Almodóvar y la farsa de la modernidad. El cineasta manchego y su devoción por locas y vírgenes.
Ciencia: Antonio Lazcano Araujo recuerda a Alexandr Oparin, autor de El origen de la vida.
En Reseñas y noticias: Letras cubanas, Martin Amis, el inefable Arau Jr., la ruda Jessy Bulbo vs. la tierna Ely Guerra, Björk, Dylan, matrimonios gays en Canadá.
Gráfica, fotografía y humor: Juan Bastardo, Blumpi, Elisenda Estrems.
Y más, mucho más... 128 páginas de crítica, reseñas y comentarios.
Espérala, no te conformes con revistas complacientes.
Pronto, el tour nacional de presentaciones:
Tijuana, Torreón, Tlaxcala, Pachuca y Ciudad Victoria (y donde nos inviten...)
www.revistareplicante.com
Para leerla en todo el mundo.
Erving Goffman, psiquiatra y sociologo canadiense
Un libro que los "defensores" de derechos humanos deberían de leer...
sábado, enero 15, 2005
Alvarez Icaza corre a sus asesores
Hace un año, exactamente, me presenté en las oficinas de la presidencia de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal para dejarle mi renuncia a Emilio Alvarez Icaza. Ignoro si entonces la leyó, pero como no obtuve ninguna respuesta de su parte y las condiciones laborales en esa institución pública eran sumamente cuestionables -como lo siguen siendo hasta ahora-, la publiqué en la revista Día Siete unos días después (en este blog se encuentran todos los archivos). La respuesta de Irma Rosa Martínez, directora de Comunicación de esa dependencia, no podría haber sido más elusiva y pusilánime: lejos de responder con honestidad y autocrítica, se dedicó a descalificarnos y a justificar el pobre desempeño de la CDHDF. En fin. Las condiciones siguen siendo las mismas y a Emilio le urge ya salir de ahí. Como se sabe, tiene la mira puesta en el Instituto Federal Electoral, ya que no se le hizo llegar a la presidencia de la Comisión Nacional de Derechos Humanos -acaso su popularidad entre nuestros representantes populares está descendiendo?-. Siguen los malos tratos a algunos empleados, las renuncias y, la última hazaña del autollamado Ombudsman capitalino, el despido de sus asesores Rafael Álvarez y Joel Nahuatlato. De este último no puedo decir gran cosa ya que apenas lo conocí: él fue mudo representante de la presidencia de la CDHDF en el teatral y blandengue juicio administrativo que me fincaron por haber sustraído información confidencial de esa institución (lo cual es falso, por supuesto, como lo demostró mi abogado; no es así, supercontralora?), pero a Rafael Álvarez tuve la suerte de conocerlo y de hablar con él largamente de derechos humanos, simuladores e instituciones totales (Erving Goffman). Gran admirador de Foucault y excelente ensayista sobre diversos aspectos de los derechos humanos, Rafael Álvarez sintió ahora la furia y el resentimiento de Alvarez Icaza por no perdonarle sus deslices ni sus inconsistencias. En suma, Alvarez Icaza le pidió su renuncia por ejercer la crítica inteligente y honesta.
Escucho ahora en la radio el programa Radio Pocajú, que se transmite en la frecuencia de Radio Ibero (90.9 FM), cuya excelente programación es interrumpida de vez en vez por los insípidos e impostados anuncios de la CDHDF sobre su campaña permanente contra la discriminación (de dónde sacaste a los actores, Irma Rosa, de La Academia?). La verdad es que en la CDHDF aún hay discriminación, malos tratos, descuentos injustificados, renuncias, despidos arbitrarios y uso discrecional del presupuesto. Algo de lo que no habló nunca la estoica defensora de los derechos humanos Pilar Noriega en la entrevista que le hicieron hace unas semanas en esa misma estación. No, si para ella nomás existen las causas redituables en términos mediáticos, como la de Digna Ochoa y, en su momento, la del inefable Mosh... No será ya tiempo de sacarles mas trapitos al sol?
Replicante no. 2 se va a la imprenta el próximo lunes 17 de enero... esta edición, con el tema central de Ideologías: de la ultraizquierda a la ultraderecha, estará a la venta a partir de la primera semana de febrero... Hasta la vista, baby!
Escucho ahora en la radio el programa Radio Pocajú, que se transmite en la frecuencia de Radio Ibero (90.9 FM), cuya excelente programación es interrumpida de vez en vez por los insípidos e impostados anuncios de la CDHDF sobre su campaña permanente contra la discriminación (de dónde sacaste a los actores, Irma Rosa, de La Academia?). La verdad es que en la CDHDF aún hay discriminación, malos tratos, descuentos injustificados, renuncias, despidos arbitrarios y uso discrecional del presupuesto. Algo de lo que no habló nunca la estoica defensora de los derechos humanos Pilar Noriega en la entrevista que le hicieron hace unas semanas en esa misma estación. No, si para ella nomás existen las causas redituables en términos mediáticos, como la de Digna Ochoa y, en su momento, la del inefable Mosh... No será ya tiempo de sacarles mas trapitos al sol?
Replicante no. 2 se va a la imprenta el próximo lunes 17 de enero... esta edición, con el tema central de Ideologías: de la ultraizquierda a la ultraderecha, estará a la venta a partir de la primera semana de febrero... Hasta la vista, baby!
domingo, enero 09, 2005
Lo mejor y lo peor del 2004 segun Sergio Gonzalez Rodriguez...
Publicado el domingo 2 de enero...
Escalera al Cielo
Por Sergio González Rodríguez
Reforma, suplemento El Angel
Lo mejor de 2004
- El libro del año: Roberto Bolaño, 2666 (el acontecimiento narrativo más importante de las letras iberoamericanas de los últimos años: una novela compleja, torrencial, prodigiosa, que marca el inicio de la nueva literatura continental);
- Novela: Juan Villoro, El Testigo (retrato panorámico del México de hoy, esta obra se compromete con un dispositivo literario que se había perdido en nuestras letras: descifrar la erosión de un país a la luz de la intimidad de personajes memorables); Elmer Mendoza, Efecto tequila (el narrador sinaloense transita por ambientes y lugares de México, España, Brasil y Argentina debido a las exigencias de una historia que adquiere el rango de un sueño errátil, cercano a una experiencia hiperrealista); Horacio Castellanos Moya, Insensatez (a tiro por viaje, en cada novela que publica, el autor logra adentrarse con mayor exactitud y profundidad en el relato de la violencia de las sociedades latinoamericanas. Un maestro de la tensión narrativa); José Agustín, Vida con mi viuda (ficción al ciento por ciento, muestrario de las habilidades superiores del creador de La tumba, esta imaginativa novela captura de inmediato el interés del lector, que agradece el reencuentro de José Agustín con la novela);
- Novela breve: Héctor Manjarrez, La maldita pintura (vertiginosa y estremecedora, esta nouvelle hace agradecer las posibilidades infinitas que despierta en el lector una historia concisa, bien tramada, valerosa ante su tema y con un dominio pleno del estilo);
- Primera novela: Fabrizio Mejía Madrid, Hombre al agua (registro irónico de una generación posterior a las grandes gestas políticas de sus padres -la gente del 68-, cuyo desvalimiento aparente implica una postura lúcida frente a los propios límites); Heriberto Yépez, El matasellos (cortocircuito en las convenciones novelísticas, sarcasmo de los clichés académicos, esta obra es producto de dos líneas entrelazadas, la del ensayista y la del narrador. Juego experimental de amplia valía); Julian Herbert, Un mundo infiel (la noche de un personaje que se entrega al azar, al furor del abismo en una cantina que se abre como un pasaje directo a las estancias violentas del norte del País y sus fronteras. Epica abyecta de tránsfugas y marginales); Gerardo Kleinburg, No honrarás a tu padre (el tema de la búsqueda del padre y el redescubrimiento de la judeidad llevaron al autor a una obra extrema que lo desafiaba y, al tiempo, lo conduciría a una ordalía íntima y literaria de la que sale adelante);
- Testimonio: Isabel Vericat, Ciudad Juárez: de este lado del puente (la obra reúne, entre otros textos, una serie de testimonios de familias con víctimas de femicidio en la frontera norte, además de diversas fotografías en un territorio próximo a la justificación de la barbarie); José Manuel Valenzuela, Paso del Nortec (un libro que une la belleza gráfica, la perspectiva crítica y el logro visual en torno de la música tecno del colectivo Nortec y el ambiente bicultural de Tijuana); María Luisa Puga, Diario del dolor (el diagnóstico tardío de una enfermedad, la escritura cotidiana que sirve para exorcizar el dolor físico y psicológico de la vivencia, consuman esta obra impar en la literatura mexicana);
- Ensayo: Luis Alberto Ayala Blanco, El silencio de los dioses (defensa del pensamiento mítico, este ensayo es un llamado a reencontrar la sabiduría que emana de lo primigenio, tan negado por el racionalismo o el empirismo contemporáneo. Un auténtico hito en la cultura mexicana); Néstor García Canclini, Diferentes, desiguales y desconectados (una crítica a fondo de conceptos como "cultura", un cuestionamiento notable a las limitaciones de la academia ante los aspectos anómalos de América Latina y su encrucijada entre lo global y lo local); Rogelio Villarreal, El dilema de Bukowski (artículos y ensayos que se proponen y consiguen desarmar los valores y prestigios más preciados de la cultura y el arte contemporáneos. Este libro sintetiza un punto de vista radical, punzante y lúdico);
- Crítica de arte: Carlos Fuentes, Viendo visiones (antología ensayística que sabe traducir la contemplación perspicaz de una obra de arte, así como trazar vinculaciones con la vida de los artistas que se analizan en sus páginas. Un festejo en prosa);
- Biografía: Christopher Domínguez Michael, Vida de Fray Servando (trabajo monumental sobre el fraile nómada, a su vez panorama de América de cara a la Europa del Siglo de las Luces, el volumen permite al autor una trama prolija de referencias bibliográficas e históricas);
- Poesía: Carmen Boullosa, Salto de mantarraya (y otros dos), (hay en este libro un vaivén intenso: la cercanía con la ruptura amorosa y la búsqueda imposible del equilibrio posterior al desgarramiento. Lance de transfiguraciones íntimas y sus cicatrices poéticas); José Luis Rivas, Un navío de amor (bajo la figura de Helena, el poeta veracruzano acude a la naturaleza tropical y la sensualidad del paisaje para expresar su admiración y nostalgia alternas del cuerpo femenino y sus virtudes fugitivas); Jorge Esquinca, Región. 1982/2002 (reunión de poemas al paso de dos décadas de oficio, con esta obra se puede observar en forma idónea a un escritor comprometido con la pasión de nombrar lo innombrable y de hallar el revés de las apariencias);
- Cine: Jorge Ayala Blanco, La grandeza del cine mexicano (alegato contra la dimensión titánica que se le ha dado al cine mexicano, a la vez que reconocimiento de sus productos superiores, hay allí una cartografía que asombra leer a la luz de su crítico más tenaz); Rafael Aviña, Una mirada insólita (relectura de la historia del cine mexicano, mediante una agrupación temática que revalora géneros menospreciados como las películas de horror y fantasía. La postura del espectador atento en estado puro).
- El peor libro del año: Xavier Velasco, Materialismo histérico.
Escalera al Cielo
Por Sergio González Rodríguez
Reforma, suplemento El Angel
Lo mejor de 2004
- El libro del año: Roberto Bolaño, 2666 (el acontecimiento narrativo más importante de las letras iberoamericanas de los últimos años: una novela compleja, torrencial, prodigiosa, que marca el inicio de la nueva literatura continental);
- Novela: Juan Villoro, El Testigo (retrato panorámico del México de hoy, esta obra se compromete con un dispositivo literario que se había perdido en nuestras letras: descifrar la erosión de un país a la luz de la intimidad de personajes memorables); Elmer Mendoza, Efecto tequila (el narrador sinaloense transita por ambientes y lugares de México, España, Brasil y Argentina debido a las exigencias de una historia que adquiere el rango de un sueño errátil, cercano a una experiencia hiperrealista); Horacio Castellanos Moya, Insensatez (a tiro por viaje, en cada novela que publica, el autor logra adentrarse con mayor exactitud y profundidad en el relato de la violencia de las sociedades latinoamericanas. Un maestro de la tensión narrativa); José Agustín, Vida con mi viuda (ficción al ciento por ciento, muestrario de las habilidades superiores del creador de La tumba, esta imaginativa novela captura de inmediato el interés del lector, que agradece el reencuentro de José Agustín con la novela);
- Novela breve: Héctor Manjarrez, La maldita pintura (vertiginosa y estremecedora, esta nouvelle hace agradecer las posibilidades infinitas que despierta en el lector una historia concisa, bien tramada, valerosa ante su tema y con un dominio pleno del estilo);
- Primera novela: Fabrizio Mejía Madrid, Hombre al agua (registro irónico de una generación posterior a las grandes gestas políticas de sus padres -la gente del 68-, cuyo desvalimiento aparente implica una postura lúcida frente a los propios límites); Heriberto Yépez, El matasellos (cortocircuito en las convenciones novelísticas, sarcasmo de los clichés académicos, esta obra es producto de dos líneas entrelazadas, la del ensayista y la del narrador. Juego experimental de amplia valía); Julian Herbert, Un mundo infiel (la noche de un personaje que se entrega al azar, al furor del abismo en una cantina que se abre como un pasaje directo a las estancias violentas del norte del País y sus fronteras. Epica abyecta de tránsfugas y marginales); Gerardo Kleinburg, No honrarás a tu padre (el tema de la búsqueda del padre y el redescubrimiento de la judeidad llevaron al autor a una obra extrema que lo desafiaba y, al tiempo, lo conduciría a una ordalía íntima y literaria de la que sale adelante);
- Testimonio: Isabel Vericat, Ciudad Juárez: de este lado del puente (la obra reúne, entre otros textos, una serie de testimonios de familias con víctimas de femicidio en la frontera norte, además de diversas fotografías en un territorio próximo a la justificación de la barbarie); José Manuel Valenzuela, Paso del Nortec (un libro que une la belleza gráfica, la perspectiva crítica y el logro visual en torno de la música tecno del colectivo Nortec y el ambiente bicultural de Tijuana); María Luisa Puga, Diario del dolor (el diagnóstico tardío de una enfermedad, la escritura cotidiana que sirve para exorcizar el dolor físico y psicológico de la vivencia, consuman esta obra impar en la literatura mexicana);
- Ensayo: Luis Alberto Ayala Blanco, El silencio de los dioses (defensa del pensamiento mítico, este ensayo es un llamado a reencontrar la sabiduría que emana de lo primigenio, tan negado por el racionalismo o el empirismo contemporáneo. Un auténtico hito en la cultura mexicana); Néstor García Canclini, Diferentes, desiguales y desconectados (una crítica a fondo de conceptos como "cultura", un cuestionamiento notable a las limitaciones de la academia ante los aspectos anómalos de América Latina y su encrucijada entre lo global y lo local); Rogelio Villarreal, El dilema de Bukowski (artículos y ensayos que se proponen y consiguen desarmar los valores y prestigios más preciados de la cultura y el arte contemporáneos. Este libro sintetiza un punto de vista radical, punzante y lúdico);
- Crítica de arte: Carlos Fuentes, Viendo visiones (antología ensayística que sabe traducir la contemplación perspicaz de una obra de arte, así como trazar vinculaciones con la vida de los artistas que se analizan en sus páginas. Un festejo en prosa);
- Biografía: Christopher Domínguez Michael, Vida de Fray Servando (trabajo monumental sobre el fraile nómada, a su vez panorama de América de cara a la Europa del Siglo de las Luces, el volumen permite al autor una trama prolija de referencias bibliográficas e históricas);
- Poesía: Carmen Boullosa, Salto de mantarraya (y otros dos), (hay en este libro un vaivén intenso: la cercanía con la ruptura amorosa y la búsqueda imposible del equilibrio posterior al desgarramiento. Lance de transfiguraciones íntimas y sus cicatrices poéticas); José Luis Rivas, Un navío de amor (bajo la figura de Helena, el poeta veracruzano acude a la naturaleza tropical y la sensualidad del paisaje para expresar su admiración y nostalgia alternas del cuerpo femenino y sus virtudes fugitivas); Jorge Esquinca, Región. 1982/2002 (reunión de poemas al paso de dos décadas de oficio, con esta obra se puede observar en forma idónea a un escritor comprometido con la pasión de nombrar lo innombrable y de hallar el revés de las apariencias);
- Cine: Jorge Ayala Blanco, La grandeza del cine mexicano (alegato contra la dimensión titánica que se le ha dado al cine mexicano, a la vez que reconocimiento de sus productos superiores, hay allí una cartografía que asombra leer a la luz de su crítico más tenaz); Rafael Aviña, Una mirada insólita (relectura de la historia del cine mexicano, mediante una agrupación temática que revalora géneros menospreciados como las películas de horror y fantasía. La postura del espectador atento en estado puro).
- El peor libro del año: Xavier Velasco, Materialismo histérico.
Gonzalo Martre sobre Replicante y El dilema de Bukowski...
Viejo amigo de mi padre, Gonzalo Martre, escritor de piezas fundamentales como Los símbolos transparentes y la trilogía de El Chanfalla, me dedica unas líneas a propósito de la revista que dirijo y del libro que me acaba de publicar Chema Espinasa en sus Ediciones Sin Nombre... Gracias!
Mi querido Rogelio, tu nueva revista no desmerece ante La Regla Rota ni ante La Pus, aunque se le nota un tono menos informal, como que intenta a veces ser solemne, sin lograrlo del todo, por fortuna. En la sección de libros me gustó ?Morir en el plagio?, que es poner en su lugar al insuflado Aguilar Camín. En la de cine, la puntilla al glamoroso Zapata de Arau, ya otros antes le dieron duro, y ésta es una puntilla soberbia. Aunque ?Quién mató a Alfredo León? es aparentemente una nota roja más sobre el asesinato de un homosexual, la manera de presentarla y desarrollarla la saca del lugar común y la resalta magníficamente. El madrazo a Krauze asestado en ?Entre Calibán y el buen salvaje? demuestra que Replicante no le teme a los santones de la intelectualidad tepuja. Tu cuate Yépez hace un análisis crítico de las tesis noñas de Krauze que difícilmente podría rebatir si éste se animara a hacerlo, pero como usualmente procede, guardará silencio olímpico. Bueno es que se le arrime candela para que vaya viendo que no todo es halago y humildad ante su persona. De igual modo me gustó mucho el artículo de Norma Lazo sobre los replicantes de Blade Runner, no nada más por la concordancia con el título de la revista, sino porque es un artículo que merece la CF y en especial Philip K.Dick, señor de toda mi admiración.
Te agradezco que le hayas dado a Víctor del Real el material que te remití como colaboración para Replicante. De este modo no quedó tan explícita mi participación y se logró el fin esperado. A Del Real le mandé otros materiales sobre el asunto, no para que escriba, sino para que analice hasta donde llega la sevicia de la directora del FCE, pero no me ha contestado ni para acusar recibo. Difundí por correotrónico el artículo a unas 120 direcciones entre periodistas y escritores.
Prácticamente cierras con el folletón de Manuel Aceves. Le viene muy bien esta publicación pues ya tenía perdida la esperanza de que algún día apareciera. La pérdida de un hijo sumió a Aceves en la paranoia de la desesperación a tal punto que brevemente me confió un día por teléfono que nunca más escribiría. Supongo que tal decisión fue resultado de un estado de depresión profunda y que pasado el tiempo ha de rectificar.
En suma, la revista es muy buena, su diseño gráfico y presentación son de lujo, le deseo una larga vida. Pronto he de remitirte el artículo sobre ?La camada maldita?, de Ariceaga. Felicitaciones.
Tardé un poco más de tiempo en leer tus ensayos de El dilema de Bukowski porque requiere de reflexión cada apartado. Muchos fueron los textos que me gustaron. Al leer ?El fin del siglo americano? hallé una idea al término de la polémica que entablas con Pedro Meyer, cuando habla de la posibilidad de que algún el día el terrorismo musulmán se las ingenie para estallar una bomba nuclear en el corazón de Estados Unidos. ¿Por qué no escribir una novela de terrorismo y CF con tal tema? ¿Algo como Dr. Insólito? Quizá me anime a hacerlo.
Juntar a dos farsantes de gran envergadura como Carlos Castaneda y Antonio Velasco Piña en ?México en una laguna? es asestar un mandoble doble a quienes se dejan embaucar por tesis para retrasados mentales. A Velasco Piña lo han tundido otros, no así a Castaneda, que lo merece tanto o más. Ambos son detestables.
Estimo en lo que vale tu contribución para la difusión ecuménica de los abusos de Marcial Maciel. No hay que desaprovechar la oportunidad de zarandear a esta repugnante sabandija, protegido de Wojtila y por cuyo amparo quién sabe que pecados de la misma laya cargue sobre su polaca conciencia. ?A cada quien su sexo? es un ensayo que debe reproducirse más, y pondré en ello un granito de arena.
En ?El último orgasmo? encontré una reflexión sobre el sexo que me atañe, porque me cuento entre los ancianos que felizmente todavía disfrutan de orgasmos, aunque el último ya se vea venir.
?Tribulaciones y reflexiones de un lector por obligación? es uno de esos ensayos que aparecen muy esporádicamente y que normalmente atraen sobre el autor no pocos odios ni menos venganzas. Y es que no te quedas en la abstracción, te tiras a fondo citando a no pocas deidades de la República de las Letras, osadía reservada a unos cuantos que no temen a las represalias. Esta es otra de tus reflexiones que merecen darle la vuelta al mundo de las letras hispánicas. Contiene lo que muchos piensan reservadamente, lo que muchos quisieran publicar, pero no lo hacen por cobardía. Enhorabuena y enhoramala, porque las consecuencias son temibles. Lo sé por experiencia, pero jamás me arrepentiré, jamás daré marcha atrás. Dentro de ese mismo texto, en la página 158 te ocupas de mí y de otros escritores agrupándonos en aquellos que tienen algunas páginas brillantes en sus obras disparejas. En efecto, por lo que a mí respecta así es y así será. La tersa nitidez de autores como por ejemplo Fuentes, Pitol y S. Elizondo produce tan sólo páginas brillantes, tan brillantes que enceguecen al lector, pero no de admiración sino de aburrimiento. ¿Qué sería de la literatura francesa si todos los autores franceses escribieran como lo hizo Proust? En todas las literaturas hay lugar para todos los escritores. Cuando se comprenda eso se dejará de hablar de escritores ?buenos? y escritores ?malos?. No hay más que simplemente escritores. Unos gustan a muchos lectores, algunos lectores presumen de que gustan de pocos escritores. Cuestión de gustos. Claro, hay casos extremos como el del chocolatazo de la Esquivel, las truculencias de Velasco Piña y otros que no tienen perdón.
Mucho, muchísimo me gustó tu ensayo ?Del realismo mágico al pragmatismo político?. Yo fui uno de aquellos que creyeron en la revolución cubana a pie juntillas. Un primer viaje a principios de los ochenta fortaleció mi convicción y mi fe en ella. Pero ya a mediados de los años noventa un par de viajes me abrieron los ojos. Estoy de acuerdo en tu valoración del viejo dictador barbón. Es un dictador igual a todos los de su especie, afectado del mismo culto a la personalidad de todos ellos. ¡Y que chingue a su madre el pueblo!
Tus análisis sobre la Poniatowska y Monsiváis no tienen desperdicio. También estoy de acuerdo contigo. Ojalá abundaras más sobre el tema. A otro que hay que poner en su lugar es a Taibo II, pero ya con ésta me despido. Te felicito por este libro de ensayos con el cual me siento hermanado.
Mi querido Rogelio, tu nueva revista no desmerece ante La Regla Rota ni ante La Pus, aunque se le nota un tono menos informal, como que intenta a veces ser solemne, sin lograrlo del todo, por fortuna. En la sección de libros me gustó ?Morir en el plagio?, que es poner en su lugar al insuflado Aguilar Camín. En la de cine, la puntilla al glamoroso Zapata de Arau, ya otros antes le dieron duro, y ésta es una puntilla soberbia. Aunque ?Quién mató a Alfredo León? es aparentemente una nota roja más sobre el asesinato de un homosexual, la manera de presentarla y desarrollarla la saca del lugar común y la resalta magníficamente. El madrazo a Krauze asestado en ?Entre Calibán y el buen salvaje? demuestra que Replicante no le teme a los santones de la intelectualidad tepuja. Tu cuate Yépez hace un análisis crítico de las tesis noñas de Krauze que difícilmente podría rebatir si éste se animara a hacerlo, pero como usualmente procede, guardará silencio olímpico. Bueno es que se le arrime candela para que vaya viendo que no todo es halago y humildad ante su persona. De igual modo me gustó mucho el artículo de Norma Lazo sobre los replicantes de Blade Runner, no nada más por la concordancia con el título de la revista, sino porque es un artículo que merece la CF y en especial Philip K.Dick, señor de toda mi admiración.
Te agradezco que le hayas dado a Víctor del Real el material que te remití como colaboración para Replicante. De este modo no quedó tan explícita mi participación y se logró el fin esperado. A Del Real le mandé otros materiales sobre el asunto, no para que escriba, sino para que analice hasta donde llega la sevicia de la directora del FCE, pero no me ha contestado ni para acusar recibo. Difundí por correotrónico el artículo a unas 120 direcciones entre periodistas y escritores.
Prácticamente cierras con el folletón de Manuel Aceves. Le viene muy bien esta publicación pues ya tenía perdida la esperanza de que algún día apareciera. La pérdida de un hijo sumió a Aceves en la paranoia de la desesperación a tal punto que brevemente me confió un día por teléfono que nunca más escribiría. Supongo que tal decisión fue resultado de un estado de depresión profunda y que pasado el tiempo ha de rectificar.
En suma, la revista es muy buena, su diseño gráfico y presentación son de lujo, le deseo una larga vida. Pronto he de remitirte el artículo sobre ?La camada maldita?, de Ariceaga. Felicitaciones.
Tardé un poco más de tiempo en leer tus ensayos de El dilema de Bukowski porque requiere de reflexión cada apartado. Muchos fueron los textos que me gustaron. Al leer ?El fin del siglo americano? hallé una idea al término de la polémica que entablas con Pedro Meyer, cuando habla de la posibilidad de que algún el día el terrorismo musulmán se las ingenie para estallar una bomba nuclear en el corazón de Estados Unidos. ¿Por qué no escribir una novela de terrorismo y CF con tal tema? ¿Algo como Dr. Insólito? Quizá me anime a hacerlo.
Juntar a dos farsantes de gran envergadura como Carlos Castaneda y Antonio Velasco Piña en ?México en una laguna? es asestar un mandoble doble a quienes se dejan embaucar por tesis para retrasados mentales. A Velasco Piña lo han tundido otros, no así a Castaneda, que lo merece tanto o más. Ambos son detestables.
Estimo en lo que vale tu contribución para la difusión ecuménica de los abusos de Marcial Maciel. No hay que desaprovechar la oportunidad de zarandear a esta repugnante sabandija, protegido de Wojtila y por cuyo amparo quién sabe que pecados de la misma laya cargue sobre su polaca conciencia. ?A cada quien su sexo? es un ensayo que debe reproducirse más, y pondré en ello un granito de arena.
En ?El último orgasmo? encontré una reflexión sobre el sexo que me atañe, porque me cuento entre los ancianos que felizmente todavía disfrutan de orgasmos, aunque el último ya se vea venir.
?Tribulaciones y reflexiones de un lector por obligación? es uno de esos ensayos que aparecen muy esporádicamente y que normalmente atraen sobre el autor no pocos odios ni menos venganzas. Y es que no te quedas en la abstracción, te tiras a fondo citando a no pocas deidades de la República de las Letras, osadía reservada a unos cuantos que no temen a las represalias. Esta es otra de tus reflexiones que merecen darle la vuelta al mundo de las letras hispánicas. Contiene lo que muchos piensan reservadamente, lo que muchos quisieran publicar, pero no lo hacen por cobardía. Enhorabuena y enhoramala, porque las consecuencias son temibles. Lo sé por experiencia, pero jamás me arrepentiré, jamás daré marcha atrás. Dentro de ese mismo texto, en la página 158 te ocupas de mí y de otros escritores agrupándonos en aquellos que tienen algunas páginas brillantes en sus obras disparejas. En efecto, por lo que a mí respecta así es y así será. La tersa nitidez de autores como por ejemplo Fuentes, Pitol y S. Elizondo produce tan sólo páginas brillantes, tan brillantes que enceguecen al lector, pero no de admiración sino de aburrimiento. ¿Qué sería de la literatura francesa si todos los autores franceses escribieran como lo hizo Proust? En todas las literaturas hay lugar para todos los escritores. Cuando se comprenda eso se dejará de hablar de escritores ?buenos? y escritores ?malos?. No hay más que simplemente escritores. Unos gustan a muchos lectores, algunos lectores presumen de que gustan de pocos escritores. Cuestión de gustos. Claro, hay casos extremos como el del chocolatazo de la Esquivel, las truculencias de Velasco Piña y otros que no tienen perdón.
Mucho, muchísimo me gustó tu ensayo ?Del realismo mágico al pragmatismo político?. Yo fui uno de aquellos que creyeron en la revolución cubana a pie juntillas. Un primer viaje a principios de los ochenta fortaleció mi convicción y mi fe en ella. Pero ya a mediados de los años noventa un par de viajes me abrieron los ojos. Estoy de acuerdo en tu valoración del viejo dictador barbón. Es un dictador igual a todos los de su especie, afectado del mismo culto a la personalidad de todos ellos. ¡Y que chingue a su madre el pueblo!
Tus análisis sobre la Poniatowska y Monsiváis no tienen desperdicio. También estoy de acuerdo contigo. Ojalá abundaras más sobre el tema. A otro que hay que poner en su lugar es a Taibo II, pero ya con ésta me despido. Te felicito por este libro de ensayos con el cual me siento hermanado.
martes, noviembre 30, 2004
Nada, Replicante otra vez
Presentaremos Replicante el jueves 2 de diciembre en el Museo del Carmen, en la Avenida Revolución no. 4, San Angel, Ciudad de México, a las 7 y media de la noche con la presencia de José María Espinasa, Guillermo Fadanelli, Roberta Garza, Norma Lazo y un servidor. Gregory Dorée tocará al piano bellas melodías de Tom Waits y otros distinguidos compositores. Coctel cortesía de Carlos Córdova, generoso director del museo. No falten...
En la revista Milenio de esta semana -domingo 28 de noviembre a sábado 4 de diciembre- hay una entrevista que me hizo mi amigote Rafael Tonatiuh sobre las andanzas de una muchedumbre ávida de reventón en la segunda mitad de los ochenta: El Nueve y El LUCC fueron los lugares, además de otros como el Tuttifrutti, el 33 y las Tecatas.
Apenas entré a la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, el sábado pasado, y lo primero que vi fue a García Márquez del brazo de su mujer rodeado por una cadena humana guiándolo hacia la salida, como si fuera la comandanta Ramona en medio de una turba de fanáticos neozapatoides, protegiéndolo de algo que ni ellos sabían... Un espectáculo ridículo y mamón. Si no hubiera sido por ese desplante nadie se habría dado cuenta de la presencia del cada vez más engreído Nobel colombiano.
Y hubieran visto a Carlos Fuentes apadrinando orgulloso a su pléyade de herederos literarios, nombrados por él mismo: Jorge Volpi y los del llamado crack, Xavier Velasco y varios más, que aceptaban embelesados la unción del divino maestro... Joder!
En la revista Milenio de esta semana -domingo 28 de noviembre a sábado 4 de diciembre- hay una entrevista que me hizo mi amigote Rafael Tonatiuh sobre las andanzas de una muchedumbre ávida de reventón en la segunda mitad de los ochenta: El Nueve y El LUCC fueron los lugares, además de otros como el Tuttifrutti, el 33 y las Tecatas.
Apenas entré a la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, el sábado pasado, y lo primero que vi fue a García Márquez del brazo de su mujer rodeado por una cadena humana guiándolo hacia la salida, como si fuera la comandanta Ramona en medio de una turba de fanáticos neozapatoides, protegiéndolo de algo que ni ellos sabían... Un espectáculo ridículo y mamón. Si no hubiera sido por ese desplante nadie se habría dado cuenta de la presencia del cada vez más engreído Nobel colombiano.
Y hubieran visto a Carlos Fuentes apadrinando orgulloso a su pléyade de herederos literarios, nombrados por él mismo: Jorge Volpi y los del llamado crack, Xavier Velasco y varios más, que aceptaban embelesados la unción del divino maestro... Joder!